domingo, 18 de enero de 2015

Por la Concordia Cambó

'Per la concórdia'

Con la espléndida biografía de Jesús Pabón y la publicación de sus Memorias, la figura de Cambó ganó hace unos años renovada actualidad. ¿La conserva hoy? Por lo que a tal respecto valga, pienso que acaso no sea impertinente una breve reflexión acerca del texto en que la vida política de Cambó tuvo su canto de cisne, el librito Per la concòrdia, compuesto cuando todo hacía esperar que el general Primo de Rivera, después de su éxito en la bahía de Alhucemas, iba a dar paso a un Gobierno civil y a la normalidad constitucional.Fue Cambó el tercero de los grandes políticos fracasados, durante el reinado de Alfonso XIII, en la empresa de actualizar y democratizar la vida social y política de España. Maura la intentó desde la derecha, y fracasó. Canalejas fue asesinado cuando la intentaba desde la izquierda. Cambó, en fin, la propugnó desde el proyecto de una España en que el problema catalán y el problema vasco hubiesen sido acertadamente resueltos. No se actualizó y no se democratizó la vida de España, y así, carente de estructura institucional suficiente, el auge de nuestra cultura y nuestra economía, tan considerable en los tres primeros decenios del siglo, no pudo evitar el hundimiento de la Monarquía de Sagunto, y con él la definitiva quiebra de la brillante carrera política de Cambó. Qué contrapuestas emociones traería a su alma la noticia de la proclamación de la República, tal y como se celebró en las calles de Barcelona. Cuando Cambó preparaba para la imprenta Per la concòrdia, ¿era acaso imaginable que las masas catalanistas gritaran contra la Lliga y contra él ante su casa de la Vía Layetana?
Procede el texto de Per la concòrdia, como su autor nos dice, de la conferencia que en enero de 1923, pocos meses antes de iniciarse la Dictadura de Primo de Rivera, dio en la Asociación Catalanista de la Barceloneta. En la plenitud de su vida, Cambó advierte que Ias resistencias y prevencíones de Madrid y las inquietudes e impaciencias de Barcelona" hacen por el momento imposible "una solución española, de efusiva concordia, al problema de Cataluña", y decide retirarse de la política. Fuera cual fuese el alcance real de ese propósito, a cumplirlo iba a obligarle la política del Directorio militar, con su pronta decisión de aniquilar el catalanismo. Pero pasan los años, y como respuesta al anticatalanismo de la Dictadura, todo lo que en el catalanismo no era acción política -el cultivo de la lengua materna, el amor a las formas de vida y al paisaje de Cataluña, todo lo que la consigna Catalunya endiusllevaba en su seno- gana rápidamente intensidad y hondura. Por otra parte, día a día es más evidente que el prestigio popular de la Dictadura declina a ojos vistas. Previendo, pues, el fuerte renacimiento del nacionalismo catalán que esa torpe represión había de engendrar, Cambó piensa que muy pronto va a llegar una nueva y más favorable ocasión para el triunfo de su viejo proyecto y decide proclamarlo otra vez ante los castellanos y los catalanes que van a dar forma y contenido a la ya próxima situación de la vida española. Desde el catalanismo, la misma actitud y el mismo ánimo de Ortega, a los 10 años de su decisión de apartarse de la acción política; el Ortega que en 1926 escribía: "La coyuntura es inmejorable para intentar una gran restauración de España. ¿Por qué las generaciones del presente no han de reunirse en tomo al propósito de construir una España ejemplar, forjando una nación magnífica del pueblo decaído y chabacano que nos fue legado? ¡Jóvenes, vamos a ello!". No es puro azar que Cambó apoye en las reflexiones de España invertebrada una parte de su propuesta de reforma y conciliación.
Nos dicen los analistas del alma catalana que en sus manifestaciones colectivas ésta oscila entre el seny y la rauxa, y entre el pactisme y el tot o res. Pues bien: Cambó, catalán en cuya indudable genialidad personal y en cuyo no menos indudable cosmopolitismo tan profundamente alentaban el payés del Ampurdán y el burgués de Barcelona, supo como político inclinarse resueltamente hacia los dos primeros términos de esa doble oposición: hacia el seny, porque así lo exigía su firme atenimiento a la realidad; hacia el pactisme, porque, tras la batalla de Muret y el tratado de Corbeil, el destino histórico de los catalanoaragoneses no podía ser otro que su integración en la Península y su participación, rivalizando con Castilla, en el proceso medieval de su unificación política. Un seny y un pactisme, eso sí, que dejen a salvo la fuerza, la cultura y el espíritu de Cataluña.
La concordia que propone Cambó se mueve entre dos torpes extremos: el asimilismo de tantos españoles -el deseo de que España sea uniforme- y el separatismo de los catalanes -no muchos, en opinión de Cambó- que aspiran a la independencia política de su país. Entre la España asimilista y la Cataluña independentista, ¿qué cabe hacer? Dos cosas, piensa Cambó. Una previa: mostrar cómo la práctica del asimilismo sólo ha conducido y sólo conducirá a la progresiva intensificación del sentimiento catalanista y al deterioro de las posibilidades históricas de España, y cómo el independentismo es históricamente imposible y sería ruinoso para Cataluña. Otra consecutiva: idear un proyecto de concordia entre la España castellanizada y la España catalana, y convencer a castellanos y catalanes de la viabilidad y la conveniencia de ese pacto, único expediente para dar a España la Constitución que su pueblo viene pidiendo desde la extinción del Antiguo Régimen.
No es fácil lograr esa salvadora solución, y Cambó lo sabe. Muchos son los escollos que hay que allanar y los recelos que es preciso deshacer. Así lo viene viendo y palpando desde el atentado que sufrió en 1907. ¿Cómo avanzar, pues, hacia la meta deseada? Desde luego, mediante la acción política. Mas, para que ésta sea resueltamente eficaz, dos son los principales recursos en que Cambó confía: la acción concorde de los intelectuales castellanos y catalanes, en tanto que titulares de la denuncia de lo injusto y de la imaginación de lo verdadero, y la autoridad de una Monarquía que quiera serlo de todos los españoles.
"Un rey que pusiera la fuerza de su prestigio tradicional enfrente del espíritu asimilista castellano -escribe Cambó-, haría incluso fácil la solución del problema de Cataluña... Por este convencimiento creí que una Monarquía podría ser más eficaz que una República para la resolución armónica del pleito de Cataluña". Pero, añade, "tengo que confesar que mi intento de asociar la Monarquía a la gran obra de la solución armónica del problema catalán no fue precisamente acompañado por la fortuna". Añorando las perspectivas abiertas por la primera visita de Alfonso XIII a Barcelona, ha escrito poco antes: "Fijémonos solamente en las resistencias que habrían desaparecido... de haber
tenido cumplimiento la promesa real hecha en 1904, de que el monarca al volver a Cataluña hablaría en catalán".Setenta años han pasado desde que Cambó daba forma definitiva al texto de Per la concòrdia. En el actual nivel de la historia de España, ¿qué pensar de ese proyecto de vida española?
Poco tiempo después de la publicación de ese texto, advenía nuestra segunda República. El nuevo catalanismo, hondamente republicano, no perdonó a Cambó su leal servicio de catalán a la Monarquía de Alfonso XIII, y de ahí aquel ¡Mori Cambó! que el 14 de abril resonó en la Vía Layetana. Luego, el primer Estatuto y la desdichada aventura del 6 de octubre. A continuación, el sangriento tajo que la guerra civil infligió al catalanismo, y con él,otra vez, la callada vigencia del Catalunya endins y la renovada eclosión política de aquél, tras la muerte del general Franco. Acto seguido, la llegada a Barcelona, no por Prats de Molló, sino por la Zarzuela, del President de la Generalitat en el exilio, y la promulgación de una nueva Constitución y un nuevo Estatuto.
Volvamos ahora a nuestro punto de partida. "Las bases esenciales de la concordia -escribe Cambó, resumiendo su pensamiento- son dos: la consagración de la unidad de Cataluña mediante la creación de organismos centrales que engloben directamente todo el territorio catalán y el reconocimiento de que la lengua catalana es la lengua propia de los catalanes". Afirmación que el seny y el pactisme de su autor matizaba así: "Y en cuanto a la determinación de las facultades que se han de atribuir a los poderes catalanes, puede y debe ofrecer Cataluña margen amplísimo a la transacción". Repetiré mi pregunta: en este nivel de nuestra historia, ¿qué debemos pensar acerca de lo que Cambó nos propuso?
Debo decir ante todo que, salvadas posibles y resolubles discrepancias respecto de esa determinación de facultades, y pensando que en su seno llevaba implícito el reconocimiento de los irrenunciables derechos de la lengua castellana, tal propuesta me parece más que plausible. Creo, en consecuencia, que su aceptación -y, con ella, la reforma de nuestra vida colectiva que en 1914 formuló Ortega- habría iniciado una nueva y fecunda etapa en nuestra historia. Por desgracia, ni la propuesta de Cambó ni la de Ortega fueron aceptadas, y la ulterior historia de España fue la que de. hecho ha sido.
¿Son aceptadas hoy? En el orden de los deseos, sin duda. En el orden de los hechos, todavía no. Es forzoso reconocer que el buen funcionamiento del llamado "Estado de las Autonomías" -al que también pertenece la Administración central- no está tan cerca como muchos quisiéramos. Algo es preciso decir, sin embargo, si no queremos apartarnos de los planteamientos de Cambó. Éste exigía la acción de los intelectuales y el comportamiento del monarca; y es lo cierto que, salvo excepciones, en la línea de Per la concòrdia se mueven hoy no pocos intelectuales castellanos y catalanes, y que en catalán quiso hablar el monarca actual en el primero de sus viajes oficiales a Cataluña.
"La ascensión de un pueblo -nos dice Cambó- sólo de un gran ideal colectivo puede provenirle". Y pensando en el suyo, agrega: "¿Acaso sueña alguien con que este ideal sea la política asimilista, fracasada después de cuatro siglos de actuación? ¿Es que alguien quiere que España puede invertir otra centuria en luchas interiores? Yo no puedo admitir que, en España, la inconsciencia pueda ser general y pueda ser eterna". Si fuese así, añado yo, acaso no termine el siglo XXI sin que algún historiador escriba, como quien escribe un epitafio: Híspanía fuit.

lunes, 5 de enero de 2015

La Caida del Nacionalismo catalan La caida de los dioses

Un bel morir tutta una vita onora. Y viceversa. La muerte política de Jordi Pujol, que es de lo que se trata, ilumina toda su biografía personal y pública con una nueva luz, desnuda y cruel. La primera consecuencia de las revelaciones realizadas por el propio Pujol conciernen a su figura política y a la imagen con que quedará inscrito en la historia. Quien aparecía hasta el jueves pasado como el mejor presidente de la Generalitat recuperada, la de la actual democracia constitucional e incluso la de la II República, y por encima también en duración y envergadura del balance presidente del brillante y fructífero antecedente fundacional que fue la Mancomunidad, Enric Prat de la Riba, es ahora un icono roto y embarrado por los más lacerantes defectos que se le puede atribuir a un político: la corrupción y la mentira, algo que jamás había afectado a ninguno de sus antecesores.
2.— El icono que nace con esta revelación es catastrófico y de terribles efectos sobre su familia y su entorno. La caída del mito invierte el sentido de todos los valores y conceptos que habían cuajado alrededor de su proyecto personal y político. La biografía de Pujol, desde su juventud más temprana, es la de alguien dedicado obsesivamente al catalanismo, con una persistente e indeclinable ambición de poder al servicio de Cataluña, primero económica y cultural, después directamente política, que encuentra el apoyo y la ayuda de su familia, sus padres primero, su esposa después, los hijos en la etapa ya presidencial, además del entorno de hermanos, cuñados y amigos. Nadie del clan familiar podrá ni siquiera intentar un regreso a la política. Su presencia, antaño tan requerida, se ha convertido en tóxica, especialmente para el independentismo. El mayor activo del nacionalismo se ha convertido en lastre. A la luz de las revelaciones, la acción y la historia de la piña familiar nacionalista alrededor del president fácilmente se adapta al relato vulgar y penoso de cualquier grupo humano, llámesele clan o mafia, conjurado en obtener el poder para enriquecerse y defender luego la riqueza ilegalmente obtenida, al igual que ha hecho Silvio Berlusconi en Italia durante dos décadas.
La confesión puede desanimar al independentismo más moderado y reciente
3.— Difícil si no imposible es encapsular el asunto en la privacidad familiar de los Pujol, como ha pretendido Artur Mas. En toda esta historia hay un estilo inconfundible, que se reconoce en todo, incluido el partido, el Gobierno catalán y el conjunto de los líderes nacionalistas. Convergència es un partido fundado y amoldado por el liderazgo de Pujol; su actual líder, Artur Mas, un sucesor nombrado por su familia a la espera de que Oriol Pujol estuviera preparado; y el conjunto de sus dirigentes y cuadros políticos, unas gentes formadas en el ejemplo, el ideario e incluso los gestos y la oratoria del patriarca fundador. La caída del padre de la patria, todavía presidente de honor a título vitalicio, significa dejar a CDC sin referentes y sin historia. Será realmente muy dificultoso refundarlo en un momento de crisis y de declive electoral y cuando el Gobierno de Artur Mas se ha echado en brazos de Esquerra Republicana en cuanto a programa e incluso ideología. Más fácil es, en cambio, que la emancipación y ruptura total con los Pujol signifique diluirse en Esquerra o en una nueva formación sin matriz pujolista alguna.
4.— Artur Mas, como presidente y como político, tendrá difícil inmunizarse ante la infección revelada por Jordi Pujol. Su entera historia profesional y política, incluida su experiencia en la empresa privada antes de entrar en la política, se identifica con el clan de los Pujol, a pesar de los esfuerzos ostensibles por tomar distancias en momentos especialmente delicados. El actual presidente también ha conocido una historia de evasión de capitales y regularización fiscal de su padre, ya fallecido, en la que documentos de la policía de delitos económicos pretendían implicarle personalmente, al igual que les sucedió a los hijos de Pujol. Muchos deducirán que si los documentos referidos a estos últimos se han revelado veraces, también podrían serlo los que se refieren a Artur Mas. En todo caso, quedan debilitadas las teorías sobre una conspiración antinacionalista pilotada desde el Ministerio del Interior que pretendería erosionar sin base alguna al presidente ante el proceso soberanista. Puede que haya habido conspiración, pero no hay dudas de que también había una base en la que asentarse. En cualquier caso, las revelaciones afectan al menos a la solidez del liderazgo del proceso, sometido ahora a nuevas presiones y con la imagen disminuida por la contaminación inevitable que desprende la corrupción localizada en la familia del expresidente.
5.— Muchos son los que piensan dentro del independentismo que lo que desprestigia a Mas no tiene por qué desprestigiar al proceso soberanista. El soberanismo ya ha convertido el optimismo sistemático en un auténtico síndrome. Cuanto más débil sea el presidente más fuerte será el proceso, según dice una teoría que atiende a la sentencia de que no hay mal que por bien no venga, y que ya fue de aplicación a los malos resultados de CiU en las elecciones catalanas de noviembre de 2012. En las bases más radicalizadas, que imaginan el proceso como una ruptura con una transición fraudulenta y con una casta corrupta, la caída de Pujol es el agua de mayo que regará el proceso independentista, reafirmará al soberanismo en sus propósitos y argumentará en favor de la bondad intrínseca de un Estado independiente que refunde la democracia en Cataluña. No es nada seguro, sin embargo, que este mensaje amplíe las bases del soberanismo y lo refuerce entre el electorado más burgués y moderado. Al contrario, la identificación del pujolismo con la corrupción puede inhibir y disgustar a amplios sectores sociales que se habían visto arrastrados suavemente desde el autonomismo al independentismo, gracias entre otras cosas al viraje ideológico de Pujol, de su familia y del entero partido detrás de él. Basta con imaginar el efecto de eslóganes como España nos roba tras las revelaciones de la pasada semana.
La caída de la casa Pujol marca un antes y un después que no permite reacciones tacticistas
6.— Las consecuencias para la idea nacionalista de Cataluña y para el catalanismo son de identificación más lenta y compleja. En lo inmediato son profundamente negativas, sin duda. Para el catalanismo, jibarizado en su último avatar gracias a la apuesta independentista y convertido en una ideología menos transversal y menos plural, la mancha de la corrupción pujolista es una derrota moral y el presagio de una derrota política, aunque contiene un estímulo para la regeneración y el regreso al consenso de la catalanidad y al patriotismo cívico y pactista. Para la idea y la imagen de Cataluña, es un golpe que requerirá tiempo y esfuerzo para reponerse: Pujol se quejaba de la mala imagen que había proporcionado el tripartito, pero es evidente que al lado del pujolismo, aquellos Gobiernos efímeros y desprestigiados brillan como la imagen misma de la decencia política.
7.— Las revelaciones tampoco son buenas para España, de la que a fin de cuentas Cataluña es una parte, en muchos momentos la más visible y vanguardista. Pujol es uno de los personajes más conocidos y reconocidos mundialmente ya no como político catalán sino como uno de los dirigentes españoles que trajo la democracia. Su caída desprestigia a España tanto como a Cataluña y las desprestigia, principalmente, para quienes solo saben y pueden pensarlas juntas. En lo inmediato, la tentación del Gobierno será aprovechar la debilidad de Artur Mas para estrechar el dogal en el cuello del soberanismo, tal como ya piden a gritos algunos. Pero la caída de la casa Pujol marca un antes y un después que no permite lecturas tacticistas ni de circunstancias por parte de nadie. Todos los partidos y todas las instituciones, incluida la Monarquía, han pasado o se hallan en circunstancias muy parecidas. Más sabio sería aprovechar la caída como revulsivo para regenerar la vida política española y encontrar la salida de la crisis entre Cataluña y España. Esto sería la más rápida y eficaz forma para que regresara el perdido prestigio conseguido en la ahora denostada Transición. La última y más irónica consecuencia sería que tras el escándalo diéramos con la llave de la tercera vía, el camino del consenso y del acuerdo que ahora repudian tanto Artur Mas como Mariano Rajoy.

jueves, 1 de enero de 2015

Podemos se vuelca en Cataluña porque arrasa en Barcelona, Sabadell, Tarrasa y Cornellá


Es primera fuerza en intención de voto en ciudades claves. Se ha hecho con el electorado socialista del “cinturón rojo” y con las bases anarquistas de Esquerra
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Podemos se ha hecho muy fuerte en Cataluña y Pablo Iglesias lo sabe. Por eso viajó el fin de semana pasado a Barcelona y proclamó que van a “ganar las elecciones y echar a la casta”. El crecimiento ha sido espectacular desde las europeas: se ha hecho con gran parte del electorado del PSC y ERC.
Pablo Iglesias en el mitin de Barcelona. Pablo Iglesias en el mitin de Barcelona.
Según explican a El Confidencial Digitalfuentes cercanas a la dirección de Podemos, el nuevo partido ha decidido centrar en Cataluña gran parte de sus esfuerzos de campaña por la última encuesta electoral del Centro de Estudios de Opinión de Cataluña -el CIS catalán-, hecha pública hace tan solo unos días.
En ese sondeo, CiU y ERC se sitúan justo por delante de Podemos en estimación de voto, pero en intención directa de voto el partido de Pablo Iglesias adelanta a las dos formaciones catalanas de forma contundente. Sobre todo, admiten desde la formación, en la provincia de Barcelona, que se ha convertido en “un feudo nuestro”.
Con esos estudios, y con los datos de que dispone Podemos, las fuentes del partido consultadas por ECD se muestran contundentes: en las municipales, “arrasamos en Barcelona capital, y en grandes localidades como Sabadell, Tarrasa y Cornellá”.

Se presentarán donde ganen

En todos esos municipios habrá candidatos de Podemos a la alcaldía. Tal y como se avanzó en estas páginas, la idea básica del partido es presentarse allí donde tenga opciones de ganar. De momento, Madrid y Barcelona son sus dos grandes objetivos.
En Cataluña, Pablo Iglesias ya se ha reunido con Ada Colau, la impulsora de las candidaturas de Guanyem para formar listas de “unidad popular” en las que se incluyan candidatos de formaciones como Podemos o Iniciativa per Catalunya.
La fórmula de esas coaliciones no está cerrada, ni se sabe aún quién liderará esas listas de unidad en cada municipio. No obstante, la idea de Podemos es que sus representantes sean los candidatos a alcaldías en esas grandes localidades, aunque no irán con las siglas del partido.

PSC y ERC, los grandes perjudicados

El crecimiento espectacular experimentado por Podemos en Cataluña deja dos víctimas entre los partidos de la izquierda: el PSC y ERC.
-- Los socialistas catalanes siempre han dominado el llamado “cinturón rojo” de Barcelona, que incluye a la Ciudad Condal y a otros grandes municipios como Hospitalet y los ya mencionados  Sabadell, Tarrasa y Cornellá. Ahora, ese electorado se ha pasado a Podemos, por lo que el PSC perderá en esa zona “entre el 20 y el 30 por ciento de nuestros votantes”, según admiten fuentes de dicho partido.
Una circunstancia que, además, se produce cuando desde el PSC acusan a Pablo Iglesias de copiar su discurso en Cataluña, sobre todo en lo referido al referéndum independentista, a las comparaciones entre Mas y Rajoy, y a la corrupción.
-- Esquerra Unida, por su parte, también ha notado cómo sus bases, “cercanas al anarquismo” según dirigentes de otros partidos catalanes, han virado hacia Podemos: “Son gente joven que apoyaba a ERC pero que no siempre votaba. Ahora, ante cualquier encuesta electoral, aseguran que su papeleta irá a Podemos”.