viernes, 31 de julio de 2015

John H. Elliott analiza el progresivo deterioro de las relaciones entre el Principado de Cataluña y el gobierno de la monarquía en Madrid a lo largo de la primera mitad del siglo XVII.

John H. Elliott analiza el progresivo deterioro de las relaciones entre el Principado de Cataluña y el gobierno de la monarquía en Madrid a lo largo de la primera mitad del siglo XVII. De la feroz represión del bandolerismo catalán a la presión que suponían las nuevas políticas centralizadoras de Olivares, la tensión crecie nte acabó desembocando en una rebelión que, en última instancia, desempeñó un papel crucial en el declive español.La rebelión catalana de 1640 fue un acontecimiento capital en la Europa del siglo XVII. Sus antecedentes y sus causas –uno de los ejes de este magistral y clásico estudio– iluminan extraordinariamente la cuestión, largamente debatida, de la decadencia de España. John H. Elliott perfila con trazo firme el progresivo deterioro de las relaciones entre el Principado de Cataluña y el gobierno de la monarquía en Madrid a lo largo de la primera mitad del siglo XVII. De la feroz represión del bandolerismo catalán a la presión que suponían las nuevas políticas centralizadoras de Olivares, la tensión creciente acabó desembocando en una rebelión que, en última instancia, desempeñó un papel crucial en el declive español. Investigación ejemplar y obra fundamental, La rebelión de los catalanes no solo es una lectura esencial para comprender las razones del declive español sino que constituye, igualmente, un caso paradigmático de la lucha perenne entre las libertades regionales y las necesidades de los gobiernos centrales.La presente edición ha sido revisada en su totalidad e incluye, además, un nuevo prólogo del autor y un estudio de los profesores Pablo Fernández Albaladejo y Julio Pardos Martínez sobre la obra e influencia de J. H. Elliott.

Henry Kamen es uno de los más conocidos hispanistas británicos, autor de innumerables libros sobre la historia de España, varios de los cuales han sido grandes éxitos de ventas

Henry Kamen
Henry Kamen es uno de los más conocidos hispanistas británicos, autor de innumerables libros sobre la historia de España, varios de los cuales han sido grandes éxitos de ventas. En su producción historiográfica destaca su capacidad de gran divulgador, historiador atento a las efemérides -especialmente centenarios- o las cuestiones de cada momento. Así surgieronFelipe de EspañaFelipe V: el rey que reinó dos veces, o El gran duque de Alba. Otros libros suyos han estudiado temas atractivos, en una legítima búsqueda del público lector patente en los propios títulos: El enigma del Escorial. El sueño de un rey o El rey loco y otros misterios de la España imperial, entre otros. Referir toda su producción agotaría el espacio de esta reseña, aunque sí conviene señalar su tendencia a adoptar posturas novedosas, tales como su consideración de las debilidades del imperio hispano y la escasa penetración en América de la lengua y la cultura españolas -el tema del imperio lo ha tratado en diversos libros- o su visión “políticamente correcta” de Felipe II. Sus trabajos más propiamente de investigación se han centrado en la Inquisición, la España de Carlos II, la guerra de Sucesión o las relaciones Cataluña-España en la Edad Moderna, temas todos ellos en los que es un indudable especialista.

Desde hace bastantes años, Kamen ha trabajado y vivido en Barcelona, lo que aumenta su autoridad para opinar sobre “la cuestión catalana”, a la que ha dedicado numerosos artículos en el diario El Mundo, a varios de los cuales se refiere en el libro. Además de ser un observador cualificado, lo hace desde la lejanía propia de un extranjero, ajeno por tanto a priori a los sentimientos que pueden empañar el juicio tanto de los catalanes como del resto de los españoles. Su estudio no pretende ser una investigación ni va dirigido a especialistas, sino un ensayo sin apenas referencias bibliográficas, pensado para ese gran público al que sabe llegar con facilidad. Ello aumenta el riesgo propio de los divulgadores, especialmente los más prolíficos: generalizaciones arriesgadas, verdades a medias, e incluso afirmaciones incorrectas, entre las que citaré la de que “las tres provincias vascas reconocían la soberanía de los reyes de Castilla, pero en realidad eran independientes...”. La dificultad de divulgar cuestiones complejas, junto a la propensión a una cierta originalidad, explican tales inexactitudes.

El libro puede dividirse en tres partes diferentes. La primera aborda las relaciones Cataluña-Castilla/España en los primeros siglos de la Edad Moderna. La segunda se centra en los años de la guerra de Sucesión, y especialmente el entorno de 1714. La tercera está dedicada a la Cataluña de los siglos posteriores, hasta la actualidad, con un análisis de las diversas cuestiones vinculadas al desafío independentista. Sin duda alguna la mejor es la segunda, en la que con gran conocimiento de causa critica las “mentiras” creadas intencionadamente por el nacionalismo, la increíble manipulación histórica que denuncia también en las otras dos partes, con numerosos ejemplos concretos de políticos, instituciones, historiadores, libros, páginas Web, folletos de propaganda turística... La conclusión son unas reflexiones sobre la inviabilidad del proceso, pero lo más importante no es su documentada postura al respecto, sino algo que debería hacer reflexionar a los historiadores nacionalistas: el hecho de que ni Kamen ni ningún historiador extranjero conocedor de la historia de Cataluña avale las manipulaciones que realizan. Claro que la distorsión de la historia tiene una finalidad muy clara: la “causa nacional”, pues como el autor señala al final con pesimismo: “el futuro de un país nunca está en manos de aquellos que están bien informados. Casi siempre es la mayoría desinformada la que toma decisiones, a menudo en nombre de la democracia, y aquellos a los que la mayoría vota para que ostenten el poder son las personas finalmente responsables”.
 

Santiago Muñoz Machado ha escrito una obra de importancia excepcional

CATALUÑA Y LAS DEMÁS ESPAÑAS

Luis María Anson ha publicado en El Cultural un artículo titulado Cataluña y las demás Españas que ha tenido amplio eco en las redes sociales. Lo reproducimos a continuación.

“Muerto sin sucesión Carlos II, se disputaron el trono de España, en una larga guerra de Sucesión, Felipe de Borbón y Carlos de Habsburgo. Cataluña peleó por el archiduque austriaco que, finalmente, resultó derrotado. En ningún momento se planteó la independencia catalana sino, muy al contrario, en ambos bandos se combatió por España y su Rey verdadero. En un libro desapasionado y riguroso,España y Cataluña, el historiador británico Henry Kamen deja todo esto muy claro, desmitificando las manipulaciones tendencio-sas de algunos intelectuales catalanes que escriben desde la ebullición pasional.

Tras leer al hispanista británico me he sumergido en Cataluña y las demás Españas de Santiago Muñoz Machado. Estamos ante uno de los libros más importantes que se han publicado en nuestra nación en los últimos años. Desde el rigor jurídico, la precisión histórica, la objetividad conceptual, la claridad ideológica, Muñoz Machado disecciona el problema catalán de forma incontestable.

Se lamenta el gran jurista de la ambigüedad que preside la sentencia de la Corte Internacional de Justicia sobre Kosovo. Subraya el derecho del Estado a su unidad, a su integridad territorial. No existen dudas ni fisuras. El derecho internacional se muestra inequívoco frente a derechos singulares de territorios aspirantes a la independencia. Recuerda el autor la sentencia del Tribunal Supremo de Alaska que prohibió un referéndum de independencia al considerar la iniciativa anticonstitucional. La integridad territorial, por cierto, se consagra también en la última Constitución francesa de 1958, artículo 89: “No es admisible ninguna reforma de la Constitución que afecte al territorio del Estado”.

Añora Muñoz Machado el pactismo para que desde la negociación se pueda evitar la violencia. Denuncia la torpeza de Adolfo Suárez, Fernando Abril y los constituyentes por su ligereza al no establecer las cautelas necesarias al trazar el Estado de las Autonomías. No comparte el pacto federal que algunos proponen porque eso “implicaría cambiar la residencia de la soberanía para situarla en las entidades infraestatales (la mayor parte de ellas artificialmente construidas a partir de 1978) y nos llevaría a un confederalismo de nuevo cuño y de futuro ahora inexplorable”.

Lo razonable para Muñoz Machado es una reforma constitucional que ampare una nueva fórmula de articulación de Cataluña en el Estado. Hay que evitar que la reforma se convierta en “una alocada carrera hacia adelante en la dirección misma del abismo”. Aunque advierto cierta ambigüedad en el procedimiento y los tiempos, Muñoz Machado no descarta que la aprobación final para el encaje de la nueva articulación de Cataluña en la Constitución se vote simultáneamente por todos los españoles, catalanes incluidos, claro, que ejercerían así su derecho a decidir.

“Creo -afirma el gran jurista- que la solución óptima sería la tramitación simultánea, y naturalmente fraccionada, de la norma que ponga al día el autogobierno de Cataluña y su integración en el Estado, y la reforma constitucional, si fuera precisa, que dé cabida a ese proyecto”. Si el Estatuto de 2006, desautorizado en parte por el TC, se hubiera acompañado por una propuesta de reforma constitucional, tal vez hoy la situación discurriría por las vías adecuadas para evitar la colisión de trenes.

En mi opinión, los dirigentes políticos a izquierda y a derecha tienen la obligación de leer este libro y reflexionar sobre lo que en él se afirma y se propone. y, en muchos aspectos, definitiva. Me temo que algunos dirigentes políticos desdeñarán el esfuerzo clarificador del jurista español y permanecerán en la ambigüedad, la suficiencia y la pertinaz estupidez. La mediocridad de nuestra clase política está incluso por encima de su corrupción y provoca vergüenza ajena”.

domingo, 26 de julio de 2015

La prótesis caducada del catalanismo en España Federico Jiménez Losantos

La prótesis caducada del catalanismo en España

Desde hace años, miles de catalanes llevan prótesis caducadas, cuya fecha de deterioro irreversible fue manipulada para venderla y colocarla en 30 hospitales de la Generalidad. Desde hace un siglo, España alberga en su interior el nacionalismo catalán como una prótesis supuestamente benigna que ayuda a mantener el equilibrio del Estado. Pero igual que las prótesis adulteradas por la administración pujolista Convergencia Democrática de Cataluña, antes de la confesión del Muy Poco HonorablePujol que la llevó a la fosa hace tiempo que los dolores provocados por la prótesis catalanista deberían haber alertado sobre el riesgo que para la salud pública revisten ese catalanismo llamado integrador y ese nacionalismo llamado moderado, que no son ni una cosa ni la otra. Ambas son prótesis retóricas caducadas que fatalmente provocarán invalidez o septicemia en el cuerpo intervenido por unos galenos que han convertido la estafa en el negocio del siglo. Para ser precisos, los 101 años pasados desde la creación de la Mancomunidad Catalana como órgano teóricamente administrativo que era en realidad el embrión del Estado Catalán instalado como prótesis en el Estado Español.

De Prat de la Riba a Cambó y Pujol

Nada ha cambiado desde Prat de la Riba –primer presidente de la Mancomunidad o Francesc Cambó, alevín de Prat en el Centre Escolar Catalá, que desembocó en la Lliga Regionalista Catalana, el partido de la derecha catalanista que pastoreó Cambó hasta la guerra civil, en la que se convirtió en devoto propagandista de Franco. De Prat a Cambó y a Pujol hay una constante inalterable: deslealtad de fondo y suavidad en la forma, un estilo untuosamente clerical que sustituyó al feroz carlismo trabucaire con el que la Cataluña conservadora combatió durante todo el siglo XIX al liberalismo español. La Renaixença, madre de la Lliga, siempre consideró intolerable la Constitución de Cádiz y toda forma de soberanía nacional que supusiera merma de privilegios y tradiciones, por lo común redundantes. El invento genial del catalanismo tras la crisis del 98 fue convertir la defensa de esos privilegios en ideario político, en hacer de la desafección industria y del proteccionismo a los intereses catalanes una alcabala para la paz civil.
Como fruto de unas clases dirigentes cuyos intereses particulares no admitían fácilmente una defensa general, el discurso nacionalista siempre ha consistido en una apelación sentimental a los de casa para defender de los de fuera algo espiritual, sagrado, innegociable, pero que de inmediato se negociaba con ese poder lejano y opresor –Madrit, siempre tan a mano. La paz civil catalana, el bálsamo de esos delicados sentimientos heridos sin saberlo pero secularmente por toscos castellanos y vagos andaluces podían ser objeto de una cura inmediata y paradójica gracias a unos cirujanos de papel moneda –los catalanistas que curaban los agravios con aranceles. Lo malo es que el milagro catalanista duraba poco. En realidad, nada, porque aún no se habían secado en la Gaceta o el BOE los decretos que favorecían a ciertos intereses catalanes y ya estaban reproduciéndose las espirituales e incurables llagas que aliviaban por un rato el doctor Prat, o Cambó, o Pujol.
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Desvergüenza en Barcelona y en Madrid

El inmoral recurso a la queja de los ricos catalanes contra los pobres "castellanos" –así llamaban y llaman al resto de los españoles encontró acomodo no menos inmoral en el Gobierno español, del que, por supuesto, en la Corona de Aragón o de España, siempre han formado parte catalanes. En Madrid, sean progresistas o conservadores, liberales o proteccionistas los que ocupen el Poder, tienen un principio universal, porque es común a todos, y particular, porque siempre se aplica a Barcelona: negociar un pacto de insatisfactoria satisfacción, con el que nunca se consideran satisfechos los catalanistas pero al que se han ido acostumbrando todos los Gobiernos. En rigor, pagar el chantaje catalanista es casi un hábito presupuestario.
El genio de Pujol ha consistido en aprovechar el poder mediático de la Izquierda, y en particular de los retro-antifranquistas Polanco y Cebrián, que a diferencia de la enemistad histórica entre socialistas y nacionalistas, han hecho suya la leyenda negra del franquismo en Cataluña que inventó el nacionalismo de los años 70, el de CDC y el PSUC, Vázquez Montalbán y Pujol, el pujolismo-leninismo. Así se ha reescrito la historia de Cataluña al modo soviético, como si Cambó y la flor del catalanismo nunca hubiera ido a Burgos a implorar a Franco la salvación de vidas y negocios. Como si la Transición la hubieran hecho catalanes y vascos, antifranquistas todos, con algún intelectual progre travestido de Conde Don Julián. O como si el 23F los separatistas catalanes no hubieran dormido todos en Perpiñán y Juan Carlos no hubiera llamado a Pujol para decirle: "Tranquil, Jordi, tranquil".
Viendo esta semana el enésimo espectáculo de agravio a la nación española, en la figura del Rey –haciendo lo que Rajoy no quiere hacer y él no debería y en la retirada del busto de Juan Carlos I en el Ayuntamiento de Barcelona, era inevitable recordar –yo lo he hecho en La ciudad que fue aquella Cataluña del tardofranquismo y la transición a la democracia, traída por consenso de franquistas y comunistas, pero que tuvo en Tarradellas, no en Pujol, el símbolo de reconciliación cívica, de la concordia de verdad, no la de la propaganda de Cambó. De aquella Cataluña nada queda. Y de aquella ilusión plenamente española que allí se sentía, menos. Hoy, los herederos intelectuales del pujolismo-leninismo son Mas, Xavi y Piqué.

Todos han querido creer a Pujol

El nacionalismo de Jordi Pujol, heredero natural y discípulo aventajadísimo de Prat y de Cambó, ha destruido aquella Cataluña y ha corrompido fatalmente España. Pero no lo ha hecho solo o por un talento especial para el engaño, sino por la voluntad de engañarse de todas las instituciones, empezando por la Corona, siguiendo por todos los gobiernos de Madrid, continuando por casi todos los partidos políticos españoles y terminando por la aplastante mayoría de medios de comunicación. Todos ellos han presentado la prótesis catalanista, la incrustación de CiU en los órganos de poder del Estado, empezando por el CGPJ y el Constitucional como un mal necesario, casi providencial para conseguir tres cosas: evitar la existencia de una ETA catalana, mostrar a los etarras que pueden lograr sus objetivos sin matar y, por supuesto, pactar los presupuestos en Madrid.
Ha dado igual que el PP o el PSOE tuvieran mayoría absoluta: Pujol ha sido interlocutor privilegiado de la Zarzuela y de la Moncloa, mediador de todos los enjuagues empresariales en Cataluña, árbitro de concesiones, fusiones, indultos y prevaricaciones. Un modelo de corrupción tolerable y tolerado, inimitable pero imitado. Salvo Juan Carlos I, todos los Presidentes del Gobierno han sido inquilinos temporales de la Moncloa; Pujol, dueño absoluto de la Generalidad de Cataluña, hasta sin ocuparla. No hay un solo dilema ético en la vida política de los últimos 35 años, desde que en 1980 Pujol llegó al Poder, en el que el nacionalismo catalán haya sido un factor ético, de lucha contra la corrupción o el deterioro de la democracia. De hecho, ha sido la garantía de su ruina. La prótesis catalanista sólo nos ha acostumbrado a cojear. Ahora, caducada en su función e infectada en sus prestaciones, sólo nos permite dos alternativas:o la extirpamos o nos mata.