sábado, 27 de diciembre de 2014

El clan Pujol ha dejado en evidencia a todas las instituciones Xavier Horcajo

El clan Pujol ha dejado en evidencia a todas las instituciones

Xavier Horcajo
Están desprestigiados. Nadie explica sus fortunas. Los ciudadanos anhelan que los crujan por evasores, pero policías, fiscales, jueces e inspectores de Hacienda dan lo peor de lo que son capaces en la pelea legal que la sociedad española tiene con el clan Pujol.
Sobresalen las ineficiencias de la Agencia Tributaria, de la UDEF, del propio ministro del Interior,Jorge Fernández Díaz, de los rutilantes jueces de la Audiencia Nacional… y ni un solo “testigo de cargo”. No tenemos a nadie que afirme haber pagado a los Pujol para conseguir algo. Todo apunta a que a nuestras instituciones les viene grande eso de acabar con el clan de los Pujol, el que mantuvo a Cataluña en un puño durante 40 años.
El 25 de julio Jordi Pujol i Soley, expresidente de la Generalitat reconoce ser un evasor fiscal con tres décadas de antigüedad. Todos nos reímos o nos indignamos  mucho. Pujol sacaba los trapos sucios al sol forzado por la publicación de los números de cuenta y saldos de su esposa y de  cinco de sus hijos. Siete integrantes de la familia ingresaban a Hacienda 1,7 millones de euros, que habían ocultado en sus declaraciones anteriores que les salían a devolver.
Una semana después algunos medios como El MundoABC El Confidencial coincidían en hablar de “como mínimo 500 millones y de manera indirecta, entre 1.500 y 1.800 millones”, una coincidencia asombrosa. [Llevo 30 años denunciando las andanzas del clan Pujol y nunca había llegado a tan precisas conclusiones].
El soplo era “inducido”, sólo duró el mes de agosto. En septiembre tomó carta de naturaleza una “Nota INFORMATIVA” apócrifa que se atribuye “por gestiones realizadas en varias entidades en Andorra” los datos bancarios de la familia Pujol en el Principado. Concretamente de 11 transferencias desde sus cuentas de la Banca Privada de Andorra (BPA).
Aún más, “parte de esas informaciones”, dice la “NOTA INFORMATIVA. Asunto Dinero Offshore Familia Pujol. Fiabilidad: Muy Alta, datos recogidos de fuentes fiables y solventes Fecha 1.7.14” que hay información suministrada por “los propios responsables del BPA que ante el temor de poder perder la licencia para ejercer en España, como banca privada a través de la marca Banca Madrid, han optado por aceptar prestar colaboración con las autoridades judiciales y/o fiscales españolas”. El 1 de julio de 2014 ningún autoridad judicial o fiscal española había solicitado “prestar colaboración” por cauces legales a nadie en Andorra. Otra cosa será “bastardeo” que es como se conoce en el argot sacar información pagando o mediante robo y/o amenaza. Lo que hace los autores de la “NOTA” es dar argumentos a los abogados de los Pujol para oponerse a que las vías legales de información se cierre por la evidencia de la comisión de un delito de robo de información en Andorra. ¡Bravo! Por la presunta “unidad de inteligencia económica” filtradora.
La diferencia con casos como el de Falciani o el del empleado de LGT que aireó los fondos del padre de Artur Mas en Liechtenstein, es que ni el BPA ni al Andbank andorranos han denunciado a ningún empleado o exdirectivo. ¿Hubo una entrega ilegal de información? ¿Fueron tan torpes los “espías” españoles para blindar al clan Pujol de datos de rogatorias andorrana?.
Parece que alguien ardía en deseos de atribuirse el mérito de la información de “El Mundo”, 7/7/2014 y antedatan la nota al 1/7/2014. Se descubre por un “lapsus” en la nota hablan de “comisión rogatoria actualmente en proceso”, cuando el 1 de julio, no había ninguna rogatoria en ningún juzgado de España contra los Pujol. La primera salió del juzgado 5 de la Audiencia Nacional (Pablo Ruz) el 29 de julio y sólo se refería a Jordi Pujol Ferrusola que no está entre los titulares de fondos de la cuenta en cuestión del BPA. La comisión rogatoria del juzgado 31 de Barcelona que investiga a la familia Pujol por sus saldos en la BPA Andorrana sale del juzgado de Zita Hernández Larrañaga,  el 31 de julio
Nadie duda del efecto legal de la publicación en “El Mundo” de los números de cuenta de los Pujol en el BPA andorrano por 3,4 millones de euros. Pero el “soi dissant” pantallazo de datos bancario tiene de auténtico lo que “un duro de chapa”. ¿O es que los documentos de la banca andorrana hablan de sus clientes como “Marta” “Pere”, “Marta F”, “Oleguer” o Mireia”?  Ya veremos tras las investigaciones de los juzgados andorranos no acaban deduciendo que las informaciones se obtuvieron de forma ilícita y acaban obligando a la Agencia Tributaria de España a rectificar por nulidad en la prueba. Sería para obligar a llevar “capirote” vitalicio a los de la “Unidad de Inteligencia” pseudo-policial.
Los primeros compases de la investigación corresponden a la magistrado juez Zita Hernández Larragaña, con el otoño se hizo cargo del juzgado de instrucción número 31 de Barcelona, un sustituto, Miguel Ángel Tabarés Cabezón, para acabar en manos de la nueva titular Beatriz Balfagón. Entre los tres jueces no pudieron evitar el “atraso” de la Agencia Tributaria en la remisión de los datos de las complementarias que los Pujol tuvieron que hacer (aún no han cerrado este asunto del que queda pendiente por cautela la multa tributaria (un 30% más). Incomprensiblemente, el requerimiento del juzgado (8 de agosto) no se cursó adecuadamente y no fue atendido hasta diciembre y la actual titular del Juzgado esperó a ese momento para considerar imputados al clan Pujol. La Agencia Informó de la familia Pujol afloraron otros 4,14 millones en renta (IRPF)
Tres magistrados en cinco meses es un inconveniente objetivo que nuestra justicia añadió  a la complejidad del caso, como los dos fiscales, hasta llegar a Alejandro Luzón, fiscal anticorrupción. Entre todos indicios  de delitos asociados a esos fondos no tenemos. Los instructores le han atribuido un gran valor probatorio al testamento del padre de Pujol i Soley (Florenci Pujol) todo y que en su declaración de inculpación el ex Presidente de la Generalitat decía que al margen de ese testimonio, su padre le había dejado “un dinero en Andorra”. El testamento no ha sido entregado.
Tantas manos en el juzgado 31 han producido “daños colaterales, sobre todo en la obtención de información a través de comisiones rogatorias en AndorraSuiza o Liechtenstein.

Torpezas sum servanda

La primera respuesta a las comisiones rogatorias es la de Suiza. El 15 de septiembre, responde que en los delitos de blanqueo para tener colaboración y de acuerdo con el derecho suizo hay que “hacer constar que delito previo dio origen  al dinero blanqueado”. La nota es todo un  bofetón en la cara: “En este caso no se indican ni la infracción de blanqueo, ni la infracción previa” por lo que “no se puede dar curso a la solicitud”. Lo firma Florence Albertini, de la Oficina Federal de Justicia de Berna.
El 29 de agosto, la juez o Batlle de Andorra, Núria Garcia Val, contesta la Comisión Rogatoria del Juzgado 31 de Barcelona, con un sonoro rechazo. Primero porque  no le precisan la condición procesal específica del clan Pujol (si están o no imputados) y segundo, porque “no se ofrece una relación suficiente de hechos delictivos investigados y datos aproximados de su comisión que permitan valorar la existencia del criterio de doble incriminación”. Los paraísos fiscales dan información de las cuentas de los sometidos a rogatoria si los fondos tienen que ver con otros delitos, por ejemplo: la prevaricación, el cohecho, la estafa; no el delito fiscal. Es la esencia del negocio de la banca andorrana.
Por cierto, Jordi Pujol Ferrusola  denunció ante los tribunales andorranos a los bancos BPA y Andbanc por presunta violación del secreto bancario prevista en el artículo 191 del Código Penal de Andorra... En el escrito se dice que los males del clan provienen de información robada y divulgada en España (“El Mundo” 7 de julio de 2014).
El  Fiscal general de Liechtenstein, Robert Wallner, después de consultar a las entidades financieras, ha decidido archivar la investigación sobre posible blanqueo de dinero del ex presidente del Gobierno catalán, Jordi Pujol i Soley y su familia. “No tienen cuentas aquí”, ese es el resumen de esta investigación que viene a dar la razón a lo dicho por el propio Pujol el 22 de octubre. Las autoridades de Liechtenstein no investigaban a los Pujol por propio interés, sino a instancias del Sepblac (Servicio Ejecutivo de la Comisión de Blanqueo de Capitales e Infracción Monetaria) de España basado en Brantridge Holdings, la empresa que utiliza el primogénito Pujol Ferrusola, dirigida por Herbert Rainford Towning, “el mago”, banquero británico retirado que mueve el dinero de Jordi Pujol.
¿A que venía la filtración interesada de Interior que levantó, a mediados de octubre, la hipótesis de cuentas en Suiza de los Pujol? ¿Por qué Fernandez Díaz declaró a TVE (13 de octubre) había hecho una llamada “para confirmar  la información” de prensa? ¿Es eso lo que esperamos de un ministro del Interior?  Ahora será el Juzgado 31 de Barcelona el que recorra con su comisión rogatoria los senderos de Liechtenstein- Los investigadores del “Fürts” (Príncipe de Liechtenstein, Hans Adam II) son muy buenos tanto que han llevado a averiguar que Jordi Pujol i Soley estuvo hace 20 años allí, apenas unas horas, de visita después de acudir al Foro de Davos en el que tuvo intervenciones públicas.

El canto de la UDEF

Al juez Pablo Ruz no le gustaba la denuncia de la amante de Pujol Ferrusola, María Victoria Álvarez. Le obligaron a instruirla, y eso deja poso. El entusiasmo de la fiscal María Belén  Suárez  con el dinero descubierto por Vicky Álvarez en el coche que les llevaba de Andorra a  Lérida para llevarlo luego a Madrid en Ave, las mochilas de 500 euros, no contagió a Ruz. Quizá por ello, juez y fiscal de fueron de vacaciones en agosto 2014, dejando para mediados de septiembre la declaración de Jordi Pujol Ferrusola. Para entonces, el terreno de los indicios estaba poco sembrado.  La UDEF, retada en el terreno de la opinión por Pujol padre con aquello de “¿Pero quién coño es la UDEF?”.
La UDEF apenas ha sabido llevar al Juzgado indicios de posibles cobraos de empresas muy afines a Pujol padre, de pujolistas de “pata negra”, caso de los Sumarroca (Emte), Grupo Copisa Constructora Pirenaica, Tecsa y unas pocas operaciones de intermediación inmobiliaria  o FCC Medio Ambiente oIsolux (Luis Delso). Poquita cosa que dejaba las “mordidas” sin “testigo de cargo” no merecedoras de que Ruz decretara medidas cautelares contra el primogénito de Pujol, cuyo despacho era conocido en Barcelona como “el nido del cuco” por ser el lugar donde se decidían concesiones, licencias, adjudicaciones y contratas de la administración que conducía su padre.

lunes, 15 de diciembre de 2014

Los Defectos de Algunos Españoles !!!!!

Para la realización de este libro, he entrevistado tanto a españoles que trabajan en el extranjero como a guiris que han vivido en nuestro país. Más allá del mundo del trabajo, recapitulo las críticas más comunes que nos hacen los extranjeros:
  • “El español es soberbio”. Los temas sobre los que la gente piensa que exageramos son la calidad de vida y la cocina. Efectivamente, la cocina española es muy buena… como lo es la portuguesa, la francesa, la italiana, la japonesa, la china o la peruana. Di que nuestra cocina es muy buena, pero deja siempre claro el hecho de que consideras que hay otras tradiciones culinarias, vinos y quesos, de alta calidad. En países con menos tradición de calidad en los pucheros, di simplemente “La comida española es muy buena, tal vez la mejor de Europa, pero de la suya podemos aprender mucho también”. Evita decir que como en España no se vive en ningún sitio, y sustitúyelo por “En España se vive fantásticamente: grandes comunicaciones, tiempo fantástico, uno de los mejores sistemas de salud del mundo, pero… ¡cómo me gustó esto, esto y esto de tu país! ¡Ojalá pudiera combinar lo mejor de los dos sitios!” La mayoría de la gente quiere creerse que vive en el mejor de los países posibles porque desea pensar que ha realizado la mejor opción, así que no atentes contra el ego sano.
  • “El español tiene la necesidad imperiosa de estar con los suyos”. La percepción que tienen los extranjeros de que en España no se habla bien el inglés queda descartada por el estudio de EF al que me he referido en otro punto del libro. Todos los que comparten un mismo idioma tienden a juntarse entre sí por comodidad, por lo que no creo que esta crítica sea justa.
  • “Es demasiado espontáneo”. En esto estoy de acuerdo. Evita ser directo, no tengas la necesidad de tener que estar hablando cuando estés con alguien, habla de pájaros y flores sin decir una sola palabra de ti al principio. En España la gente tiende a soltarse su parrafada sobre la vida y sus convicciones más íntimas, algo a lo que en el extranjero no se está acostumbrado. Has de evitar el lenguaje que transmita confianzas con la gente, porque ni en Alemania, Francia ni Reino Unido están acostumbrados; así, bajo ningún concepto te refieras a un grupo de compañeras como “chicas”, no des besos cuando te presenten a un nuevo compañero o vuelvas de vacaciones a tu puesto, ni tengas conversaciones telefónicas privadas delante de compañeros tales como la salud de tus hijos, el fallecimiento de un familiar o las obras que estés llevando a cabo en tu casa.
  • “Es maleducado”. Evita chillar en lugares públicos porque es algo que nos reprochan. Aprende a modular tu tono de voz y que, a partir de las 9 de la noche, no se puede hacer ruido en el extranjero ni llamar a nadie porque la tolerancia acústica en otros países es mucho menor que en el nuestro. Usa sistemáticamente en los tres países a los que nos referimos en este libro el “por favor” y “gracias”, cada día más en desuso en nuestro país. En España se acepa el “deme esto o lo otro” o preguntar directamente a la cajera de una tienda “¿cuánto es?”. En el extranjero has de tender mucho más al “sería tan amable de…” o “por favor, podría usted…”, o bien un “¿me podría decir cuánto cuesta?”

viernes, 12 de diciembre de 2014

La falsa disyuntiva catalana ABC 12/12/14 GABRIEL TORTELLA, ECONOMISTA E HISTORIADOR

La falsa disyuntiva catalana

ABC 12/12/14
GABRIEL TORTELLA, ECONOMISTA E HISTORIADOR
· «Mutatis mutandis (ni Putin es Hitler ni Mas es Putin), esta es la situación hoy en Cataluña. La dialéctica intimidación-apaciguamiento funciona igual en todas partes. La razón, la ley y, si fuere necesaria, la fuerza están del lado del Gobierno español. Pero este cede continuamente, lleva décadas haciéndolo, por temor a provocar una confrontación»
CREÍAMOS que la política del apaciguamiento había quedado desacreditada desde el acuerdo de Múnich en septiembre de 1938, cuando, en palabras de Winston Churchill, el entonces primer ministro británico, Neville Chamberlain, «tuvo que elegir entre la guerra y el deshonor; eligió el deshonor y se encontró con la guerra». Los hechos son bien conocidos: Hitler había lanzado un ultimátum al Gobierno checoslovaco para que le entregara los llamados Sudetes, las provincias checas de mayoría étnica alemana. Pero, según dice el propio Churchill en su crónica de la Segunda Guerra Mundial, Hitler de pronto se encontró en una situación difícil: el mismo Estado Mayor alemán le aconsejaba moderar sus amenazas porque los checos estaban bien armados y fortificados, contaban con el apoyo de Inglaterra y Francia, e incluso los Soviets se habían ofrecido a conferenciar con las potencias occidentales para concertar acciones ante la amenaza nazi. Pero quien le sacó del apuro inesperadamente fue el premier Chamberlain, que le propuso reunirse con él en Múnich para tratar de resolver la situación. En la reunión Chamberlain, sin apenas consultar a sus aliados y menos a los rusos, cedió ante el ultimátum de Hitler y se mostró dispuesto a permitir la anexión de los Sudetes por Alemania; todo el apoyo internacional a Checoslovaquia se derrumbó; su presidente dimitió y se exilió. Lo único que obtuvo Chamberlain a cambio de su medrosa oferta de apaciguamiento fue un compromiso por escrito de Hitler de no continuar su política expansionista, compromiso que el Führer violó seis meses más tarde anexionándose Chequia entera y permitiendo que Eslovaquia se independizara antes de ser más tarde anexionada también. Sin embargo, al volver de Múnich, Chamberlain fue recibido con entusiasmo delirante por el público inglés, ante el que pronunció un discurso en que anunció la «paz con honor» y la «paz en nuestro tiempo». Pero el que realmente salió triunfante de Múnich fue Hitler: los generales tuvieron que admitir que habían pecado de prudentes y el Führer en adelante hizo con ellos lo que quiso. Un año más tarde Alemania invadía Polonia y estallaba la Guerra Mundial. A eso se refería Churchill cuando dijo que Chamberlain había elegido la deshonra y aun así no había evitado la guerra. Es más, la había precipitado. La firmeza en Múnich hubiera sido la única posibilidad de paz.
Sin embargo, a pesar de su estruendoso fracaso entonces, el «apaciguamiento» sigue vivito y coleando hoy en día. ¡Cómo olvidan la historia los políticos! En el este de Europa tenemos ahora una situación parecida con el conflicto entre Rusia y Ucrania; se insiste en que Putin no es Hitler, lo cual es cierto. Pero hay muchos paralelos con la Centroeuropa de los años treinta: Rusia, como Alemania entonces, está resentida por haber perdido una guerra (la Fría) y busca a toda costa recuperar su hegemonía. Para ello, como Alemania entonces, necesita dominar a sus vecinos y va dando pasos en este sentido: en 2008 invadió y desmembró Georgia, y no pasó nada. En 2014 Ucrania sacó los pies del tiesto y Rusia le dio una lección arrebatándole Crimea. Tampoco pasó nada, tan solo unas sanciones económicas ridículas si las comparamos con el valor de lo robado. En vista del éxito, Rusia ha invadido las provincias orientales de Ucrania poniendo en jaque a los díscolos ucranianos ante la pasividad de la Unión Europea, Estados Unidos y la OTAN. El matonismo ruso también ha dado resultado en Siria y ahora amenaza a Moldavia: si logra poner un pie allí tendrá a Kiev literalmente entre dos fuegos. La confianza de toda esa región en Occidente se está desmoronando como se vino abajo la de la URSS y la Europa oriental ante la claudicación de Múnich.
¿Por qué se muestran débiles ante el matonismo agresivo las potencias occidentales, pese a tener de su parte la fuerza y la razón? Porque el político democrático teme a la impopularidad si toma decisiones audaces y prefiere ceder y mantener un precario statuquo: la «paz en nuestro tiempo» de Chamberlain. Mejor ceder y negociar que provocar un conflicto: mejor el deshonor que la guerra.
Mutatismutandis (ni Putin es Hitler ni Mas es Putin), esta es la situación hoy en Cataluña. La dialéctica intimidación-apaciguamiento funciona igual en todas partes. La razón, la ley y, si fuere necesaria, la fuerza están del lado del Gobierno español. Pero este cede continuamente, lleva décadas haciéndolo, por temor a provocar una confrontación. Esta es la terrible disyuntiva que plantea el matón: o cedes o va a ser peor. En el caso del separatismo catalán la amenaza hoy es la declaración unilateral de independencia, apoyada por una parte de la población, minoritaria, sí, pero enardecida y determinada. A esta situación nos ha traído el rosario de cesiones que los gobiernos nacionales han hecho en aras del «apaciguamiento» del separatismo. Hubo que ceder en los dos estatutos; hubo que ceder en lo de Banca Catalana; hubo que ceder en las múltiples violaciones de la legalidad que se han ido cometiendo en la cuestión lingüística; ha habido que ceder en una cuestión económica tras otra: incumplimiento de los compromisos de déficit, concesiones en materias de transportes, de infraestructuras, abandono del Plan Hidrológico, rescates múltiples de un govern quebrado que encima está muy enfadado porque todo le parece poco, y un largo etcétera. Todo esto, conviene recordarlo, no son concesiones a «Cataluña», sino a una serie de gobiernos nacionalistas más o menos separatistas –corruptos e incompetentes por más señas– de espaldas a una mayoría silenciosa y acorralada de quien nadie se acuerda más que los gobiernos nacionalistas para multarla y hostigarla si rompe el silencio que le asigna el guión. Después de tantas concesiones, el separatismo catalán se siente fuerte y lanza bravatas: «Sí, esto lo he organizado yo. ¿Qué pasa?», vino a decir Mas cuando vio que nadie chistaba el 9 de noviembre. Y, efectivamente, no pasó nada.
Ahora se pide una concesión más para aplacar a la fiera: los 23 puntos de Mas. Ya no se sabe qué darle: cambiar la Constitución a su gusto, hacer a Barcelona capital de España, lo que sea. Para el separatismo se trata de un juego de tipo: «Cara, gano yo; cruz, pierdes tú». Porque las concesiones serían un paso más hacia la declaración de independencia, que se aplazaría unos meses para sacarles partido y acentuar el clima de victoria. ¿Dónde está el Churchill español capaz de tomar la iniciativa y responder al envite separatista? Necesitamos un estadista como él, capaz de hacer bueno ese dicho tan español: «Más vale una vez colorado que ciento amarillo»

Gabriel Tortella Las Izquierdas OPORTUNISTAS


«LAS IZQUIERDAS españolas, esto es, los descendientes de los centralistas liberales de principios del siglo XIX, apoyaban ahora los movimientos autonomistas [...]. Pero en esta política entraba en buena proporción el oportunismo. Los republicanos pedían autonomía para Cataluña con miras a ganar a esta región para la causa republicana. Los partidos obreros también se adherían con mayor o menor entusiasmo al principio autonomista». Esto lo escribía hacia 1970, en un librito titulado La unidad nacional y los nacionalismos españoles, Antonio Ramos Oliveira, el mejor pensador que ha tenido el socialismo español, refiriéndose a los años de la Segunda República. Pero sus palabras son plenamente aplicables a la situación actual. En concreto, si se sustituye la palabra «republicanos» por «socialistas», Ramos Oliveira, que murió exiliado en México en 1975, caracterizaba perfectamente, con una anticipación de cuarenta años, la política de José Luis Rodríguez Zapatero en su primera legislatura, en la que no paró hasta conseguir que el Parlament de Cataluña excretara ese absurdo tercer Estatut, que, aun con los recortes introducidos por el Tribunal Constitucional, sigue siendo un cuerpo extraño dentro del ordenamiento jurídico español. Sin embargo, su aprobación aseguró a los socialistas el apoyo masivo del nacionalismo catalán y permitió que Zapatero fuera reelegido en 2008, algo que no hubiera conseguido sin los votos que, gracias a su apoyo al Estatut, arrebató a Convergència y a Esquerra. Esta mezquina argucia electoralista y «oportunista» tuvo éxito en sus propios términos, pero a los españoles, y en primer lugar a los socialistas, nos está costando ahora sangre, sudor, lágrimas, y mucho dinero.
Como señalaba Ramos Oliveira, las izquierdas españolas llevan muchos años traicionando su ideario en pos de un espejismo electoral que puede lograr réditos a corto plazo, pero que a plazo medio es sencillamente suicida. Citándole de nuevo, «el autonomismo de los socialistas era una concesión a la clase media o burguesía nacionalista de las regiones. Sin embargo, el nacionalismo no seduce al proletariado en cuanto clase, quizás porque es contrario a su interés». Nada más cierto: el nacionalismo es contrario al interés de las clases trabajadoras catalanas, que se ven empujadas a lo más bajo del sistema educativo por la imposición del catalán, imposición que además les hace más difícil integrarse en el mercado de trabajo español. Por si fuera poco, el gasto desaforado que los gobiernos nacionalistas dedican a la agitación y propaganda detrae perceptiblemente de la inversión en sanidad y educación, que en la Cataluña de CiU es notablemente baja, en perjuicio especialmente de esas mismas clases trabajadoras. Nada tiene de extrañar la creciente desafección del electorado socialista catalán hacia el que tradicionalmente había sido su partido, al que ahora ven como una mala (y dividida) copia de los partidos de la «burguesía nacionalista».
¿Cómo se explica esta tendencia autodestructiva en un partido con la solera del PSOE, con mucho el más antiguo de España, con una historia de 135 años? No basta con invocar la tosca astucia pueblerina y el continuo pasarse de listo de su último jefe de Gobierno, porque Zapatero fue más consecuencia que causa de la profunda desorientación del socialismo español. Victoria Prego lo ponía de relieve no hace mucho en estas páginas al analizar los manifiestos electorales de los recientes aspirantes a la secretaría general, que, además de ser vagos e incongruentes, chocaban con el último programa del partido. Gran parte de la explicación de estas indefiniciones está en el escaso nivel intelectual de los líderes del socialismo español, que con la excepción de Ramos Oliveira y muy pocos más, han pensado siempre a remolque de otros socialistas europeos, como, por supuesto, Marx, y además Jaurès, Guesde, Gramsci, Althusser, Beveridge, Laski, Gorz, etcétera. Un partido con tan pobre bagaje ideológico (a pesar de los loables pero infructuosos intentos que se hicieron con el en su día tan cacareado programa de Socialismo 2000) sufre ahora una grave crisis ante los retos sociales del siglo XXI; pero es una crisis paradójica, derivada del propio éxito del socialismo en los planos internacional y nacional.
El socialismo europeo tuvo, a principios del siglo XX, la necesaria vitalidad y entereza intelectual para deshacerse de dogmas marxistas como la lucha de clases y el ideal de la revolución violenta, y para adoptar el programa reformista socialdemócrata, basado en la democracia y el Estado asistencial. Este programa se cumplió punto por punto tras las guerras europeas. Tras la Primera Guerra Mundial se generalizó el sufragio universal, los partidos socialistas llegaron a los parlamentos y los gobiernos, y se comenzó a sentar las bases del Estado asistencial. Tras la Segunda Guerra Mundial, al tiempo que se reconstruía Europa, se desarrolló plenamente lo iniciado en los años 20 y 30 en materia social. Hoy, gracias en gran parte al sufragio universal y al apoyo de amplias mayorías, está asentado en Europa un Estado de bienestar que no tiene parangón ni en la historia ni en el resto del mundo. El programa tradicional del socialismo se ha cumplido y tiene amplísima aceptación. Sólo niveles extraordinarios de abuso y corrupción pueden ponerlo en peligro.
Sin embargo, uno de los problemas que aquejan al socialismo español es que muchos de sus dirigentes se consideran autores y propietarios del sistema de bienestar y, como tales, autorizados para saquearlo a placer. (En tal atribución, dicho sea de paso, se equivocan a su favor: gran parte del Estado de bienestar español ya funcionaba en 1982, cuando los socialistas llegaron al poder, gracias en buena medida al esfuerzo de los gobiernos de Adolfo Suárez). Pero las consecuencias del saqueo están a la vista: los electores decepcionados se vuelven hacia otras organizaciones de izquierda, por disparatadas y extravagantes que puedan resultar, como Podemos en España; parecida decepción produjo hace unos años en Italia el vuelco hacia el aún más histriónico movimiento Cinco Estrellas. Otra prueba de la desorientación lamentable de estas izquierdas nuestras es que su reacción inmediata ante la aparición de un peligroso competidor no consiste, como sería lógico, en poner de relieve las diferencias programáticas que las separan de un admirador del «socialismo bolivariano» -cuyos resultados están a la vista de cualquier lector con un mínimo de información-, o de un portavoz del Irán de los ayatolás, sino, vergonzosamente, en tratar de dar gato por liebre a sus electores haciéndose pasar por una colección de demagogos irresponsables.
PERO MÁS grave a la larga para un partido como el socialista, cuyo programa de revolución pacífica se ha cumplido en su totalidad, es que deja de tener razón de existir, a menos que sea capaz de renovarse profundamente, para lo que hemos visto que le faltan las herramientas intelectuales; si no, una alternativa pudiera ser dedicarse a administrar escrupulosa y honradamente las instituciones que su propio programa ha creado. Sin embargo, como vemos, esto parece más difícil de lo que fuera de esperar. La tentación apropiatoria es muy fuerte. Otra alternativa, atractiva pero muy peligrosa, que el socialismo español ha adoptado, es convertirse en un partido no sólo defensor de la mayoría oprimida, que en realidad ya no existe, sino de unas más o menos reales minorías oprimidas, que pueden acarrear un complemento de votos a los que aportan los seguidores de la gloriosa, pero ahora aburrida, socialdemocracia. Y en esa búsqueda de minorías oprimidas se ha topado el socialismo con los nacionalismos periféricos, con esa «clase media o burguesía nacionalista de las regiones» de que hablaba Ramos Oliveira. Pero esa pretendida «minoría oprimida», mucho más rica que la figurada «mayoría centralista opresora», ha resultado ser capaz de oprimir más y mejor a los que no comulgan con sus dogmas y sus mitos, y no está nunca dispuesta a agradecer favores, todo lo contrario. Los victimistas no acostumbran a ser agradecidos. Y así se han encontrado los socialistas sufriendo el rigor de aquellos a quienes pretendían ayudar. «Quien da pan a perro ajeno pierde el pan y pierde el perro», como dice el refrán y dicho sea sin ánimo de ofender. El partido socialista ha dado demasiado pan al nacionalismo y ahora se encuentra sin pan y sin aliados; se asemeja al trapecista que ha dejado un columpio y no alcanza el otro: para unos, nunca será genuinamente nacionalista; para otros, ha traicionado a su ideario fundamental. Ha perdido sus señas de identidad, dando así alas al separatismo y a las izquierdas desmelenadas (o coletudas). Suicidándose él nos está suicidando a todos.
Gabriel Tortella es historiador y economista, autor, entre otros libros, de Los orígenes del siglo XXI.

Gabriel Tortella que pasa en Cataluña

La dialéctica intimidación-apaciguamiento funciona igual en todas partes. La razón, la ley y, si fuere necesaria, la fuerza están del lado del Gobierno español. Pero este cede continuamente, lleva décadas haciéndolo, por temor a provocar una confrontación. Esta es la terrible disyuntiva que plantea el matón: o cedes o va a ser peor. En el caso del separatismo catalán la amenaza hoy es la declaración unilateral de independencia, apoyada por una parte de la población, minoritaria, sí, pero enardecida y determinada. A esta situación nos ha traído el rosario de cesiones que los gobiernos nacionales han hecho en aras del «apaciguamiento» del separatismo. Hubo que ceder en los dos estatutos; hubo que ceder en lo de Banca Catalana; hubo que ceder en las múltiples violaciones de la legalidad que se han ido cometiendo en la cuestión lingüística; ha habido que ceder en una cuestión económica tras otra: incumplimiento de los compromisos de déficit, concesiones en materias de transportes, de infraestructuras, abandono del Plan Hidrológico, rescates múltiples de un govern quebrado que encima está muy enfadado porque todo le parece poco, y un largo etcétera. Todo esto, conviene recordarlo, no son concesiones a «Cataluña», sino a una serie de gobiernos nacionalistas más o menos separatistas –corruptos e incompetentes por más señas– de espaldas a una mayoría silenciosa y acorralada de quien nadie se acuerda más que los gobiernos nacionalistas para multarla y hostigarla si rompe el silencio que le asigna el guión. Después de tantas concesiones, el separatismo catalán se siente fuerte y lanza bravatas: «Sí, esto lo he organizado yo. ¿Qué pasa?», vino a decir Mas cuando vio que nadie chistaba el 9 de noviembre. Y, efectivamente, no pasó nada.

domingo, 30 de noviembre de 2014

Los Errores de los Nacionalistas

1.-Inventan la Historia
2.-Separan para defender la casta
3.-Se creen mejores
4.-No son solidarios


1.- Deshaciendo equívocos y supuestos.

La gestión de los catalanistas durante tres décadas ha sido el mejor exponente de las políticas excluyentes con las que se han blindado. Tras la maraña de senyeras, banderas esteladas y proclamas del “derecho a decidir”, encontramos un oscuro panorama de corrupción, de endeudamiento y, finalmente, de estado de quiebra fáctica socorrida por el FLA (Fondo de Liquidez Autonómica del Estado). La tozuda realidad ha desprovisto a Cataluña del tradicional estereotipo de gestión moderna y eficaz. De la galería de fiascos forma parte el despropósito de las operaciones “políticas” que ha caracterizado los grandes proyectos financieros, energéticos y aeronáuticos que han urdido las élites catalanistas. Un análisis somero de estos proyectos revelan a las claras los objetivos y procedimientos de la NUEVA burguesía y casta autonómica catalanas –la burocrática y la de negocios-, que describen Emmanuel Rodríguez e Isidro López en su réplica (1) a los planteamientos de Gerardo Pisarello y Jaume Asens(2). Se trata de una burguesía especulativa y ligada a la corrupción. La familia Pujol puede ser un claro referente.

Es bastante común dar validez a la posición victimista de los nacionalismos “periféricos”. En la mayoría de las exposiciones históricas y políticas se da por supuesto un diferencialismo catalán cimentado sobre la acumulación de agravios y agresiones centralistas (centralismo y españolismo expresan lo mismo en el lenguaje catalanista). Así, se habla de la búsqueda del “acomodo”, “cohabitación”, “encaje”, “falta de afecto”, etc., de Cataluña en España, PARA compensar supuestos maltratos, malquerencias, incomprensiones y desafectos por parte española, COMO si se tratara de una “cuestión de género” o de una desavenencia matrimonial entre dos partes contratantes. Es sintomático que tal cuestión nunca se plantea en términos de ciudadanía democrática y menos aún de “patriotismo constitucional”.
Ese discurso construido por los catalanistas desde el Romanticismo hasta hoy ha sido siempre una reacción al triunfo del liberalismo y a la irrupción de la democracia y política de masas de principios del siglo XX. No es un discurso nada original ni singular, es parte del construido por todos los nacionalismos surgidos en las regiones ricas de los ESTADOS nacionales europeos formados en el siglo XIX, es decir, en el Norte geográfico y económico de unos mercados nacionales con fuertes desigualdades regionales, donde la existencia de un Norte rico contrastaba con la de un Sur pobre.
En Alemania entre los bávaros y en Italia entre los de Lombardía y el Véneto existe una literatura política, similar a la de los nacionalistas vascos o catalanes, que expresa un agrio rechazo con fuertes tintes racistas respecto a las regiones más pobres del Sur y a la mano de obra que fluía del mundo agrario tradicional a los centros de la industrialización localizados en las regiones en vías de enriquecimiento. Demógrafos, ideólogos, historiadores, políticos, justificaban el enriquecimiento del Norte económico como fruto de la laboriosidad, moral y capacidad de sus “pueblos” y explicaban el empobrecimiento del Sur por la haraganería, destemplanza, vicios e incapacidad de sus “pueblos”, de modo muy similar a como los publicistas colonialistas justificaban la sociedad colonial por el desorden moral, inferioridad mental y vagancia de los colonizados. La diferencia entre unos nacionalistas y otros (entre los periféricos españoles y los lombardos, por ejemplo) estriba en que en España el Estado liberal era lo suficientemente débil como para que los movimientos nacionalistas reaccionarios se convirtieran en “cuestión nacional”.
El victimismo y sentido del agravio de muchos industriales catalanes subsistió incluso en tiempos del franquismo, no porque el régimen fuera poco o nada respetuoso con la lengua y la cultura catalanas, sino porque, a pesar de que el régimen supuso el fin de la anarquía, el desorden social y la revolución que tanto les aterrorizaba, el franquismo, DESDE los años 50, dio unos primeros pasos de reglamentación del mundo laboral y del sistema de Seguridad Social, que dificultaba el despido, regulaba las bajas médicas, obligaba a pagar las correspondientes cuotas a los industriales, etc. Quienes se lamentaban de tal modo, hecho bien DOCUMENTADO, alegaban que tales prácticas propiciaban la holganza, vicios y propensión a la picaresca de trabajadores advenedizos, escasamente identificados con la laboriosidad e idiosincrasia del país. Se trata del mismo discurso del “déficit fiscal”, del “España nos roba”, etc., con el que se trata de desmontar o limitar el alcance de la fiscalidad redistributiva estatal.
Por ello, la posición de los nacionalistas catalanes sobre el “derecho a decidir” no es, en realidad, resultado ni de la opresión, ni del expolio ni de la “falta de afecto” por parte de los españoles ni del Gobierno central. Por el contrario, es ilustrativa del nacionalismo de región rica, que ha gozado de una posición privilegiada en el mercado español y de una posición de superioridad en su relación con otras regiones españolas. Por lo que se aboga es por el estatus diferenciado del rico, que no acepta COMER en la misma mesa que los pobres.
Un segundo equívoco, asumido por propios y extraños, es la identificación de Cataluña con la modernidad y la europeidad en contraste con una España anacrónica, atrasada y casi “africana”. Como es obvio, detrás de estos tópicos subyace una fuerte carga ideológica xenófoba. El supuesto de la europeidad y modernidad catalanas ha sido siempre una clave de la bóveda construida por la historiografía catalanista. Pero, hay también una historiografía española, subalterna de la catalanista, en la que Cataluña es el paradigma español de europeidad y modernidad. El derecho a decidir se presenta ante Europa justo en esos términos, asociados a los de un pueblo tolerante y democrático que se ve impedido de votar por un ESTADO intolerante y autoritario.
No siempre han casado del todo modernidad y europeidad con catalanismo, y menos aún éste con democracia. Con motivo de la celebración oficial del “mil.lenari de Catalunya” (de la Cataluña carolingia), el historicismo mitómano publicitado de forma apabullante desde el poder no cesaba de proclamar una europeidad originaria, desconocida PARA el resto de España, que servía tanto para situar los “orígenes europeos” en el Imperio carolingio como para remontar los “orígenes nacionales” a Guifré el Pilós (el Don Pelayo catalán). En realidad, se trataba de una Cataluña abans letre, pues no se conocían por aquel entonces ni el NOMBRE ni la cosa deCatalunya. El mil.lenari y la parafernalia del Premio Carlomagno fueron un utilísimo instrumento para conformar una identidad “nacional” catalana surgida a lo largo de la Edad Media. La “formación nacional” se remitía a una ideología medievalizante y feudalizante, ajena y alejada de la Europa moderna, de la modernidad y de las revoluciones liberales.
Esa escuela historiográfica, de cuño romántico conservador, ha tenido su correlato en la historiografía “castellana” (caso de Vicente Cacho Viú y muchos otros), que, pese a las evidencias y a la historiografía catalana crítica, ha considerado a Cataluña reducto casi exclusivo en España de la modernidad europea, receptora del positivismo, etc.
El grueso del flujo de movimientos ideológicos, sociales y políticos que confluyen en el catalanismo son reacciones al triunfo del liberalismo en España y no al conservadurismo español. Es más, en las colonias fabriles catalanas, uno de los motores de la industrialización en Cataluña, los industriales –como hace ya algún tiempo mostró Ignasi Terrades- crean estructuras de su idea “pairalista” del ESTADO, verdadero anhelo del pensamiento catalanista –un sistema protector en que no solo el trabajo, sino la vivienda, el consumo, la escuela, la capilla, el ocio…, están regulados y controlados por el industrial-. Aparte del atractivo del aprovechamiento de la energía hidráulica, había otros atractivos más estimulantes para ubicar las colonias fabriles lejos de Barcelona en las cuencas de los ríos Ter y Llobregat: la huida del desorden social, de los conflictos laborales, de los motines populares y “rebomboris” que acarreó la IMPLANTACIÓN del liberalismo en España. Desde entonces, la ineficacia represiva para contener el “desorden social”, del que Barcelona era su mejor exponente, la implantación de una fiscalidad estatal y la ausencia de políticas proteccionistas de sus negocios han sido para los catalanistas síntomas inequívocos de la ineficacia, el atraso y el parasitismo del Estado español. Nada tiene que ver su rechazo al Estado (España) con la modernidad.
Ese miedo a las clases subalternas, que alcanza al “forani”, al intruso, al inmigrante y a las perturbaciones políticas (asociadas a España) llega a nuestros días. Conviene recordar que fue precisamente en Barcelona donde las fuerzas de seguridad, las de la Generalitat, se EMPLEARON con una violencia inusitada contra los acampados del 15 M en la Plaza de Cataluña. La violencia desplegada está en línea con la exclusión política, social y mediática de las generaciones que pueden sentirse representadas por Loquillo, por los personajes de Marsé o los de Javier Cercas en Las leyes de la frontera.

lunes, 17 de noviembre de 2014

La Barbarié Nacionalista

Los nacionalistas presentan el «Corpus de sangre» como una revolución heroica contra España, cuando en realidad fue una sangrienta semana sin ley en la que muchos catalanes y castellanos perdieron la vida. La anexión a Francia tuvo graves consecuencias económicas

Dentro de la mitología nacionalista, el «Corpus de sangre» es relatado como una revolución heroica contra España, «cuando en realidad fue una sangrienta semana sin ley en la que muchos catalanes y castellanos perdieron la vida», explica el hispanista Henry Kamen en su último libro –«España y Cataluña: Historia de una pasión»–. «Los nobles y verdaderos catalanes, a quien tocaba por derecho de fidelidad y de sangre la defensa de la justicia, de la patria y de la honra del Rey, estaban cubiertos de miedo en sus casas sin atreverse a salir», escribe un catalán de la época.
A causa de la exigencia de mayor compromiso económico hacia la Monarquía Hispánica y, sobre todo, de su enemistad personal con el virrey, parte de la burguesía y la nobleza catalana auspició en 1640una revuelta popular contra el ejército real que había acudido a esta región española a combatir a Francia. La población odiaban a la soldadesca de los tercios, muchos de ellos extranjeros, por las requisas de animales y los destrozos ocasionados a sus cosechas, así como por las afrentas derivadas del alojamiento forzoso en sus casas, pero no buscaba la separación de España, si acaso soñaban con una rebelión contra todos los amos. Asustados por la brutalidad de la revuelta, la oligarquía recurrió a una calamitosa alianza con la Francia del Cardenal Richelieu, que causó graves perjuicios económicos a los campesinosLuis XIII inundó la administración de franceses y los mercados de productos de su país.
La Sublevación de Cataluña de 1640 tuvo su germen en la hoja de reformas con la que el Conde-Duque de Olivares buscaba repartir los esfuerzos y exigencias de mantener un sistema imperial entre los territorios que conformaban la Monarquía Hispánica. Hasta entonces Castilla había cargado de forma desproporcionada con los compromisos en Europa de la dinastía Habsburgo. Sin embargo, una profunda crisis demográfica azotaba las tierras castellanas, que, como ha descrito el hispanista Joseph Pérez, «se hallaban exhaustas, arruinadas, agobiadas después de un siglo de guerras casi continuas. Su población había mermado en proporción alarmante; su economía se venía abajolas flotas de Indias que llevaban la plata a España llegaban muchas veces tarde, cuando llegaban, y las remesas tampoco eran las de antes».
Las reformas no pudieron ser recibidas en Cataluña con más hostilidad. El Conde-Duque de Olivares presentó oficialmente en 1626 lo que vino a llamarse la Unión de Armas, según la cual todos los «Reinos, Estados y Señoríos» de la Monarquía Hispánica contribuirían en hombres y en dinero a su defensa, en proporción a su población y a su riqueza. Si bien a la Corona de Castilla, que suponía cerca del 70% de la población de la Península Ibérica, le tocaba aportar 44.000 soldados, al Principado de Cataluña y otras regiones de poca poblacióndebían aportar 16.000 soldados.
No en vano, la poca implicación catalana en asuntos militares venía de lejos. En 1542, el III duque de Alba, Fernando Álvarez de Toledo, tuvo que supervisar los preparativos en Cataluña para una posible invasión francesa. Ante la poca moral y el pobre estusiasmo mostrado por los soldados catalanes, el duque recomendó el envío de tropas de otros lugares de España. «He echado un vistazo aquí a algunos de los soldados reclutados, y estoy tan insatisfecho con ellosque casi no me atrevo a comentárselo a Su Majestad. Le ruego que ordene con la mayor urgencia se sirvan hombres procedentes de Castilla y de otras regiones donde se recluten», reclamó el general castellano a Felipe II.
Es por esta razón que la oligarquía catalana vio en el proyecto de Olivares una nueva amenaza a lo que el nacionalismo moderno ha llamado «las libertades históricas», aunque realmente eran una serie de privilegios administrativos de origen medieval. Cabe recordar que los fueros prohibían expresamente servir en el ejército fuera del Principado.

Las Cortes catalanas contra Felipe IV

Bajo este clima de hostilidad, el 26 de marzo de 1626 Felipe IV visitó Barcelona para jurar las Constituciones catalanas y conseguir apoyos a la Unión de Armas. Poco después se inauguraron las Cortes catalanas que llevaban sin celebrarse desde 1599. Como las sesiones se alargaban y solo se trataban las quejas acumuladas durante los 27 años sin Cortes, el Rey Felipe IV abandonó precipitadamenteBarcelona el 4 de mayo de 1626, frustrado por no haber podido abordar la Unión de Armas. Y no era el único asunto pendiente con la nobleza catalanas. La actuación de los últimos virreyes –representantes del Rey en esta región– en asuntos como la lucha contra el bandolerismo y el cobro de impuestos habían levantado muchas atipatías hacia Castilla.
La llegada de Felipe IV al trono fue cantada por la propaganda castellana como el regreso a los tiempos gloriosos de Carlos I y Felipe II. Pero lo único que hizo el nuevo Monarca fue infectar más las heridas del Imperio Español e involucrarse en todavía más frentes. Ya inmersa en la Guerra de los Treinta años desde el reinado de Felipe III, la Monarquía Hispánica abrió otra guerra en 1635 con la Francia del Cardenal Richelieu. El conflicto se trasladó rápidamente a las puertas de Cataluña, lo que fue aprovechado por el Conde-Duque de Olivares para exigir urgentemente tropas a la Generalitat.
Para llevar a efecto sus planes, el valido nombró como nuevo virrey de Cataluña en 1638 al conde de Santa Coloma, un hombre de su plena confianza pero enemistado por razones personales con la nobleza y la burguesía local. La negativa ese mismo año dela Diputación de la Generalitat a que tropas catalanas acudieran a levantar el sitio de Fuenterrabía (Guipúzcoa), a donde sí habían acudido tropas desde Castilla, Aragón y Valencia, deterioró más la relación con la corte madrileña, que ordenó al virrey elevar su dureza. Así a lo largo de 1640 el virrey Santa Coloma, siguiendo las instrucciones de Olivares, adoptó medidas cada vez más drásticas contra los pueblos donde las tropas no eran bien recibidas.
Mientras tanto, la población –ajena a las disputas entre nobles y reyes– asistió cada vez más molesta a las exigencias del ejército de 40.000 hombres que se alojaba en Cataluña para combatir a Francia. Y como suele ocurrir en estos casos, un aislado episodio de tensión entre la población y la milicia precipitó una rebelión generalizada. En varios pueblos de Gerona, no en vano, la lucha armada contra los ejércitos reales ya era un hecho. El 7 de junio de 1640, en el conocido como día del «Corpus de Sangre», un pequeño incidente en la calle Ample de Barcelona causado por un grupo de segadores, entre los que había rebeldes disfrazados procedentes de Gerona, encendió la sublevación en toda Cataluña.
Con las tropas españolas dispersas en distintos frentes, los pocos efectivos que estaban en Barcelona no pudieron frenar la revuelta popular, que tampoco obedecía ya a la élite local. El virrey de CataluñaDalmau de Queralt, conde de Santa Coloma, fue asesinado en una playa barcelonesa cuando intentaba huir de la ciudad. En los siguientes días, la sublevación derivó en una revuelta de empobrecidos campesinos contra la nobleza y ricos de las ciudades que también fueron atacados. «Sin razón ni ocasión los catalanes se han sublevado en una rebelión tan absoluta como la de Flandes», lamentó Olivares.

Francia: por el interés te quiero Andrés

Cuando la oligarquía catalana fue capaz de recuperar parcialmente el control de la región, decidieron pedir ayuda al máximo enemigo de la Monarquía Hispánica: el Reino de Francia. El Cardenal Richelieu no desperdició una oportunidad tan buena para debilitar a la Corona Española y apoyó militarmente a los sublevados. Aún así, al principio la alianza con Francia no dio los frutos deseados y el avance del ejército de Felipe IV despertó otra revuelta popular –en este caso, en apoyo a la Corona Hispánica–.
En vez de dar marcha atrás, los gobernantes rebeldes ampliaron la alianza con Francia: Cataluña se constituyó en república independiente bajo la protección del país vecino. Pero el Rey de Francia Luis XIII no se conformó con este acuerdo y antes de terminar ese mismo año, 1641, se proclamó nuevo conde de Barcelona, rememorando el antiguo vasallaje de los condados catalanes con el Imperio Carolingio. El Rey francés nombró un virrey francés y en poco tiempo llenó la administración catalana de conocidos pro-franceses. La población de Cataluña y muchos nobles empezaron a percibir que estaba peor que antes de la sublevación contra España. El pulso al Conde-duque de Olivares había desembocado en una guerra cuyos gastos militares estaban financiando ellos, justo la causa por la que iniciaron la revuelta. A esto había que sumar la agresiva introducción de productos franceses en los mercados locales.
Durante doce años, la región de Cataluña permaneció bajo control francés hasta que el final de la Guerra de los Treinta años y el enfriamiento del choque hispano-francés permitió a Felipe IV recuperar el territorio perdido. Conocedor del descontento de la población catalana con la ocupación francesay aprovechando las débiles defensas tras una virulenta peste, un ejército dirigido por Juan José de Austria rindió Barcelona en 1651. Los catalanes aceptaron de buena gana las condiciones del hijo bastardo de Felipe IV.
La huida hacia delante y sin destino de la oligarquía catalana había sido aprovechada por Francia para dañar al Imperio español, sin la menor consideración por Cataluña. Desde el principio, Luis XIII dejó claro que respetaba los fueros catalanes menos que los castellanos y solo veía en Cataluña una buena colonia donde colocar sus productos. Pere Moliner, uno de los catalanes que permaneció fiel a Felipe IV, resume nítidamente el conflicto en su frase: «Fueron cuatro ambiciosos de mejor fortuna, remoleando la provincia del tranquilo mundo de la paz al procelosos golfo de su naufragio».
Como recordatorio histórico de su error, Cataluña –y por tanto España– nunca recuperaron las tierras del Rosellón que habían sido tomadas por las tropas francesas en el contexto de la guerra.