lunes, 29 de junio de 2015

Maiol Roger

– ¿Pujol estaba al tanto de los negocios de sus hijos o simplemente no preguntaba?
– Lo sabía perfectamente. En varias ocasiones, y por boca de diferentes personas, le avisaron de los tejemanejes de su familia, especialmente los de su hijo mayor, Júnior (Jordi Pujol Ferrusola). A él no le interesaba: al que no se llevó un ‘això no toca’ le tocó ser víctima de uno de sus famosos ataques de ira.

– ¿Y de los negocios de las personas de su entorno?
– También desoyó las advertencias que le llegaron de su entorno: mientras la persona le sirviera para su objetivo político, le daba igual. El ‘sector negocios’ de Convergència era perfectamente conocido.

– ¿Cómo era la relación de Pujol con su entorno? ¿Influían en él los personajes que usted menciona en su liro o él les dominaba?
– Depende del personaje. Su padre le influyó mucho para definir su forma de ser. A partir de aquí, Pujol siempre se dejó influir por interés: a Marta la dejó hacer para poder dedicar su vida «a Catalunya», como él diría. A sus hijos les dejó campar a sus anchas para olvidarse de su mala conciencia por no haber sido un padre al uso.

– No olvidemos a Prenafeta.
– Prenafeta, que fue secretario de la Presidencia de la Generalidat, le influyó porque le permitió explotar su lado más oscuro a cambio de salir siempre airoso de los problemas. Desde Prenafeta, poca gente lo ha influído. Su entorno siempre gira a su alrededor para conseguir lo que él quiere, excepto en su caída: Artur Mas, Josep Antoni Duran Lleida o Felip Puig han tenido que romper con él.

– ¿En todo caso, quién ha influido más en Jordi Pujol?
– Su padre. Él le contagió este espíritu ambicioso que ha demostrado siempre y le pagó todo lo que necesitó para convertirse en mito de Catalunya.

– Llama la atención la figura de Francesc Cabana, el cuñado que no se enteraba de ninguno de los tejemanejes.
–Pujol era para Cabana un gran referente. En cambio, para Pujol, su cuñado era un instrumento más. Ser cuñado de Pujol ha beneficiado a Cabana en algunas ocasiones y en otras le ha perjudicado. Ahora está desorientado porque no entiende cómo Pujol le escondía el legado a él y a su hermana durante todos estos años. Cuadra con el egoísmo de Pujol y con la costumbre del padre Florenci de pagarle todo al primogénito.

– ¿La relación de Pujol con Duran Lleida era una especie de amor-odio?
– Un poco porque lo necesitaba pero una presencia excesiva suya le molestaba. Pujol y Roca utilizaron a Duran como chivo expiatorio en 1992 para tapar la realidad de la gran crisis en Convergència, en la que, poniendo como excusa la relación con Unió, se dirimió quién tenía el poder en el partido.

– ¿Hay guerra sucia contra Pujol y los sectores independentistas desde el Estado?
– Sí, aunque eso no le quite gravedad al hecho. El culpable es Pujol por haber evadido durante años. ¿Si el Estado español lo sabía? El guardia civil destinado a Andorra explicó que tenían controlado quién tenía dinero ahí y que por una módica cantidad de dinero se podía obtener toda la información.

– ¿Compraron información?
– En Andorra dan por hecho que la información de las cuentas de los Pujol se filtró gracias al pago de la UDEF (la Unidad Central de Delincuencia Económica y Fiscal de la Policia) a un trabajador bancario. Están las maniobras de Jorge Moragas para que Victoria Álvarez sacara a la luz los trapos sucios de Junior y la utilización de la policía para fines políticos… Todo ello son indicativos, que, insisto, no quitan gravedad al asunto: si el Estado ha encontrado algo en la alcantarilla es porque Pujol lo tenía guardado allí.

miércoles, 24 de junio de 2015

Pitada muy organizada

Los informes en poder de la Comisión Antiviolencia confirman que lapitada al himno y al Rey antes de la final de Copa del pasado 30 de mayo fue cualquier cosa menos un acontecimiento espontáneo. Desde casi tres meses antes, cuando se conoció que los finalistas serían el Barcelona y el Athletic, varias asociaciones independentistas catalanas se pusieron en marcha. «Volveremos a promover una pitada contra el himno y el Borbón. Ellos insultan, nosotros silbamos», escribió el 5 de marzo Santiago Espot Piqueras, considerado el cerebro y principal instigador de lo ocurrido en el Camp Nou.
La organización que preside Espot, denominada Catalunya Acció, y las otras once que firmaron dos días antes de la final un manifiesto que animaba a secundar la pitada, se enfrentan a multas de hasta 60.000 euros por una infracción grave del artículo 7 de la ley 19/2007 de 11 de julio contra la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el deporte, que dice literalmente: «No entonar cánticos, sonidos o consignas racistas o xenófobos, de carácter intolerante, o que inciten a la violencia o al terrorismo o supongan cualquier otra violación constitucional».
Antiviolencia ha recibido ya los informes que solicitó a las fuerzas de seguridad, a la Federación y a los dos clubes participantes, el Athletic y el Barcelona. La única entidad que no ha querido colaborar ha sido la Generalitat de Cataluña, a la que también se había solicitado el informe preceptivo. Pese a no contar con él, la Comisión se reunirá el próximo lunes y propondrá la máxima sanción posible a lasdoce asociaciones independentistas que firmaron el manifiesto: «Todos los seguidores catalanes que asistan al partido han de manifestar sonoramente su desacuerdo, tanto por la presencia del monarca como por el sonido de los acordes del himno español, con una sonora pitada, que seguramente acompañarán también los seguidores vascos», rezaba el texto titulado «Por la pitada al himno español y al Rey Felipe de Borbón».

Miles de silbatos

Dicho manifiesto es la principal prueba de cargo contra las doce asociaciones que lo firmaron, pero no la única. También se considera probado que, como publicó ABC antes del encuentro, dichas entidades compraron y repartieron miles de silbatos entre los espectadores.
También se ha recabado información sobre la participación de casi una treintena de personas que, en los días anteriores a la final, colgaron mensajes en las redes sociales incitando a los espectadores del partido a la pitada.
Contra dichas asociaciones y personas que a título individual fabricaron la pitada se propondrán fundamentalmente multas económicas, las más elevadas que permita la ley.
Pero estas sanciones no serán probablemente las únicas. La Comisión Antiviolencia también estudiará, a la luz de los informes enviados por la Federación Española de Fútbol, el Barcelona y el Athletic, qué nivel de responsabilidad tienen en no haber evitado la pitada. La ley prevé, aparte de multas, la inhabilitación para organizar eventos y la clausura del recinto durante un máximo de dos meses. «Si se demuestra negligencia, no se descarta sancionar con encuentros a puerta cerrada o clausura parcial de los estadios», avisó el secretario de Estado para el Deporte, Miguel Cardenal, dos días después de los sucesos del Camp Nou.
Cardenal recordó que «la UEFA establece que pitar los himnos de las entidades que participan en un encuentro es algo que debe sancionarse siempre» y que esa posible sanción se produciría «con independencia de la diligencia que hayan utilizado las entidades deportivas para tratar de que eso no suceda».
Además de por la pitada, la Comisión podría sancionar a la Federación y a los clubes por la introducción de objetos prohibidos y peligrosos, como bengalas, la exhibición y no retirada de pancartas también prohibidas y deficiencias en los controles de acceso y separación de las aficiones.
Se considera que el mayor nivel de responsabilidad lo tienen la Federación como organizadora del partido y el Barcelona como club propietario del estadio. Sin embargo, el Athletic ha sido el que menos ha colaborado con la Comisión y podría recaer en él una sanción.

sábado, 20 de junio de 2015

Algunos comentarios sobre el libro de Antonio Santamaría: Els orígens de Convergència Democràtica de Catalunya. La reconstrucció del catalanisme conservador (1939-1980)

Algunos comentarios sobre el libro de Antonio Santamaría: Els orígens de Convergència Democràtica de Catalunya. La reconstrucció del catalanisme conservador (1939-1980)
Laurentino Vélez-Pelligrini
Periodista y ensayista, Antonio Santamaría es un agudo analista de la vida política catalana que estuvo a finales de los 90 estrechamente vinculado a lo que vino a denominarse el “Foro Babel”. A Antonio Santamaría le debemos no sólo la compilación precisamente del libro “Foro Babel”: el nacionalismo y las lenguas en Cataluña, sino ensayos como Los nacionalismos: de los orígenes a la globalización y la edición del libro de Pi i Maragall, Republica i Federalisme. Pese a su conocido perfil político e intelectual, definido por una contundente posición crítica hacia el nacionalismo, la última  obra de Santamaría, Els orígens de Convergència Democràtica de Catalunya. La reconstrucció del catalanisme conservador (1939-1980), publicado por El Viejo Topo a finales del pasado año 2011, alberga rigor en su análisis de la reformulación histórica e ideológica de la derecha catalana.
Buen conocedor de la historia política de Cataluña, Antonio Santamaría intenta en este ensayo comprender los orígenes políticos e históricos del actual y modernizado conservadurismo que ejerce su hegemonía política en la comunidad autónoma. Pese a la mitificación histórica de la emprendedora burguesía catalana, el autor se focaliza  poco en el pasado político de la Lliga (cuyos componentes acabaron acomodándose y suscribiendo la urdimbre ideológica del franquismo y de la que es hoy heredera “natural”, la base electoral “burguesa” y patronal del actual Partido Popular). En efecto y como apunta Santamaría, la historia política de la Lliga finiquitará con la muerte de Cambó en 1947 y la definitiva integración de muchos de sus pro-hombres como Eugenio d’Ors o Valls i Taberner en el falangismo. Una línea analítica muy en la órbita de las tesis ya defendidas por autores como José María Colomer y desde luego menos condescendiente que los enfoques de Ignasi Riera en su ensayo Los catalanes de Franco o de Borja de Riquer en L’últim Cambó, sobre la evolución del líder conservador catalán tras el 18 de Julio.
En opinión de Santamaría, el victimismo y la proyección de la amenaza de un nacionalismo español cada vez más fantasmagórico han impregnado no sólo en el imaginario colectivo catalán popular, sino también en los sectores intelectuales e historiográficos más serios, como probaría el hecho de que la adhesión de la burguesía catalana al régimen franquista o ha pasado de puntillas, o ha sido tratada con un tono analítico templado. Aunque breve con el asunto, el autor es contundente: la tentativa de Cambó de volver sobre sus pasos durante la posguerra, de establecer lazos con la oposición donjuanista y apostar supuestamente por una pretendida monarquía constitucional no concordaba con el espíritu de las clases acomodadas adictas al régimen.
El conservadurismo catalán de hoy es un fenómeno histórica y políticamente  novedoso que empezó a gestarse entre los escombros de la posguerra, más en concreto entre un catolicismo de urdimbre reaccionaria y sin diferencias de verdad sustanciales con los postulados integristas predicados por los  ideólogos  de la Cruzada tras el 18 de Julio, pero articulado en un contexto bien concreto: los últimos residuos de la desvertebrada Unió Democràtica de Catalunya y de la FEJOC. Quedado huérfano tras el fin de la contienda, la reconstitución política e ideológica de ese catolicismo catalán y su derivación a mediados de los 70 en la propia fundación de Convergència Democràtica de Catalunya es lo que constituye el grueso del libro de Santamaría.
El punto de arranque de Antonio Santamaría es el análisis de las circunstancias en las que va a crecer la generación de la posguerra, a la que pertenece precisamente Jordi Pujol y el entorno más cercano a él, con el que compartirá periplo hasta el nacimiento de CDC. A diferencia de lo sucedido con los jóvenes procedentes de las clases altas vinculadas a la Lliga, que entraron pronto en un proceso de “castellanización” y para los que la lengua catalana y las tradiciones populares no eran ya más que cosa de pobres y payesos, la generación de Pujol resistió a la elitista “asimilación” cultural  de los estratos más acaudalados, manteniendo en cambio los vínculos culturales y sentimentales con una más o menos esencializada e idealizada Cataluña rural depositaria y guardiana de las ancestrales tradiciones comunitarias. Son sobre todo las cuestiones políticas, culturas e identitarias, y su relación con los asuntos religiosos e espirituales, las que impregnarán con fuerza a esta generación de posguerra procedente de la burguesía media autóctona.
Su primera formación espiritual se va a forjar en el marco del Grupo Torres i Bagés, animado por Lluís Carreras. Secretario de Vidal i Barraquer, Carreras forma parte del catolicismo de la época modernista que irá aceptando el advenimiento de la Segunda Republica, pero involucionando en sus posturas a raíz de la política de ésta en materia religiosa. Vidal i Barraquer y Carreras son dos figuras altamente idealizadas por los gurús de la historiografía catalanista y siempre contrapuestas a los rancios guías espirituales (debería decirse más bien políticos) de la Cruzada. Aunque opuesto al alzamiento, Vidal i Barraquer no fue tan innovador ni aperturista como se pretende. Carreras retornó de su exilio tras hacer alegoría del General Franco y de la España cristiana y reserva espiritual de Occidente. Pese al delirio identitario que ha rodeado a la Abadía de Montserrat y a la Moreneta como expresión de las “esencias nacionales”, Santamaría tiene a bien de recordarnos la plena integración de la abadía (mitificada como encarnación de la tradición cristiana catalana) en las urdimbres ideológicas del nacional-catolicismo, sobre todo bajo la esfinge del Padre Escarré. Un apunte que no es baladí, sobre todo a la vista de cómo el nacionalismo conservador liderado por Convergència i Unió se empeña en vender la imagen de un hecho diferencial catalán y una unidad comunitaria y simbólica inquebrantables, guardándose los propios intelectuales orgánicos del nacionalismo de detenerse en demasiadas pesquisas sobre las fisuras históricas entre los “padres de la patria” y los orígenes en realidad profundamente reaccionarios de algunos emblemas de la pretendida “nación catalana”.  
La excursión por las cavernas del catolicismo catalán que recorre las primeras páginas del libro de Antonio Santamaría es seguido por un análisis exhaustivo de la evolución ideológica del catolicismo “integrista” catalán desde la fin de la Guerra Civil hasta el contexto de los años 60, periodo de renovación generalizada del pensamiento católico, en parte a raíz del surgimiento de la cuestión social y del propio aggiornamento que traerá el Concilio Vaticano II con el papado de Juan XXIII. El análisis de Santamaría se centra con acierto  en la superación de una tradición reaccionaria “autóctona” poco comentada a raíz de la hegemonía ideológica del nacional-catolicismo de urdimbre nacionalista española: el torrebagismo.
Evidentemente, la evolución y los cambios en el seno del catalanismo católico son escabrosos, lentos y no sin tensiones. La primera influencia será la de Raimon Galí, animador de los Cuaderns del Exili y hombre adscrito a un catolicismo pre-conciliar que creará doctrina con su famosa Ponència. Frente al intelectualismo de la Renaixença, del Noucentisme o del Modernisme y las divisiones de la Guerra Civil, Galí reivindica la revitalización espiritual de las nuevas generaciones como motor de la reconstrucción nacional. Situado con creces a  la derecha de Unió Democràtica de Catalunya, que parece la heredera natural de toda la tradición católica catalana anterior a la Guerra Civil,  Galí va a determinar la imposibilidad de la integración de la nueva generación de católicos encabezados por Pujol en el partido demócrata cristiano. Galí es hostil a figuras como Josep Benet o Maurici Serrahima, que representan el ala izquierda de UDC, pero también a los innovadores representantes del pensamiento cristiano francés, tanto en lo que se refiere a los más moderados como Jacques Maritain, como a los más vanguardistas como Emmanuel Mounier. Ni siquiera una personalidad en realidad tan inofensiva como Carles Cardó, referencia de la democracia cristiana en Cataluña, despeja los recelos de Galí. El análisis que hace Santamaría de la figura de Raimon Galí se hace eco y suscribe las tesis de varios autores (si se me permite, entre los que se encuentra este servidor) según las cuales, el animador de Cuaderns del Exilili  bebió en realidad de los postulados más reaccionarios del pensamiento católico francés, muy en particular de la Revolución Moral de Charles Péguy en su etapa pre-fascista. Figura tan idolatrada como políticamente cuestionable, la generación de la posguerra se irá distanciado de Galí, incluido el propio Jordi Pujol.
Desaparecido el Grupo Torres i Bages de Lluís Carreras, la verdadera renovación del catalanismo católico va a producirse en el entorno del movimiento CC (Christ-Catalunya) y de algunas experiencias como la Academia de la Lengua Catalana, Miau-Miau, Virtelia, la Congregación Mariana de la Mare de Déu o las Rutas universitarias. Son los miembros del CC quienes protagonizarán el boicot contra Galisonda y el diario La Vanguardia y, posteriormente, los famosos Hechos del Palau que conducirán al arresto, condena y encarcelamiento de Jordi Pujol, y la movilización popular a favor de su indulto. Con excelente criterio, el autor pasa de manera muy telegráfica por estos dos hechos que, a pesar de su instrumentalización política por parte del pujolismo en los 80 (sobre todo durante el affaire Banca Catalana), sólo tienen un estatuto de anécdota en la historia social del antifranquismo. No está de más recordar que estos episodios “menores”, han servido sobre todo para ocultar el papel más que secundario de los fundadores de CDC en la lucha contra la dictadura y el pasivo acomodamiento de la derecha sociológica catalana pro-convergente al régimen franquista.
El CC no es sólo el lugar en el que se irá gestando la futura trayectoria de un demagogo populista como Pujol, sino también  donde se harán flagrantes las divisiones entre la propia generación de los catalanes católicos crecidos en la posguerra. La organización interna del grupo, dividida en una corriente social encabezada por Xavier Muñoz y Antonio Pérez González, y otra “comarcal” y nacionalista, liderada por Pujol y Espart i Ticó, ya informan de las discrepancias que empiezan a vislumbrarse. El Concilio Vaticano II, la importante influencia de Mounier, la revolución intelectual del catolicismo español de la mano  de la revista El Ciervo animada por los hermanos Gomis y  el surgimiento de figuras como Alfonso Carlos Comín abren y facilitan el dialogo entre católicos y marxistas. El triunfo de la cuestión social y la progresiva entrada de los católicos en el Partido Comunista hacen que se rompan filas en el catalanismo de origen tradicionalista o neotradicionalista. Los debates internos en torno al marxismo y las tensiones de Muñoz y Pérez con la corriente “comarcalista” de Pujol y Espart acaban desintegrando el grupo. Del CC emanará la famosa Força Socialita Federal y posteriormente el Moviment Socialista de Catalunya (MSC). La crisis del CC pone definitivamente fin a la etapa galiana.
En el campo estrictamente nacionalista la renovación intelectual católica vendrá sobre todo de la mano de la revista Serra d’Or, donde colaboran los más prestigiosos intelectuales catalanistas, encabezados en lo esencial por Josep Benet. Expulsado de Unió, Benet irá haciendo una síntesis entre el Personalismo de Mounier y la ideología nacionalista. El gran gurú de la historiografía catalanista tendrá una relación bastante complicada con las nuevas generaciones de intelectuales catalanes antifranquistas no adscritos al nacionalismo, e incluso muy críticos con el mismo. Santamaría analiza de hecho de forma muy interesante la polémica entre Benet y Jordi Solé Tura en torno a la figura de Prat de la Riba, sobre  todo a raíz de la aparición del controvertido libro Catalanisme i Revolució Burguesa. Pese a que Serra d’Or y Benet representan la más avanzada renovación del catolicismo desde el campo nacionalista y la definitiva salida de escena del torresbagismo, no es menos cierto que adolecen de una seria dificultad para someter a crítica o revisión muchos aspectos de la historia política del catalanismo. Sea como sea, el renovador ambiente del catalanismo católico que reina bajo la batuta de la prestigiosa revista y de la propia influencia de Maurici Serrahima o de un Josep Benet que se ha despedido de la democracia cristiana para terminar siendo el cabeza de lista del PSUC para el Senado en las primeras elecciones democráticas, van a determinar la evolución ideológica de Pujol y a asentar las bases de su famoso y amorfo “nacionalismo personalista”.
Ya alejado de los postulados místico-teocráticos de Galí, aunque no por ello menos hostil y obsesionado con la contaminación marxista que condicionará en buena parte la evolución ideológica de los católicos de su generación que habían convivido con él en el Grupo Torres i Bages y en el CC, Pujol se pondrá a elaborar su propia doctrina. Una especie de Tercera Vía tanto frente al torresbagismo representado por el patético Raimon Galí, como al temido marxismo. Se trata en efecto de un amasijo de ideas cogidas al vuelo procedentes de la socialdemocracia de Olof Palme, de la democracia cristiana de Gasperi, del Compromiso histórico, del personalismo de Mounier, del humanismo integral de Maritain y del nacionalismo de Benet. El líder nacionalista lee también en diagonal y superficialmente a autores como Péguy (producto de la influencia de Galí), Bergson o Bernanos. Pujol tiene en efecto una particular habilidad para adaptarse a los nuevos tiempos y si sus vísceras tradicionalistas deudoras del catalanismo católico más reaccionario no desaparecen del todo de su temperamento (muy bien ilustrado por la ya comentada  paranoica relación que tiene con el marxismo y todo lo que se le asemeje de cerca o de lejos), no es menos cierto que llevará a cabo un auto-acicalado ideológico. El cual hace que entre cierta luminosidad en la honda caverna del catalanismo católico, como advierte Santamaría.  
La segunda parte del libro de Santamaría está centrado en la evolución ideológica y la trayectoria personal de Jordi Pujol. El autor bebe, por una parte, de las plomizas Memories del político catalán y por otra de una lectura y análisis directos de los textos escritos y publicados por Pujol durante la etapa franquista y los primeros años de la Transición. Al mismo tiempo que moderniza su pensamiento católico, Pujol se erige en el ideólogo del nacionalismo catalán a través de las etapas de fer país y de fer política. La polémica en torno al fenómeno inmigratorio también es objeto de comentario por parte de Santamaría, sobre todo a través de un contraste entre dos concepciones de la inmigración, y por lo tanto también de Cataluña y de la integración: los postulados asimilacionistas de Pujol, no huérfanos  de veleidades esencialistas pratianas  y las concepciones mucho más sociales y pluralistas de Comín y García Nieto. Santamaría hace un recorrido exhaustivo por las discusiones y controversias a que dará lugar la cuestión de la inmigración castellanoparlante y su impacto en la identidad colectiva. (Como inciso, no está de más recordar que las pseudoteorías de Pujol sobre la integración y la reducción de los aspectos simbólicos a la dichosa cuestión lingüística, están en el origen del modelo nefasto de vida e identidad colectiva que impuso el nacionalismo tras el ascenso de CDC al poder en 1980). Santamaría ya hizo en su libro Foro Babel una excelente crítica del modelo de Cataluña impuesto por el pujolismo, texto que puede servir de lectura complementaria para una mejor comprensión de la dinámica analítica del autor.
La fundación de Banca Catalana, las actividades económicas y el papel de Pujol como mecenas, sobre todo incentivando la creación de la Enciclopèdia Catalana o sellos emblemáticos como Editions 62, y las redes de apoyo político que a su alrededor se irán forjando no faltan como tema de reflexión. El libro finaliza con el análisis de las condiciones y el contexto que dará lugar a la fundación de Convergència Democràtica de Catalunya en la Abadía de Montserrat. Un partido constituido por un poti-poti de socialdemócratas, liberales y demócratas cristianos, formalmente autoubicado en el centro-izquierda y con las referencias teóricas del nacionalismo personalista de Pujol y la defensa de un supuesto “modelo sueco”. La fusión con Esquerra Democràtica de Catalunya de los liberales Ramón Trías Fargas y Macià Alavedra, la coalición con Unió Democràtica de Catalunya, las primeras elecciones democráticas, el progresivo arrinconamiento del ala izquierda representada sobre todo por Miquel Sellarés y  Josep Maria Cullell, así como la salida de escena de Miquel Roca a principios de los 90 reperfilan sin embargo de manera definitiva la identidad ideológica de CDC.
Santamaría analiza los entresijos de la consolidación de Convergència durante el periodo que abarca desde la constitución de la Asamblea de Catalunya, la Transición, el retorno de Tarradellas, las primeras elecciones democráticas, la aprobación del Estatut, las elecciones autonómicas de 1980 y la victoria por sorpresa de CiU. Hijo pródigo del mundo patronal catalán, muro de contención frente a la izquierda y sobre todo frente al temido PSUC, Jordi Pujol quedará abocado a ser el representante de los grandes intereses económicos en Cataluña y de los sectores sociales más conservadores del cuerpo electoral. No cabe duda en ese sentido, pese a las veleidades “socialdemócratas” de los primeros tiempos, la trayectoria de Jordi Pujol no encarna en realidad otra cosa que la historia de la evolución de un catalanismo católico de urdimbre integrista que se irá loablemente modernizando y laicizando por el impacto de la propia fuerza de las circunstancias. Aunque de forma más breve, Santamaría se detiene en los cambios generacionalistas, sirviéndose de una terminología a mi parecer un tanto extraña: pujolismo “estricto”, “transpujolismo”, “tardopujolismo”. Los neologismos y las etiquetas no están prohibidos, aunque particularmente considere que lo que ha habido en realidad es un pujolismo “histórico” (los compañeros de Pujol en el CC y el núcleo fundacional de Convergència), un pujolismo “tecnocrático” (propio de los años 90) y un “pospujolismo“ (correspondiente a la actual etapa liderada por Artur Mas).
Hay un inciso al final del libro sobre las continuidades, discontinuidades y logros del nacionalismo conservador. Lleva razón Santamaría al apuntar que uno de los logros o malos logros del pujolismo ha sido imponer las reglas del juego en la vida política. Para muestra un botón: el Tripartito ha sido una de las demostraciones más bochornosas del complejo de una izquierda y más en concreto de un PSC que ha querido ser más papista que el Papa, perdiéndose en el delirio identitario y alejándose de los verdaderos problemas sociales de la sociedad catalana.
El libro de Santamaría sobre el pasado y presente de la derecha catalana es rico en datos históricos, testimonios, fuentes bibliográficas y sobre todo en objetividad. Pero es también un libro necesario y riguroso que contrasta (salvadas ciertas excepciones) con la proliferación de obras sobre nacionalismo catalán, malas,  panfletarias y con la firma de intelectuales o intelectualillos orgánicos, o comisarios políticos de turno. Se echa sin embargo algo de menos el habitual y contundente tono crítico que caracteriza al autor en sus comentarios sobre la vida política catalana. Sin duda ha considerado Santamaría que su firme y declarada postura anti-nacionalista no está reñida con el respeto y esa cortesía democrática que consiste en la capacidad de empatización con las ideas de aquellos con los que discrepamos.
Como se suele decir, lo cortés no quita lo valiente. Y no cabe duda que lo valiente es recordar que el pujolismo, (más allá de sus indiscutibles y ya señalados méritos en la modernización de una ideología en esencia reaccionaria) es una experiencia que aparece como una fuente de oscurecimiento de la historia política de Cataluña, al menos mirada desde la memoria de una tradición progresista y cosmopolita, definida por las luchas sociales y el vanguardismo ideológico e intelectual en todos los aspectos de la vida colectiva. Es difícil no unanimizar sobre el proceso de empobrecimiento de la vida democrática, sobre todo por haber pivotado ésta durante más de veinte años alrededor de un líder populista, experto en explotar y capitalizar electoralmente los sentimientos más viscerales (ahí está el victimismo demagógico basado en la proyección de un mitificado nacionalismo español, o la referencia ritual a un supuesto hecho diferencial que poco o no nada tiene que ver con la Cataluña real). Dicho esto, es mérito de Santamaría haber indagado sobre el trasfondo ideológico de una formación política que supo ocultarlo a través del recurso sistemático a las más primarias cuestiones identitarias y sentimentales, haciendo arraigar la estúpida idea que CiU era la verdadera “gent de casa”. Un trasfondo ideológico hoy ve luz con las políticas sociales y económicas desplegadas por el gobierno de Artur Mas.
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"Els orígens de Convergència Democràtica de Catalunya. La reconstrucció del nacionalisme conservador (1939-1980)"

ANTONIO SANTAMARÍA


Nacido en Melilla en 1959, desde 1966 reside en Sabadell (Barcelona). Periodista y escritor, ha trabajado como analista político en "Diari de Sabadell" y ha colaborado en distintas revistas de actualidad política y cultural como "El Triangle", "El Viejo Topo", "Transeuropéenes" o "Cuadernos de Alzate". Es autor de diversos libros relacionados con los nacionalismos y con el pleito de las identidades, como "Foro Babel, el nacionalismo y las lenguas de Cataluña" (1999), "Los nacionalismos. De los orígenes a la globalización" (2001), "Pi y Margall, Federalismo y República" (2006) o "Els orígens de Convergència Democràtica de Catalunya. La reconstrucció del nacionalisme conservador (1939-1980)".

martes, 9 de junio de 2015

Los Sumarroca y los Pujol

Sumarroca y Pujol, dos familias unidas para hacer negocios con la Administración

Las relaciones con la Generalitat de las empresas de la familia de Carles Sumarroca Coixet, fundador de CDC e íntimo amigo de Jordi Pujol, también son denunciadas en la querella presentada por Guanyem y Podemos
Dossier de presentació d'Emte de finals dels anys 90, quan Carles Sumarroca n'era el president, i Jaume Rosell (pare de Sandro Rosell) el conseller delegat
Dossier de presentación de Emte de finales de los años 90, cuando Carles Sumarroca era el presidente, y Jaume Rosell (padre de Sandro Rosell) el consejero delegado

más INFO


La querella presentada este martes por Guanyem Barcelona y Podemos no sólo apunta a la familia Pujol Ferrusola sino a otra familia muy cercana: la de Carles Sumarroca Coixet, fundador de Convergència Democrática de Catalunya e íntimo amigo de Pujol. Los demandantes acusan a las dos familias de concesiones irregulares de contratos públicos y cohecho.
Carles Sumarroca Coixet forma parte del círculo de amistades más íntimo de Jordi Pujol, desde hace muchos años, tanto es así que personas que colaboraban muy estrechamente con Sumarroca a principios de los años ochenta opinan que podría perfectamente tratarse de la "persona de la máxima confianza" a quien Pujol se refiere en su confesión como administradora del patrimonio familiar que supuestamente dejó el abuelo Florenci. O los fondos y activos que se esfumaron de Banca Catalana antes de la intervención del Banco de España.

Una relación con historia

En sus memorias, Pujol sólo cita Sumarroca en una ocasión, y muy de pasada, como integrante del grupo de directivos y empresarios catalanistas que, liderados por él mismo, en 1970 impulsó, con éxito, la candidatura de Agustín Montal a la presidencia del FC Barcelona. Dentro de este reducido grupo Pujol cita también a Jaume Rosell, padre de otro presidente del Barça, Sandro Rosell, y socio de Sumarroca en Emte. Ambos son fundadores de CDC. Sumarroca tiene el carné número 24 y Rosell padre el 23.
En los años ochenta, Sumarroca se hizo cargo de El Correo Catalán, el diario de Pujol que ya no era suyo. El empresario también impulsó y presidió la Pimec, la patronal de la pequeña y mediana empresa de inspiración catalanista, por contraposición a Sefes, con quien más adelante acabaría fusionado. Su hijo mayor, Carles Sumarroca Claverol, hoy vicepresidente de Comsa Emte, intentó emular al padre con el asalto de la gran patronal, Fomento del Trabajo, pero la candidatura de la que formaba parte resultó derrotada y de resultas de ello nació Femcat, que Sumarroca hijo presidió durante dos años.
Las relaciones que ahora se denuncian ante la Audiencia Nacional irían desde la empresa de las esposas de los dos convergentes, hasta la concesión de obras públicas o la elaboración de informes técnicos para la obtención de licencias de parques eólicos. En el caso de Hidroplant, empresa de la que eran socias Marta Ferrusola y Núria Claverol, esposa de Carles Sumarroca, es conocido que obtuvo contratos públicos durante años de gobierno de Pujol. En los demás casos, se trataría de un entramado más elaborado.

Licencias de parques eólicos

La querella apunta que entre los años 2002 y 2003 la mayoría de los informes medioambientales para obtener licencias de los parques eólicos otorgados por la Generalitat fueron elaborados por Entorn SL Enginyeria i Serveis, regentada por el hijo del expresident Pere Pujol Ferrusola, que la fundó con Albert Sumarroca Claverol, y por Codema Serveis Agroalimentaris, presidida por el padre Carles Sumarroca. El texto asegura que "algunas concesiones administrativas de parques eólicos fueron otorgadas de manera sospechosa a personas del entorno de CDC mediante informes de impacto ambiental elaborados por Entorn SL y Codema Serveis".
En ese momento, Oriol Pujol Ferrusola era secretario general del departamento de Trabajo, Industria, Comercio y Turismo, responsable de la concesión de licencias. En este contexto, tanto las concesiones administrativa como los informes ambientales necesarios para las concesiones se encontraban en manos de la familia Pujol y, según destacan los denunciantes, llegaron en algunas ocasiones a desbloquear expedientes negativos por parte del Departamento de Medio Ambiente.

Comisiones por obra pública

Teyco y Emte, empresas de construcción e ingeniería de la familia Sumarroca, han recibido numerosos contratos de obra pública de la Generalitat. Jordi Sumarroca, hijo del empresario y representante de Teyco, ha sido imputado recientemente por la trama de adjudicaciones irregulares del Ayuntamiento de Torredembarra.
Los querellantes destacan especialmente el hecho de que Emte, obtuvo uno de sus contratos más importantes, en una unión temporal con otras empresas, justamente antes de la convocatoria de las elecciones del 2003 que desbancaron a CiU por primera vez del gobierno de la Generalitat: la concesión, por importe de 150 millones de euros, para la ejecución del proyecto y las obras de sistemas de comunicaciones de la línea 9 del Metro de Barcelona.
Lo que remarcan Guanyem y Podemos en este hecho es que paralelamente a los contratos obtenidos por las empresas de los Sumarroca, constan relaciones comerciales de consultoría prestadas por la empresa Project Marketing Cat, realizadas por Jordi Pujol Ferrusola, a Emte. En el texto entregado a la Audiencia Nacional consideran que "resultan sospechosas de ser pagos encubiertos de comisiones, ya que no responden a una prestación de servicios acreditada por parte de Jordi Pujol [Ferrusola]".
Con la llegada del tripartito, la facturación del grupo Sumarroca cayó en picado, y esta es la principal razón de su fusión con Comsa, el holding de la familia Miarnau, operación que dio pie a la creación de uno de los principales grupos constructores de Catalunya. Actualmente, Comsa-Emte reúne unas setenta empresas dedicadas a la construcción de obra pública, ingeniería eléctrica y mecánica, ingeniería de sistemas, mantenimiento, gestión de concesiones, energías renovables, medio ambiente, logística y transporte.

Pujol & Puig Antonio Fernandez

Pujol & Puig

Los increíbles negocios y chanchullos de dos poderosas familias catalanas. La gran investigación periodística de uno de los mayores escándalos de corrupción
La historia de la Cataluña de las últimas décadas no se entiende sin un fenómeno peculiar: la saga de los Pujol. Este libro traza un perfil de lo que ha significado esta familia a lo largo de más de treinta años entrelazando historias jamás contadas, descubriendo datos nuevos y aportando luz sobre algunos pasajes de la reciente actualidad catalana.
Los servicios de inteligencia españoles les dejaron hacer defendiéndoles a capa y espada durante años hasta que en 2002 el entonces CESID neutralizó un chantaje sobre el hijo mayor del president, Jordi Pujol Ferrusola, y su socio, Jordi Puig. Pero diez años más tarde, cuando el patriarca decidió apoyar las tesis independentistas, se abrió la veda y comenzó una implacable caza.
Un sinfín de historias inéditas ayudan a comprender la coyuntura política y socioeconómica de la Cataluña actual: los negocios por medio mundo de Jordi Pujol Ferrusola y sus relaciones con importantes personajes, como el príncipe Tchokotua o el mexicano Raymundo Gómez Flores, las operaciones con empresas secretas, los nuevos documentos que salen a la luz...

Por estas páginas desfilan personalidades que vivieron la época dorada del pujolismo y que aportan datos esenciales para comprender a la familia y desvelan también cómo funcionaba el gobierno en la sombra donde el conseller en cap Artur Mas rendía pleitesía a Jordi Pujol Ferrusola. El libro presenta además la lista de las cien empresas donde tienen sus intereses los Pujol, así como el primer informe sobre el dinero de la familia en Andorra, realizado en los 90 por un detective que apareció muerto, y cuyo caso se tapó....
Un libro que no dejará a nadie indiferente y que está llamado a ser un referente en la investigación en Cataluña.

'La familia Pujol corporation', un nuevo libro de los periodistas José Alejandro Vara y Pablo Planas.

El libro 'La Familia Pujol corporation' se presentará este jueves de cara al público. Según la editorial, el lugar programado -el Hotel Majestics- canceló la reserva para el acto al enterarse del tema del libro, ya que se trata de un enclave "simbólico" para el nacionalismo catalán. El libro recoge información de dos periodistas cobre el clan Pujol, partiendo de la confesión del ex president de que tenía dinero en el extranjero.    
El Hotel Majestics es un lugar asociado a grandes actos de CiU. Allí, el partido firmó en 1996 el pacto del Majestics con José María Aznar, lo que permitió al 'popular' convertirse en presidente de España a cambio de desarrollar los modelos de financiación autonómica. Allí también han esperado los candidatos nacionalistas los resultados de las elecciones y los han celebrado cuando correspondía.

Por eso, qué mejor sitio para presentar un libro sobre Pujol que un sitio tan ligado a su partido. Eso es lo que pensaron desde la editorial Stella Maris al elegir el Hotel Majestics como escenario para presentar 'La familia Pujol corporation', un nuevo libro de los periodistas José Alejandro Vara y Pablo Planas.

Según la editorial, el hotel accedió a acoger el evento antes de darles información concreta sobre el libro. No obstante, al comentarles el título de la obra, les respondieron que la sala en la que se tendría que haber presentado el libro estaba ocupada. Al insistir, desde el hotel les aseguraron que estaba todo ocupado durante el mes de noviembre, según han contado los responsables del acto.

"Para ellos es muy comprometedor, están muy vinculados al nacionalismo", han aseverado desde la editorial. Señalan que no han recibido más reacciones pero que esperan que se les aplique el mismo "castigo" que a todas las voces "antinacionalistas" en Cataluña: el "silencio".

El libro recoge las investigaciones de los dos periodistas sobre el clan Pujol, comenzando el relato a partir que el ex president confesara que tenía una fortuna en el extranjero. Los periodistas intentan explicar el porqué de esa confesión a través de dos hipótesis: para proteger a sus hijos o para "politizar" el asunto.

Además, se preguntan cómo se ha podido ocultar durante tanto tiempo este dinero y las demás acciones de los miembros del clan y quién ha colaborado en ello. La editorial define al libro como "no solo la radiografía de un clan perseguido por la justicia", sino también como un "descarnado análisis del fulgor y la caída de Jordi Pujol, uno de los políticos más importantes e influyentes de Cataluña".