lunes, 21 de mayo de 2018

Josep y Miquel Badia 2 Golpistas del 34

uim Torra no ha ocultado su devoción por cuatro personajes del independentismo de la década de 1930: Josep Dencàs, Daniel Cardona, y los hermanos Badia, Miquel y Josep. A cada cual más violento y racista. Torra escribió que habían sido tiroteados por anarquistas de la FAI pagados por Falange «simplemente por querer ser catalanes». Eliminaron a Miquel Badia, según él, porque eran la representación del verdadero catalanismo frente a la tibieza de algunos nacionalistas y el obrerismo castellanizante de otros. Es la historia oficial del nacionalismo catalán, muy dado a la tergiversación y a la ocultación.
Es cierto que Miquel Badia, como jefe del Servicio de Orden Público y de los «escamots», los camisas pardas de las Juventudes de ERC y Estat Català (Jerec), se ensañaban con los anarquistas, y que éstos tenían ganas de venganza. Pero quien odiaba a Miquel y se puso en contacto con los anarcosindicalistas para ajustar cuentas fue Lluis Companys. El rumor en Barcelona sobre la implicación del entonces president en el doble asesinato se extendió rápidamente, aunque la guerra y la confrontación entre el CNT/FAI, ERC, PCE y POUM cerró en falso el asunto. Luego vino la mitificación de Companys, y todo se tapó. Tarradellas siempre dijo que «había mucha niebla» en aquel suceso.
Miquel Badia había nacido en 1906, en Torregrosa (Lérida) y llegó a Barcelona en 1922, donde residía su hermano Josep desde hacía tres años. Su propósito era estudiar Náutica para ser marino mercante, pero ambos quedaron deslumbrados por la organización y el discurso del nacionalismo catalán, que imitaba al fascismo de la mano de Cardona. La exaltación de la «raza catalana» y su vínculo con el paisaje natural llevaban a aquellos jóvenes al excursionismo y al culto al cuerpo. Badia, con 19 años, ingresó en el grupo «Bandera Negra» para preparar un atentado a Alfonso XIII en mayo de 1925 para dar un golpe de Estado, pero una delación permitió su detención y Miquel pasó un tiempo en los penales. Años después, el terrorista Badia escribió que planeó el acto para «librar y vengar su patria». Una amnistía lo puso en la calle, y Francesç Macià lo reclutó para que organizara institucionalmente a los «escamots» de los Jerec como fuerzas de choque y actuaran como policía política. Donde a Miquel comenzaron a conocerle como «Capità Collons».

Miquel Badia Golpista Octubre 1934

Tuvo un destacado papel en los hechos del 6 de octubre de 1934. José Tarín-Iglesias cuenta en La rebelión de la Generalidad (Plaza y Janés, 1988) cómo llegó a la plaza de Sant Jaume en un desca­potable esgrimiendo un fusil ametrallador, y como él y Josep Dencàs, conseller de Governació, también de Estat Català, se hicieron unos uniformes para la ocasión, con graduaciones, e incluso , en el caso de Dencàs, con un fajín decorado con la estelada. Al fracasar la intentona, refugiados en la Conselleria d’Interior (ubicada donde luego estuvo el Gobierno Civil) huyeron por las alcantarillas, salieron sucios por detritus en la Barceloneta y se subieron a un coche, escapando a Francia. Ambos permanecieron en el extranjero hasta que, con la llegada del Frente Popular al Gobierno de España, fueron amnistiados.
El 28 de abril de 1936, cuando salían de su domicilio en el número 52 de la calle Muntaner, tres sujetos acabaron con ellos a tiros. El cortejo de su funeral fue multitudinario, destacando los miembros uniformados de Estat Ca­talà. Los autores del crimen fueron anarquistas comandados por un tipo despiadado llamado Justo Bueno , cuyo nombre es todo un oxímoron si tenemos en cuenta que en su haber también se cuenta la muerte del periodista Josep Maria Planes (que había denunciado las actuaciones delictivas de la FAI) y que también enterró cinco cadáveres en un garaje, entre otras lindezas. Bueno fue fusilado en el Camp de la Bota en 1944. La presencia de su nombre en el memorial que hay allí causa disputas aún, pues grupos independentistas piden que sea borrado. Pero una cosa son los autores y otra el motivo. El crimen ha sido calificado como uno de los grandes enigmas de la época republicana y nunca quedó del todo esclarecido. Sobre esto hay varias versiones. Una, que fue una venganza anarquista por la represión sufrida a cargo de Badia. Otra, que el día en que los hermanos fueron asesinados Miquel iba a entregar un dossier contra Companys.
Miquel Badia era un hombre violento en tiempos turbulentos. Quim Torra le ensalza, pero hay que decir que no es el único. En el 2011, 80 personas firmaron un manifiesto en el que se pedía una calle en Barcelona para los hermanos. Entre los que lo rubricaron estaban también Josep Rull o Oriol Junqueras, quien también participó, con Torra, en un homenaje a los Badia en el 2013. En cualquier caso, un legado problemático, salpicado de violencia y marcado por crear milicias paramilitares fascistoides. Es curioso que, al informar de su muerte, La Vanguardia destacaba la nor­malidad política en Catalu­nya, “ejemplo para el resto de España”. A los 80 días, en el país se sumía en la Guerra Civil.

lunes, 14 de mayo de 2018

QUIM TORRA sus Escritos

Están aquí, entre nosotros. Les repugna cualquier expresión de catalanidad. Es una fobia enfermiza. Hay algo freudiano en estas bestias. O un pequeño bache en su cadena de ADN. ¡Pobres individuos! Viven en un país del que lo desconocen todo: su cultura, sus tradiciones, su historia. Se pasean impermeables a cualquier evento que represente el hecho catalán. Les crea urticaria. Les rebota todo lo que no sea español y en castellano.
Tienen nombre y apellidos las bestias. Todos conocemos alguna. Abundan las bestias. Viven, mueren y se multiplican. Una de ellas protagonizó el otro día un incidente que no ha llegado a Cataluña y merece ser explicado, como un ejemplo extraordinario de la bestialidad de estos seres. Pobres bestias, no pueden hacer más.