Tuvo un destacado papel en los hechos del 6 de octubre de 1934. José Tarín-Iglesias cuenta en La rebelión de la Generalidad (Plaza y Janés, 1988) cómo llegó a la plaza de Sant Jaume en un descapotable esgrimiendo un fusil ametrallador, y como él y Josep Dencàs, conseller de Governació, también de Estat Català, se hicieron unos uniformes para la ocasión, con graduaciones, e incluso , en el caso de Dencàs, con un fajín decorado con la estelada. Al fracasar la intentona, refugiados en la Conselleria d’Interior (ubicada donde luego estuvo el Gobierno Civil) huyeron por las alcantarillas, salieron sucios por detritus en la Barceloneta y se subieron a un coche, escapando a Francia. Ambos permanecieron en el extranjero hasta que, con la llegada del Frente Popular al Gobierno de España, fueron amnistiados.
El 28 de abril de 1936, cuando salían de su domicilio en el número 52 de la calle Muntaner, tres sujetos acabaron con ellos a tiros. El cortejo de su funeral fue multitudinario, destacando los miembros uniformados de Estat Català. Los autores del crimen fueron anarquistas comandados por un tipo despiadado llamado Justo Bueno , cuyo nombre es todo un oxímoron si tenemos en cuenta que en su haber también se cuenta la muerte del periodista Josep Maria Planes (que había denunciado las actuaciones delictivas de la FAI) y que también enterró cinco cadáveres en un garaje, entre otras lindezas. Bueno fue fusilado en el Camp de la Bota en 1944. La presencia de su nombre en el memorial que hay allí causa disputas aún, pues grupos independentistas piden que sea borrado. Pero una cosa son los autores y otra el motivo. El crimen ha sido calificado como uno de los grandes enigmas de la época republicana y nunca quedó del todo esclarecido. Sobre esto hay varias versiones. Una, que fue una venganza anarquista por la represión sufrida a cargo de Badia. Otra, que el día en que los hermanos fueron asesinados Miquel iba a entregar un dossier contra Companys.
Miquel Badia era un hombre violento en tiempos turbulentos. Quim Torra le ensalza, pero hay que decir que no es el único. En el 2011, 80 personas firmaron un manifiesto en el que se pedía una calle en Barcelona para los hermanos. Entre los que lo rubricaron estaban también Josep Rull o Oriol Junqueras, quien también participó, con Torra, en un homenaje a los Badia en el 2013. En cualquier caso, un legado problemático, salpicado de violencia y marcado por crear milicias paramilitares fascistoides. Es curioso que, al informar de su muerte, La Vanguardia destacaba la normalidad política en Catalunya, “ejemplo para el resto de España”. A los 80 días, en el país se sumía en la Guerra Civil.
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