domingo, 30 de noviembre de 2014

Los Errores de los Nacionalistas

1.-Inventan la Historia
2.-Separan para defender la casta
3.-Se creen mejores
4.-No son solidarios


1.- Deshaciendo equívocos y supuestos.

La gestión de los catalanistas durante tres décadas ha sido el mejor exponente de las políticas excluyentes con las que se han blindado. Tras la maraña de senyeras, banderas esteladas y proclamas del “derecho a decidir”, encontramos un oscuro panorama de corrupción, de endeudamiento y, finalmente, de estado de quiebra fáctica socorrida por el FLA (Fondo de Liquidez Autonómica del Estado). La tozuda realidad ha desprovisto a Cataluña del tradicional estereotipo de gestión moderna y eficaz. De la galería de fiascos forma parte el despropósito de las operaciones “políticas” que ha caracterizado los grandes proyectos financieros, energéticos y aeronáuticos que han urdido las élites catalanistas. Un análisis somero de estos proyectos revelan a las claras los objetivos y procedimientos de la NUEVA burguesía y casta autonómica catalanas –la burocrática y la de negocios-, que describen Emmanuel Rodríguez e Isidro López en su réplica (1) a los planteamientos de Gerardo Pisarello y Jaume Asens(2). Se trata de una burguesía especulativa y ligada a la corrupción. La familia Pujol puede ser un claro referente.

Es bastante común dar validez a la posición victimista de los nacionalismos “periféricos”. En la mayoría de las exposiciones históricas y políticas se da por supuesto un diferencialismo catalán cimentado sobre la acumulación de agravios y agresiones centralistas (centralismo y españolismo expresan lo mismo en el lenguaje catalanista). Así, se habla de la búsqueda del “acomodo”, “cohabitación”, “encaje”, “falta de afecto”, etc., de Cataluña en España, PARA compensar supuestos maltratos, malquerencias, incomprensiones y desafectos por parte española, COMO si se tratara de una “cuestión de género” o de una desavenencia matrimonial entre dos partes contratantes. Es sintomático que tal cuestión nunca se plantea en términos de ciudadanía democrática y menos aún de “patriotismo constitucional”.
Ese discurso construido por los catalanistas desde el Romanticismo hasta hoy ha sido siempre una reacción al triunfo del liberalismo y a la irrupción de la democracia y política de masas de principios del siglo XX. No es un discurso nada original ni singular, es parte del construido por todos los nacionalismos surgidos en las regiones ricas de los ESTADOS nacionales europeos formados en el siglo XIX, es decir, en el Norte geográfico y económico de unos mercados nacionales con fuertes desigualdades regionales, donde la existencia de un Norte rico contrastaba con la de un Sur pobre.
En Alemania entre los bávaros y en Italia entre los de Lombardía y el Véneto existe una literatura política, similar a la de los nacionalistas vascos o catalanes, que expresa un agrio rechazo con fuertes tintes racistas respecto a las regiones más pobres del Sur y a la mano de obra que fluía del mundo agrario tradicional a los centros de la industrialización localizados en las regiones en vías de enriquecimiento. Demógrafos, ideólogos, historiadores, políticos, justificaban el enriquecimiento del Norte económico como fruto de la laboriosidad, moral y capacidad de sus “pueblos” y explicaban el empobrecimiento del Sur por la haraganería, destemplanza, vicios e incapacidad de sus “pueblos”, de modo muy similar a como los publicistas colonialistas justificaban la sociedad colonial por el desorden moral, inferioridad mental y vagancia de los colonizados. La diferencia entre unos nacionalistas y otros (entre los periféricos españoles y los lombardos, por ejemplo) estriba en que en España el Estado liberal era lo suficientemente débil como para que los movimientos nacionalistas reaccionarios se convirtieran en “cuestión nacional”.
El victimismo y sentido del agravio de muchos industriales catalanes subsistió incluso en tiempos del franquismo, no porque el régimen fuera poco o nada respetuoso con la lengua y la cultura catalanas, sino porque, a pesar de que el régimen supuso el fin de la anarquía, el desorden social y la revolución que tanto les aterrorizaba, el franquismo, DESDE los años 50, dio unos primeros pasos de reglamentación del mundo laboral y del sistema de Seguridad Social, que dificultaba el despido, regulaba las bajas médicas, obligaba a pagar las correspondientes cuotas a los industriales, etc. Quienes se lamentaban de tal modo, hecho bien DOCUMENTADO, alegaban que tales prácticas propiciaban la holganza, vicios y propensión a la picaresca de trabajadores advenedizos, escasamente identificados con la laboriosidad e idiosincrasia del país. Se trata del mismo discurso del “déficit fiscal”, del “España nos roba”, etc., con el que se trata de desmontar o limitar el alcance de la fiscalidad redistributiva estatal.
Por ello, la posición de los nacionalistas catalanes sobre el “derecho a decidir” no es, en realidad, resultado ni de la opresión, ni del expolio ni de la “falta de afecto” por parte de los españoles ni del Gobierno central. Por el contrario, es ilustrativa del nacionalismo de región rica, que ha gozado de una posición privilegiada en el mercado español y de una posición de superioridad en su relación con otras regiones españolas. Por lo que se aboga es por el estatus diferenciado del rico, que no acepta COMER en la misma mesa que los pobres.
Un segundo equívoco, asumido por propios y extraños, es la identificación de Cataluña con la modernidad y la europeidad en contraste con una España anacrónica, atrasada y casi “africana”. Como es obvio, detrás de estos tópicos subyace una fuerte carga ideológica xenófoba. El supuesto de la europeidad y modernidad catalanas ha sido siempre una clave de la bóveda construida por la historiografía catalanista. Pero, hay también una historiografía española, subalterna de la catalanista, en la que Cataluña es el paradigma español de europeidad y modernidad. El derecho a decidir se presenta ante Europa justo en esos términos, asociados a los de un pueblo tolerante y democrático que se ve impedido de votar por un ESTADO intolerante y autoritario.
No siempre han casado del todo modernidad y europeidad con catalanismo, y menos aún éste con democracia. Con motivo de la celebración oficial del “mil.lenari de Catalunya” (de la Cataluña carolingia), el historicismo mitómano publicitado de forma apabullante desde el poder no cesaba de proclamar una europeidad originaria, desconocida PARA el resto de España, que servía tanto para situar los “orígenes europeos” en el Imperio carolingio como para remontar los “orígenes nacionales” a Guifré el Pilós (el Don Pelayo catalán). En realidad, se trataba de una Cataluña abans letre, pues no se conocían por aquel entonces ni el NOMBRE ni la cosa deCatalunya. El mil.lenari y la parafernalia del Premio Carlomagno fueron un utilísimo instrumento para conformar una identidad “nacional” catalana surgida a lo largo de la Edad Media. La “formación nacional” se remitía a una ideología medievalizante y feudalizante, ajena y alejada de la Europa moderna, de la modernidad y de las revoluciones liberales.
Esa escuela historiográfica, de cuño romántico conservador, ha tenido su correlato en la historiografía “castellana” (caso de Vicente Cacho Viú y muchos otros), que, pese a las evidencias y a la historiografía catalana crítica, ha considerado a Cataluña reducto casi exclusivo en España de la modernidad europea, receptora del positivismo, etc.
El grueso del flujo de movimientos ideológicos, sociales y políticos que confluyen en el catalanismo son reacciones al triunfo del liberalismo en España y no al conservadurismo español. Es más, en las colonias fabriles catalanas, uno de los motores de la industrialización en Cataluña, los industriales –como hace ya algún tiempo mostró Ignasi Terrades- crean estructuras de su idea “pairalista” del ESTADO, verdadero anhelo del pensamiento catalanista –un sistema protector en que no solo el trabajo, sino la vivienda, el consumo, la escuela, la capilla, el ocio…, están regulados y controlados por el industrial-. Aparte del atractivo del aprovechamiento de la energía hidráulica, había otros atractivos más estimulantes para ubicar las colonias fabriles lejos de Barcelona en las cuencas de los ríos Ter y Llobregat: la huida del desorden social, de los conflictos laborales, de los motines populares y “rebomboris” que acarreó la IMPLANTACIÓN del liberalismo en España. Desde entonces, la ineficacia represiva para contener el “desorden social”, del que Barcelona era su mejor exponente, la implantación de una fiscalidad estatal y la ausencia de políticas proteccionistas de sus negocios han sido para los catalanistas síntomas inequívocos de la ineficacia, el atraso y el parasitismo del Estado español. Nada tiene que ver su rechazo al Estado (España) con la modernidad.
Ese miedo a las clases subalternas, que alcanza al “forani”, al intruso, al inmigrante y a las perturbaciones políticas (asociadas a España) llega a nuestros días. Conviene recordar que fue precisamente en Barcelona donde las fuerzas de seguridad, las de la Generalitat, se EMPLEARON con una violencia inusitada contra los acampados del 15 M en la Plaza de Cataluña. La violencia desplegada está en línea con la exclusión política, social y mediática de las generaciones que pueden sentirse representadas por Loquillo, por los personajes de Marsé o los de Javier Cercas en Las leyes de la frontera.

lunes, 17 de noviembre de 2014

La Barbarié Nacionalista

Los nacionalistas presentan el «Corpus de sangre» como una revolución heroica contra España, cuando en realidad fue una sangrienta semana sin ley en la que muchos catalanes y castellanos perdieron la vida. La anexión a Francia tuvo graves consecuencias económicas

Dentro de la mitología nacionalista, el «Corpus de sangre» es relatado como una revolución heroica contra España, «cuando en realidad fue una sangrienta semana sin ley en la que muchos catalanes y castellanos perdieron la vida», explica el hispanista Henry Kamen en su último libro –«España y Cataluña: Historia de una pasión»–. «Los nobles y verdaderos catalanes, a quien tocaba por derecho de fidelidad y de sangre la defensa de la justicia, de la patria y de la honra del Rey, estaban cubiertos de miedo en sus casas sin atreverse a salir», escribe un catalán de la época.
A causa de la exigencia de mayor compromiso económico hacia la Monarquía Hispánica y, sobre todo, de su enemistad personal con el virrey, parte de la burguesía y la nobleza catalana auspició en 1640una revuelta popular contra el ejército real que había acudido a esta región española a combatir a Francia. La población odiaban a la soldadesca de los tercios, muchos de ellos extranjeros, por las requisas de animales y los destrozos ocasionados a sus cosechas, así como por las afrentas derivadas del alojamiento forzoso en sus casas, pero no buscaba la separación de España, si acaso soñaban con una rebelión contra todos los amos. Asustados por la brutalidad de la revuelta, la oligarquía recurrió a una calamitosa alianza con la Francia del Cardenal Richelieu, que causó graves perjuicios económicos a los campesinosLuis XIII inundó la administración de franceses y los mercados de productos de su país.
La Sublevación de Cataluña de 1640 tuvo su germen en la hoja de reformas con la que el Conde-Duque de Olivares buscaba repartir los esfuerzos y exigencias de mantener un sistema imperial entre los territorios que conformaban la Monarquía Hispánica. Hasta entonces Castilla había cargado de forma desproporcionada con los compromisos en Europa de la dinastía Habsburgo. Sin embargo, una profunda crisis demográfica azotaba las tierras castellanas, que, como ha descrito el hispanista Joseph Pérez, «se hallaban exhaustas, arruinadas, agobiadas después de un siglo de guerras casi continuas. Su población había mermado en proporción alarmante; su economía se venía abajolas flotas de Indias que llevaban la plata a España llegaban muchas veces tarde, cuando llegaban, y las remesas tampoco eran las de antes».
Las reformas no pudieron ser recibidas en Cataluña con más hostilidad. El Conde-Duque de Olivares presentó oficialmente en 1626 lo que vino a llamarse la Unión de Armas, según la cual todos los «Reinos, Estados y Señoríos» de la Monarquía Hispánica contribuirían en hombres y en dinero a su defensa, en proporción a su población y a su riqueza. Si bien a la Corona de Castilla, que suponía cerca del 70% de la población de la Península Ibérica, le tocaba aportar 44.000 soldados, al Principado de Cataluña y otras regiones de poca poblacióndebían aportar 16.000 soldados.
No en vano, la poca implicación catalana en asuntos militares venía de lejos. En 1542, el III duque de Alba, Fernando Álvarez de Toledo, tuvo que supervisar los preparativos en Cataluña para una posible invasión francesa. Ante la poca moral y el pobre estusiasmo mostrado por los soldados catalanes, el duque recomendó el envío de tropas de otros lugares de España. «He echado un vistazo aquí a algunos de los soldados reclutados, y estoy tan insatisfecho con ellosque casi no me atrevo a comentárselo a Su Majestad. Le ruego que ordene con la mayor urgencia se sirvan hombres procedentes de Castilla y de otras regiones donde se recluten», reclamó el general castellano a Felipe II.
Es por esta razón que la oligarquía catalana vio en el proyecto de Olivares una nueva amenaza a lo que el nacionalismo moderno ha llamado «las libertades históricas», aunque realmente eran una serie de privilegios administrativos de origen medieval. Cabe recordar que los fueros prohibían expresamente servir en el ejército fuera del Principado.

Las Cortes catalanas contra Felipe IV

Bajo este clima de hostilidad, el 26 de marzo de 1626 Felipe IV visitó Barcelona para jurar las Constituciones catalanas y conseguir apoyos a la Unión de Armas. Poco después se inauguraron las Cortes catalanas que llevaban sin celebrarse desde 1599. Como las sesiones se alargaban y solo se trataban las quejas acumuladas durante los 27 años sin Cortes, el Rey Felipe IV abandonó precipitadamenteBarcelona el 4 de mayo de 1626, frustrado por no haber podido abordar la Unión de Armas. Y no era el único asunto pendiente con la nobleza catalanas. La actuación de los últimos virreyes –representantes del Rey en esta región– en asuntos como la lucha contra el bandolerismo y el cobro de impuestos habían levantado muchas atipatías hacia Castilla.
La llegada de Felipe IV al trono fue cantada por la propaganda castellana como el regreso a los tiempos gloriosos de Carlos I y Felipe II. Pero lo único que hizo el nuevo Monarca fue infectar más las heridas del Imperio Español e involucrarse en todavía más frentes. Ya inmersa en la Guerra de los Treinta años desde el reinado de Felipe III, la Monarquía Hispánica abrió otra guerra en 1635 con la Francia del Cardenal Richelieu. El conflicto se trasladó rápidamente a las puertas de Cataluña, lo que fue aprovechado por el Conde-Duque de Olivares para exigir urgentemente tropas a la Generalitat.
Para llevar a efecto sus planes, el valido nombró como nuevo virrey de Cataluña en 1638 al conde de Santa Coloma, un hombre de su plena confianza pero enemistado por razones personales con la nobleza y la burguesía local. La negativa ese mismo año dela Diputación de la Generalitat a que tropas catalanas acudieran a levantar el sitio de Fuenterrabía (Guipúzcoa), a donde sí habían acudido tropas desde Castilla, Aragón y Valencia, deterioró más la relación con la corte madrileña, que ordenó al virrey elevar su dureza. Así a lo largo de 1640 el virrey Santa Coloma, siguiendo las instrucciones de Olivares, adoptó medidas cada vez más drásticas contra los pueblos donde las tropas no eran bien recibidas.
Mientras tanto, la población –ajena a las disputas entre nobles y reyes– asistió cada vez más molesta a las exigencias del ejército de 40.000 hombres que se alojaba en Cataluña para combatir a Francia. Y como suele ocurrir en estos casos, un aislado episodio de tensión entre la población y la milicia precipitó una rebelión generalizada. En varios pueblos de Gerona, no en vano, la lucha armada contra los ejércitos reales ya era un hecho. El 7 de junio de 1640, en el conocido como día del «Corpus de Sangre», un pequeño incidente en la calle Ample de Barcelona causado por un grupo de segadores, entre los que había rebeldes disfrazados procedentes de Gerona, encendió la sublevación en toda Cataluña.
Con las tropas españolas dispersas en distintos frentes, los pocos efectivos que estaban en Barcelona no pudieron frenar la revuelta popular, que tampoco obedecía ya a la élite local. El virrey de CataluñaDalmau de Queralt, conde de Santa Coloma, fue asesinado en una playa barcelonesa cuando intentaba huir de la ciudad. En los siguientes días, la sublevación derivó en una revuelta de empobrecidos campesinos contra la nobleza y ricos de las ciudades que también fueron atacados. «Sin razón ni ocasión los catalanes se han sublevado en una rebelión tan absoluta como la de Flandes», lamentó Olivares.

Francia: por el interés te quiero Andrés

Cuando la oligarquía catalana fue capaz de recuperar parcialmente el control de la región, decidieron pedir ayuda al máximo enemigo de la Monarquía Hispánica: el Reino de Francia. El Cardenal Richelieu no desperdició una oportunidad tan buena para debilitar a la Corona Española y apoyó militarmente a los sublevados. Aún así, al principio la alianza con Francia no dio los frutos deseados y el avance del ejército de Felipe IV despertó otra revuelta popular –en este caso, en apoyo a la Corona Hispánica–.
En vez de dar marcha atrás, los gobernantes rebeldes ampliaron la alianza con Francia: Cataluña se constituyó en república independiente bajo la protección del país vecino. Pero el Rey de Francia Luis XIII no se conformó con este acuerdo y antes de terminar ese mismo año, 1641, se proclamó nuevo conde de Barcelona, rememorando el antiguo vasallaje de los condados catalanes con el Imperio Carolingio. El Rey francés nombró un virrey francés y en poco tiempo llenó la administración catalana de conocidos pro-franceses. La población de Cataluña y muchos nobles empezaron a percibir que estaba peor que antes de la sublevación contra España. El pulso al Conde-duque de Olivares había desembocado en una guerra cuyos gastos militares estaban financiando ellos, justo la causa por la que iniciaron la revuelta. A esto había que sumar la agresiva introducción de productos franceses en los mercados locales.
Durante doce años, la región de Cataluña permaneció bajo control francés hasta que el final de la Guerra de los Treinta años y el enfriamiento del choque hispano-francés permitió a Felipe IV recuperar el territorio perdido. Conocedor del descontento de la población catalana con la ocupación francesay aprovechando las débiles defensas tras una virulenta peste, un ejército dirigido por Juan José de Austria rindió Barcelona en 1651. Los catalanes aceptaron de buena gana las condiciones del hijo bastardo de Felipe IV.
La huida hacia delante y sin destino de la oligarquía catalana había sido aprovechada por Francia para dañar al Imperio español, sin la menor consideración por Cataluña. Desde el principio, Luis XIII dejó claro que respetaba los fueros catalanes menos que los castellanos y solo veía en Cataluña una buena colonia donde colocar sus productos. Pere Moliner, uno de los catalanes que permaneció fiel a Felipe IV, resume nítidamente el conflicto en su frase: «Fueron cuatro ambiciosos de mejor fortuna, remoleando la provincia del tranquilo mundo de la paz al procelosos golfo de su naufragio».
Como recordatorio histórico de su error, Cataluña –y por tanto España– nunca recuperaron las tierras del Rosellón que habían sido tomadas por las tropas francesas en el contexto de la guerra.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

El Modernisme

EL MODERNISME

El Modernisme és un moviment cultural, literari i artístic que neix pels volts dels anys
90 del segle XIX amb uns objectius clars: modernitzar i europeïtzar la cultura i la
literatura catalanes. Els modernistes critiquen la societat i la cultura catalanes, que
consideren anacròniques, és a dir, antiquades, i localistes. Es proposaran promoure
una cultura i un art moderns i europeus, superant els models vuitcentistes.

LÍMITS CRONOLÒGICS DEL MODERNISME

 Podem dir que el Modernisme apareix com a moviment global l'any 1892 quan
la revista L'Avenç es convertirà en la plataforma d’aquest moviment, ja que
recollirà totes les novetats artístiques i literàries que s'estan produint a Europa.

 Es dóna com a data de tancament del moviment modernista l'any 1911, en què
moren dos modernistes significats: el poeta Joan Maragall i el pintor Isidre
Nonell. Amb tot, es considera que l'última obra literària modernista és la
novel·la La vida i la mort d'en Jordi Fraginals, de Josep Pous i Pagès, publicada
l'any 1912.

Fases del Modernismo.-

Siguiendo a Ricardo Gullón11 podemos determinar dos fases en el movimiento modernista:
A) El Modernismo Canónico.-
ß Esteticismo.
ß Escapismo que escapa de la realidad
ß Literatura de los sentidos.
ß Influencia parnasiana

OBJECTIUS DEL MOVIMENT MODERNISTA

Com s'ha dit abans, el Modernisme pretén renovar, modernitzar i posar a nivell
europeu la cultura, la literatura i l'art catalans. Per tant, representa bàsicament una
oposició entre present i passat, entre tradició i progrés. Per als artistes modernistes,
l'art, la literatura, la cultura en general han de respondre als temps que corren i
canviar al mateix temps que ho fa la història. Acusen la societat catalana d'estar
endarrerida en tots els aspectes: científic, literari, cultural, artístic, polític, etc.

Quin era el panorama literari amb què es troben els modernistes?

En el terreny literari, el panorama que es troben els modernistes és el d'una l
"Bohèmia daurada" i "Bohèmia negra"

Les actituds i els comportaments del grup modernista esteticista estan molt lligats al
que s'anomena "bohèmia", una forma de vida, de comportar-se, de vestir-se, etc, 

LLUIS BASSET La Gran Verguenza

En un capítulo de La gran vergüenza, editado en castellano por Península y en catalán por Columna, Lluís Bassets menciona que la confesión de Jordi Pujol ha supuesto, entre muchas otras cosas, que la actualidad catalana abandone el monotema del proceso y se vuelva dual. Sus palabras retumban en mi mente mientras voy a su encuentro para entrevistarle porque quedamos el día en que se ha registrado la casa de Oleguer Pujol.
Al llegar al restaurante donde acordamos vernos nos sentamos en una mesa que elimine el ruido del tráfico, pedimos una botella de agua y empezamos la charla casi al instante.
¿Sí todo el mundo lo sabía por qué nadie dijo nada antes del 25 de julio de 2014?
Pujol consiguió con la querella de Banca Catalana una especie de inmunización, como la que ha logrado Teresa Romero con el caso del Ébola. Casi lo procesaron, pero como al final no lo fue consiguió una especie de cinturón profiláctico donde todos los temas y escándalos generados a su alrededor no le afectaran porque el presidente estaba identificado con Cataluña y a partir de eso inmunizado de cualquier ataque, pues se entendía que quien arremetía contra él atacaba a Cataluña.
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Algo sorprendente si se tiene en cuenta que durante su presidencia proliferaron los escándalos.
Sí, la lista es larga. El caso Javier De la Rosa, los de Josep Maria Cullell y Jaume Roma, los líos alrededor de Prenafeta y muchos otros más.
Y su impunidad llega cuando desde el balcón de la Generalitat suelta un discurso donde afirma que a partir de ese momento desde Madrid no pueden dar lecciones morales.
La primera imagen que a todos nos vino a la cabeza tras la confesión es el discurso del 30 de mayo de 1984 cuando dijo que el gobierno hizo una jugada indigna. Hizo algo impresionante si leemos esa situación tras su confesión. Ese proceso estaba dirigido por el poder judicial. La mitad de los bancos que cerraron y quebraron durante esa crisis bancaria pasaron por situaciones parecidas. Cuarenta y cinco consejeros terminaron entre rejas. Nadie dijo que esos otros casos fueran dirigidos por el gobierno, pero en su caso concreto Pujol acusó al gobierno e incluso al PSC. Ese mismo día casi agredieron a Raimon Obiols en la entrada del Parlamento de Cataluña. El PSC se convirtió en el chivo expiatorio del caso Banco Catalana.
Contrasta lo de esta agresión a Obiols con el cerco el Parlamento de junio de 2011, son situaciones parecidas que se trataron políticamente desde ópticas bien distintas.
Exacto. Aquí hay algo muy interesante desde el punto de vista de la ciencia política. Pujol se ve atacado con el tema de Banca Catalana desde tesis fundamentadas. Pocos políticos propietarios de un banco, por mucho que pasara las acciones a la familia, terminan siendo presidentes de un gobierno. Hoy sería imposible. En el momento en que eso pasa en medio de una crisis bancaria, dentro de otra crisis económica e industrial muy fuerte, el banco de Pujol tenía participaciones industriales muy importantes, por lo cual estaba afectado por cierres de empresa, gente en la calle y manifestaciones. Él era el presidente y el encargado del orden público, quien debía proporcionar tranquilidad. La situación era muy difícil de controlar y la convierte en un instrumento para atacar a sus adversarios, tanto al gobierno de Madrid como a la oposición, y esto en definitiva es la esencia del tema de Banca Catalana.
A partir de mayo de 1984 se produce una consolidación en lo de identificar Pujol con Cataluña.
Se producen muchos movimientos, y uno de ellos pasó más bien desapercibido: Pujol consolida su poder interno dentro del partido. El caso Banco Catalana sirve para poner a prueba la fidelidad de la gente, sirve para definir la posición de cada persona dentro y fuera del partido, dentro y fuera de la coalición. Y en este sentido los que no apoyaron a Pujol quedaron marcados. El caso más claro es el de Macià Alavedra, quien se prestó como posible recambio y es castigado al instante.
Y termina siendo víctima de un cierto ostracismo.
Así es. Pujol sigue a rajatabla los consejos que da Maquiavelo en El príncipe. Convierte una debilidad en fortaleza, su punto de caída le sirve como pedestal para arrasar y fundamentar un poder que durará veintitrés años. Esto es básico para entender la importancia de la confesión. Si su poder no se fundamentara en una situación tan tensa la confesión no hubiera tenido tanta importancia. Al ser él mismo quien confesa esto lo sitúa en el abismo, al pie de los caballos.
La confesión también genera un profundo shock por su identificación con Cataluña y por la fascinación que, independientemente de si nos gustara o todo lo contrario, creó el personaje durante su larga trayectoria política.
No sólo fascinación. Las personas nacidas a partir de 1975 lo vieron siempre, era una presencia constante, una imagen y una voz familiar, intensa y moralizadora, la voz de una persona que daba lecciones de comportamiento hasta en lo familiar. Su presencia era muy fuerte y eso también provoca que la confesión haya tenido un efecto demoledor en la sociedad catalana.
Su punto paternalista puede recordar, salvando las distancias históricas, a la actitud del emperador Francisco José con los austríacos. Generó una sociedad reprimida por la figura paterna del mandatario. Aquí quizá no tuvimos esta sensación de represión de ese período hasta que llegó la confesión.
En el ámbito de Convergencia esta figura paternal es muy fuerte. Para la gente de su partido, incluido Artur Mas, la presencia de Pujol era dominadora y muy difícil de gestionar. En cierto sentido la confesión rompe el cordón umbilical que unía a los actuales dirigentes con el pasado de CiU.
Por un lado tenemos esta presencia externa que es la imagen que la sociedad tiene de su figura, pero por otra está el dominio dentro del partido, donde Pujol preparó una sucesión de corte dinástico.
Es evidente que estamos ante un partido presidencial que se construye alrededor del liderazgo de Pujol. Cuando él piensa en la sucesión lo hace en términos dinásticos. Se elige a Mas como una especie de Juan XXIII, de líder provisional a la espera de la llegada del líder auténtico, Oriol Pujol.
¿Veía a Mas como un hombre de paja?
Quizá esa era la intención, pero evidentemente Artur Mas no lo es porque ha luchado mucho por configurar su propia figura pese a que le pesa muchísimo el lastre de ser nombrado por Pujol. Él mismo se considera su hijo político y desde la confesión no le ha lanzado ningún reproche. Incluso como hombre de empresa, su vida en la economía privada, ha estado vinculada a Jordi Pujol Ferrusola. Toda la biografía de Mas se construye a la sombra de Jordi Pujol.
Para Artur Mas cortar este cordón umbilical es una fractura brutal tanto en su concepción política como en la del partido.
No sabemos qué ocurrirá con Convergencia. La confesión marca un antes y un después. CiU ha renovado su cúpula sin haber convocado ningún congreso, a toda prisa justo en el momento en que su número dos, Oriol Pujol, y el presidente fundador desaparecen del mapa. Eso conduce a que el partido se sienta huérfano y perdido en medio del Proceso y de la erosión demoscópica que sufre a manos de ERC, que cada vez gana más puntos en las encuestas.
Este avance de ERC y esta indecisión de CiU era impensable cuando Pujol dejó la presidencia en 2003.
Totalmente. Cuando se produce en CiU el relevo generacional, y Artur Mas accede al liderato, se vende la operación como un gran éxito en contraste con otros partidos que no supieron hacer este relevo. Ahora vemos que los fundamentos del relevo eran más bien frágiles. La crisis política general y el caso Pujol crearán un nuevo partido que no tendrá nada que ver con lo que conocemos.
Creo que en el libro menciona que a Marta Ferrrusola le gustaba la candidatura de Mas desde un punto de vista mercadotécnico.
Eso lo explican mejor, y los cito, los periodistas y comentaristas del ámbito convergente. Parece evidente que Mas es un heredero construido por el Pinyol y sale de la cocina de los Pujol, donde están Marta Ferrusola, los hijos y los amigos de los mismos.
Por su vocación de identificarse con Cataluña Pujol termina por descuidar a su verdadera familia.
Sí, esta es la interpretación canónica dentro de Convergencia. Él mismo ha declarado en varias ocasiones que una de las pocas cosas que se reprocha es no haberse cuidado mucho de sus hijos, no desde la educación, sino desde la vigilancia de lo que hacían.
Y con este reproche, y más tras la confesión, se exculpa.
Se lava las manos, como si por su exceso de trabajo no hubiera podido controlar lo que hacían sus hijos.
Algo curioso si se tiene en cuenta que en la mesa de Navidad de los Pujol se juntan muchos multimillonarios, algo impensable en 1980, cuando accedió a la presidencia de la Generalitat.
Unos de los aspectos más inquietantes del caso es que su ideario personalista, inspirado en el catolicismo francés más avanzado, Emmanuel Mounier, y su modo de encarar la ética política deberían haber creado una familia casi ejemplar, pero no un anti ejemplo. Pujol propugnaba familias numerosas y resulta que su mesa de Navidad sí, era una mesa de multimillonarios donde nadie se dedicaba a la cooperación ni a la filosofía.
Ninguno de ellos tiene un perfil intelectual.
Todos ellos pertenecen a ese mundo, tan criticado por el nacionalismo, de los negocios alrededor del poder que se tipifica en Madrid pero que también se ha producido aquí.
Y Pujol se siente orgulloso de sus hijos por ser nacionalistas y católicos, pero aquí desde lo que dices casi podríamos esperar una ética luterana en la familia, donde lo correcto sería actuar a partir de las obras.
Efectivamente podrían haber sido un poco más jansenistas.
Una vez te encontraste a Junior, Jordi Pujol Ferrusola, le preguntaste qué hacía y te dijo que su trabajo era hacer pasta.
Sí, y no dijo que estaba en una empresa de turismo o digital, directamente me dijo que hacía pasta, me sorprendió muchísimo.
La afirmación demuestra el cinismo del personaje.
Exactamente.
Los hijos son independentistas, pero tú en el libro remarcas que su verdadero objetivo, su ambición, era ganar mucho dinero. ¿Tiene todo esto alguna relación con la súbita conversión independentista de Jordi Pujol?
No lo sé. Creo que es difícil conectar su conversión al independentismo desde esa perspectiva. Creo que Pujol optó por el independentismo porque siempre ha querido estar en la centralidad del nacionalismo y por personalidad y trayectoria no podía tolerar alejarse de su foco central. Es una explicación seria y plausible. Hay más interpretaciones. Ha existido una gran intimidad entre Convergencia y el Partido Popular, una intimidad que luego derivó en ruptura.
Que cifra en 2002.
Aunque luego continuó. No olvidemos que durante la primera legislatura de Artur Mas CiU y el PP fueron socios. Los jóvenes lobos del PP y CiU hicieron negocios juntos a partir del pacto del Majestic. Esto es más que evidente.
Y en el libro habla de pactos completos, no sólo políticos.
Participaciones, consejeros, sillas en empresas, empresas privatizadas, muchos movimientos de estas características que localizamos en 1996, momento donde se genera una gran imbricación.
¿Qué pasó en 2002?
No lo sé, creo que durante la legislatura de la mayoría absoluta de Aznar se produce una gran tensión que termina mal.
Se produce a mitad de legislatura.
Hubo una oferta de incorporar a CiU al gobierno español y Pujol se lo tomó muy mal. Creo que en ese momento se produce la ruptura, otro misterio más dentro de un mundo muy enigmático donde la confesión ilumina todo de modo muy diferente y nos plantea aún más preguntas.
Compara a Pujol con Berlusconi, pero después de la confesión me recuerda más a Giulio Andreotti.
También es Andreotti, pero su símil con Berlusconi es que ambos son hombres de negocios y están en política desde una especie de doble vía del poder. Pujol quiere un banco para obtener el poder y Berlusconi lo quiere para salvar a sus empresas de comunicación, al menos la primera vez que ganó las elecciones. La otra cosa que los aproxima es el control de los medios, en ambos casos su poder necesita un cierto control de los medios.
Yo soy uno de esos que nació después de 1975 y durante casi toda mi vida he pensado que TV3 era, salvo en los últimos años, una televisión ejemplar con muy buenos contenidos que sabía disimular muy bien su gran carga política.
TV3 es una televisión de gran calidad que ha realizado producciones del más altísimo nivel y que está en primera división a nivel internacional. Creo que ha sistematizado muy bien el control de la agenda política y de la imagen del gobierno a través de los informativos y sus directores. TV3 empieza con el humor corrosivo durante el Tripartito, con Pujol no sucedió.
Porque era intocable.
Era intocable. TV3 era una televisión controlada directamente, con inteligencia y sentido común, por el ejecutivo. Levantaban la persiana de Cataluña y ponían la agenda en su sitio. Por desgracia TV3 nunca ha sido la BBC que nos hubiera gustado ver. Ahora es evidente que el rastro del pujolismo, proyectado sobre el actual escenario frenético, da pie a ciertas situaciones patéticas.
Pasados estos meses da la sensación que la confesión no afectará al Proceso pero sí a Convergencia.
No afecta al Proceso, afecta a Convergencia, afecta a Mas pese a su cara de Buster Keaton y afecta, algo de lo que no se habla mucho, en gran medida al Catalanismo. Pujol ha sintetizado al Catalanismo durante el último medio siglo, quien ha encontrado la fórmula central, lo ha situado en el centro de la política catalana y española. ¿Cómo no le afectará que se haya descubierto la fragilidad de su posición?
Antes de la confesión Pujol había trascendido al que tú consideras como mejor presidente de la Historia de Cataluña, Enric Prat de la Riba.
Efectivamente. Esto nos retrotrae a otro balance que deberemos hacer. Aun nos faltan una serie de elementos para entender todo esto. Nos falta mucha información y deberemos ver cómo avanzaran los casos judiciales, algo en lo que conviene ser escépticos, dadas las dificultades de la justicia en este país, sus pocos medios y la lentitud de sus tiempos. Por otra parte ya veremos si la comisión parlamentaria tiene el coraje y las posibilidades de avanzar, algo que también me genera mucho escepticismo.
Comisiones parlamentarias que no suelen funcionar.
Nunca funcionan, ojala esta lo logre. Para la salud de este país sería muy bueno llegar lo más lejos posible en el esclarecimiento de la relación de la familia Pujol con los negocios.
Quizá para lograrlo deberemos esperar a que surja un arco parlamentario completamente renovado sin ninguna rémora con el pasado.
Puede ser, es probable.
Al fin y al cabo los que aún siguen en Convergència como es comprensible proviene del pujolismo, tanto en caras como en cargos.
En su intervención en el Parlamento catalán Pujol propinó una buena bronca a los parlamentarios, lo que demuestra la dificultad que existe para que este hombre se sienta desposeído de la autoridad con la que aun actúa, como demostró la bronca y toda esa historia siniestra de los nidos.
Y la cuestión de la imposibilidad de formular un nuevo catalanismo, algo que apuntas en el libro, mientras exista esta rémora.
Hay gente que dice que no, pero es algo que me parece obvio. Hay algo muy ingenuo y buenista en el soberanismo actual, donde pase lo que pase todo es bueno. Todo es para bien. Creo difícil que todo esto pueda aprovecharse, creo que hasta cierto punto esto fragiliza una buena parte del nacionalismo.
Dentro del relato nacionalista del proceso varias son las referencias fundamentales que han quedado excluidos, y no pienso tanto en Cambó como en Valentí Almirall y Pasqual Maragall, ejemplos de Catalanismo que deberíamos tener muy presentes.
Evidente. En el libro explico que en el balance que deberemos hacer del pujolismo sería muy lamentable que, además de sus negocios, no mencionáramos el posibilismo, el pactismo, el pragmatismo y el realismo político que son las mejores virtudes del pujolismo, que tiene cosas extraordinarias que sería muy negativo que se perdieran justo ahora que se le quiere condenar en bloque por los negocios de sus hijos, la capacidad, que no es sólo suya sino una virtud histórica del Catalanismo, para entenderse, la capacidad por preocuparse y responsabilizarse de la gobernabilidad de España, la capacidad para hacer políticas realistas y pragmáticas y la capacidad para transformar la realidad diaria y no estar pendientes de quimeras y utopías que nunca sabremos si llegarán a buen puerto.
En este sentido el hijo político ha traicionado al padre.
El hijo político se ha alejado del padre. Ya no estamos en el Catalanismo posibilista, hispanista y crítico, con una visión autocrítica muy fuerte que como bien dices proviene de Valentí Almirall y llega hasta Jordi Pujol. Ahora estamos en el Catalanismo quimérico de Estat Català que piensa en grandes proyectos transformadores que suelen terminar en el mejor de los casos en nada o muy mal.
La grandeza del Pujol político era su realismo.
Y su capacidad de transformar la realidad, por eso creo que debe reivindicarse en su legado la obra de gobierno, la obra política seria que se hizo durante ese período, la normalización lingüística, los medios públicos pese a la manipulación que comentamos, el orden públicos y otras realizaciones extraordinarias que han demostrado que Catalunya sabe autogobernarse con gran eficacia dentro de España, podría hacerlo fuera, pero pienso que será más práctico y positivo seguir dentro con pactos y acuerdos dentro del conjunto de España. Todo esto es legado positivo del pujolismo. Sería una lástima, dentro de esta idea de los independentistas, pasar página y meter a Pujol en el españolismo nefasto y tirar a la basura su autonomismo.
¿No sería lo mejor aunar las dos almas del Catalanismo para crear uno mejor? La vertiente de Almirall y la pujolista.
Esto es el Catalanismo. No tiene una rama federal y otra de distinto pelaje. Al final las dos almas siempre, de un modo u otro, están vinculadas y mezcladas.