En un capítulo de La gran vergüenza, editado en castellano por
Península y en catalán por Columna, Lluís Bassets menciona que la confesión de
Jordi Pujol ha supuesto, entre muchas otras cosas, que la actualidad catalana
abandone el monotema del proceso y se vuelva dual. Sus palabras retumban en mi
mente mientras voy a su encuentro para entrevistarle porque quedamos el día en
que se ha registrado la casa de Oleguer Pujol.
Al llegar al restaurante donde acordamos vernos nos sentamos en una mesa
que elimine el ruido del tráfico, pedimos una botella de agua y empezamos la
charla casi al instante.
¿Sí todo el mundo lo sabía por qué nadie dijo nada antes del 25 de julio de
2014?
Pujol consiguió con la querella de Banca Catalana una especie de
inmunización, como la que ha logrado Teresa Romero con el caso del Ébola. Casi
lo procesaron, pero como al final no lo fue consiguió una especie de cinturón
profiláctico donde todos los temas y escándalos generados a su alrededor no le
afectaran porque el presidente estaba identificado con Cataluña y a partir de
eso inmunizado de cualquier ataque, pues se entendía que quien arremetía contra
él atacaba a Cataluña.
Algo sorprendente si se tiene en cuenta que durante su presidencia
proliferaron los escándalos.
Sí, la lista es larga. El caso Javier De la Rosa, los de Josep Maria
Cullell y Jaume Roma, los líos alrededor de Prenafeta y muchos otros más.
Y su impunidad llega cuando desde el balcón de la Generalitat suelta un
discurso donde afirma que a partir de ese momento desde Madrid no pueden dar
lecciones morales.
La primera imagen que a todos nos vino a la cabeza tras la confesión es el
discurso del 30 de mayo de 1984 cuando dijo que el gobierno hizo una jugada
indigna. Hizo algo impresionante si leemos esa situación tras su confesión. Ese
proceso estaba dirigido por el poder judicial. La mitad de los bancos que
cerraron y quebraron durante esa crisis bancaria pasaron por situaciones
parecidas. Cuarenta y cinco consejeros terminaron entre rejas. Nadie dijo que
esos otros casos fueran dirigidos por el gobierno, pero en su caso concreto
Pujol acusó al gobierno e incluso al PSC. Ese mismo día casi agredieron a
Raimon Obiols en la entrada del Parlamento de Cataluña. El PSC se convirtió en
el chivo expiatorio del caso Banco Catalana.
Contrasta lo de esta agresión a Obiols con el cerco el Parlamento de junio
de 2011, son situaciones parecidas que se trataron políticamente desde ópticas
bien distintas.
Exacto. Aquí hay algo muy interesante desde el punto de vista de la ciencia
política. Pujol se ve atacado con el tema de Banca Catalana desde tesis
fundamentadas. Pocos políticos propietarios de un banco, por mucho que pasara
las acciones a la familia, terminan siendo presidentes de un gobierno. Hoy
sería imposible. En el momento en que eso pasa en medio de una crisis bancaria,
dentro de otra crisis económica e industrial muy fuerte, el banco de Pujol
tenía participaciones industriales muy importantes, por lo cual estaba afectado
por cierres de empresa, gente en la calle y manifestaciones. Él era el
presidente y el encargado del orden público, quien debía proporcionar
tranquilidad. La situación era muy difícil de controlar y la convierte en un
instrumento para atacar a sus adversarios, tanto al gobierno de Madrid como a
la oposición, y esto en definitiva es la esencia del tema de Banca Catalana.
A partir de mayo de 1984 se produce una consolidación en lo de identificar
Pujol con Cataluña.
Se producen muchos movimientos, y uno de ellos pasó más bien desapercibido:
Pujol consolida su poder interno dentro del partido. El caso Banco Catalana
sirve para poner a prueba la fidelidad de la gente, sirve para definir la
posición de cada persona dentro y fuera del partido, dentro y fuera de la
coalición. Y en este sentido los que no apoyaron a Pujol quedaron marcados. El
caso más claro es el de Macià Alavedra, quien se prestó como posible recambio y
es castigado al instante.
Y termina siendo víctima de un cierto ostracismo.
Así es. Pujol sigue a rajatabla los consejos que da Maquiavelo en El
príncipe. Convierte una debilidad en fortaleza, su punto de caída le sirve como
pedestal para arrasar y fundamentar un poder que durará veintitrés años. Esto
es básico para entender la importancia de la confesión. Si su poder no se
fundamentara en una situación tan tensa la confesión no hubiera tenido tanta
importancia. Al ser él mismo quien confesa esto lo sitúa en el abismo, al pie
de los caballos.
La confesión también genera un profundo shock por su identificación con
Cataluña y por la fascinación que, independientemente de si nos gustara o todo
lo contrario, creó el personaje durante su larga trayectoria política.
No sólo fascinación. Las personas nacidas a partir de 1975 lo vieron
siempre, era una presencia constante, una imagen y una voz familiar, intensa y
moralizadora, la voz de una persona que daba lecciones de comportamiento hasta
en lo familiar. Su presencia era muy fuerte y eso también provoca que la confesión
haya tenido un efecto demoledor en la sociedad catalana.
Su punto paternalista puede recordar, salvando las distancias históricas, a
la actitud del emperador Francisco José con los austríacos. Generó una sociedad
reprimida por la figura paterna del mandatario. Aquí quizá no tuvimos esta
sensación de represión de ese período hasta que llegó la confesión.
En el ámbito de Convergencia esta figura paternal es muy fuerte. Para la
gente de su partido, incluido Artur Mas, la presencia de Pujol era dominadora y
muy difícil de gestionar. En cierto sentido la confesión rompe el cordón
umbilical que unía a los actuales dirigentes con el pasado de CiU.
Por un lado tenemos esta presencia externa que es la imagen que la sociedad
tiene de su figura, pero por otra está el dominio dentro del partido, donde
Pujol preparó una sucesión de corte dinástico.
Es evidente que estamos ante un partido presidencial que se construye
alrededor del liderazgo de Pujol. Cuando él piensa en la sucesión lo hace en
términos dinásticos. Se elige a Mas como una especie de Juan XXIII, de líder
provisional a la espera de la llegada del líder auténtico, Oriol Pujol.
¿Veía a Mas como un hombre de paja?
Quizá esa era la intención, pero evidentemente Artur Mas no lo es porque ha
luchado mucho por configurar su propia figura pese a que le pesa muchísimo el
lastre de ser nombrado por Pujol. Él mismo se considera su hijo político y
desde la confesión no le ha lanzado ningún reproche. Incluso como hombre de
empresa, su vida en la economía privada, ha estado vinculada a Jordi Pujol
Ferrusola. Toda la biografía de Mas se construye a la sombra de Jordi Pujol.
Para Artur Mas cortar este cordón umbilical es una fractura brutal tanto en
su concepción política como en la del partido.
No sabemos qué ocurrirá con Convergencia. La confesión marca un antes y un
después. CiU ha renovado su cúpula sin haber convocado ningún congreso, a toda
prisa justo en el momento en que su número dos, Oriol Pujol, y el presidente
fundador desaparecen del mapa. Eso conduce a que el partido se sienta huérfano
y perdido en medio del Proceso y de la erosión demoscópica que sufre a manos de
ERC, que cada vez gana más puntos en las encuestas.
Este avance de ERC y esta indecisión de CiU era impensable cuando Pujol
dejó la presidencia en 2003.
Totalmente. Cuando se produce en CiU el relevo generacional, y Artur Mas
accede al liderato, se vende la operación como un gran éxito en contraste con
otros partidos que no supieron hacer este relevo. Ahora vemos que los
fundamentos del relevo eran más bien frágiles. La crisis política general y el
caso Pujol crearán un nuevo partido que no tendrá nada que ver con lo que
conocemos.
Creo que en el libro menciona que a Marta Ferrrusola le gustaba la
candidatura de Mas desde un punto de vista mercadotécnico.
Eso lo explican mejor, y los cito, los periodistas y comentaristas del
ámbito convergente. Parece evidente que Mas es un heredero construido por el
Pinyol y sale de la cocina de los Pujol, donde están Marta Ferrusola, los hijos
y los amigos de los mismos.
Por su vocación de identificarse con Cataluña Pujol termina por descuidar a
su verdadera familia.
Sí, esta es la interpretación canónica dentro de Convergencia. Él mismo ha
declarado en varias ocasiones que una de las pocas cosas que se reprocha es no
haberse cuidado mucho de sus hijos, no desde la educación, sino desde la
vigilancia de lo que hacían.
Y con este reproche, y más tras la confesión, se exculpa.
Se lava las manos, como si por su exceso de trabajo no hubiera podido
controlar lo que hacían sus hijos.
Algo curioso si se tiene en cuenta que en la mesa de Navidad de los Pujol
se juntan muchos multimillonarios, algo impensable en 1980, cuando accedió a la
presidencia de la Generalitat.
Unos de los aspectos más inquietantes del caso es que su ideario
personalista, inspirado en el catolicismo francés más avanzado, Emmanuel
Mounier, y su modo de encarar la ética política deberían haber creado una
familia casi ejemplar, pero no un anti ejemplo. Pujol propugnaba familias
numerosas y resulta que su mesa de Navidad sí, era una mesa de multimillonarios
donde nadie se dedicaba a la cooperación ni a la filosofía.
Ninguno de ellos tiene un perfil intelectual.
Todos ellos pertenecen a ese mundo, tan criticado por el nacionalismo, de
los negocios alrededor del poder que se tipifica en Madrid pero que también se
ha producido aquí.
Y Pujol se siente orgulloso de sus hijos por ser nacionalistas y católicos,
pero aquí desde lo que dices casi podríamos esperar una ética luterana en la
familia, donde lo correcto sería actuar a partir de las obras.
Efectivamente podrían haber sido un poco más jansenistas.
Una vez te encontraste a Junior, Jordi Pujol Ferrusola, le preguntaste qué
hacía y te dijo que su trabajo era hacer pasta.
Sí, y no dijo que estaba en una empresa de turismo o digital, directamente
me dijo que hacía pasta, me sorprendió muchísimo.
La afirmación demuestra el cinismo del personaje.
Exactamente.
Los hijos son independentistas, pero tú en el libro remarcas que su
verdadero objetivo, su ambición, era ganar mucho dinero. ¿Tiene todo esto
alguna relación con la súbita conversión independentista de Jordi Pujol?
No lo sé. Creo que es difícil conectar su conversión al independentismo
desde esa perspectiva. Creo que Pujol optó por el independentismo porque
siempre ha querido estar en la centralidad del nacionalismo y por personalidad
y trayectoria no podía tolerar alejarse de su foco central. Es una explicación
seria y plausible. Hay más interpretaciones. Ha existido una gran intimidad
entre Convergencia y el Partido Popular, una intimidad que luego derivó en
ruptura.
Que cifra en 2002.
Aunque luego continuó. No olvidemos que durante la primera legislatura de
Artur Mas CiU y el PP fueron socios. Los jóvenes lobos del PP y CiU hicieron
negocios juntos a partir del pacto del Majestic. Esto es más que evidente.
Y en el libro habla de pactos completos, no sólo políticos.
Participaciones, consejeros, sillas en empresas, empresas privatizadas,
muchos movimientos de estas características que localizamos en 1996, momento
donde se genera una gran imbricación.
¿Qué pasó en 2002?
No lo sé, creo que durante la legislatura de la mayoría absoluta de Aznar
se produce una gran tensión que termina mal.
Se produce a mitad de legislatura.
Hubo una oferta de incorporar a CiU al gobierno español y Pujol se lo tomó
muy mal. Creo que en ese momento se produce la ruptura, otro misterio más
dentro de un mundo muy enigmático donde la confesión ilumina todo de modo muy
diferente y nos plantea aún más preguntas.
Compara a Pujol con Berlusconi, pero después de la confesión me recuerda
más a Giulio Andreotti.
También es Andreotti, pero su símil con Berlusconi es que ambos son hombres
de negocios y están en política desde una especie de doble vía del poder. Pujol
quiere un banco para obtener el poder y Berlusconi lo quiere para salvar a sus
empresas de comunicación, al menos la primera vez que ganó las elecciones. La
otra cosa que los aproxima es el control de los medios, en ambos casos su poder
necesita un cierto control de los medios.
Yo soy uno de esos que nació después de 1975 y durante casi toda mi vida he
pensado que TV3 era, salvo en los últimos años, una televisión ejemplar con muy
buenos contenidos que sabía disimular muy bien su gran carga política.
TV3 es una televisión de gran calidad que ha realizado producciones del más
altísimo nivel y que está en primera división a nivel internacional. Creo que
ha sistematizado muy bien el control de la agenda política y de la imagen del
gobierno a través de los informativos y sus directores. TV3 empieza con el
humor corrosivo durante el Tripartito, con Pujol no sucedió.
Porque era intocable.
Era intocable. TV3 era una televisión controlada directamente, con
inteligencia y sentido común, por el ejecutivo. Levantaban la persiana de
Cataluña y ponían la agenda en su sitio. Por desgracia TV3 nunca ha sido la BBC
que nos hubiera gustado ver. Ahora es evidente que el rastro del pujolismo,
proyectado sobre el actual escenario frenético, da pie a ciertas situaciones
patéticas.
Pasados estos meses da la sensación que la confesión no afectará al Proceso
pero sí a Convergencia.
No afecta al Proceso, afecta a Convergencia, afecta a Mas pese a su cara de
Buster Keaton y afecta, algo de lo que no se habla mucho, en gran medida al
Catalanismo. Pujol ha sintetizado al Catalanismo durante el último medio siglo,
quien ha encontrado la fórmula central, lo ha situado en el centro de la
política catalana y española. ¿Cómo no le afectará que se haya descubierto la
fragilidad de su posición?
Antes de la confesión Pujol había trascendido al que tú consideras como
mejor presidente de la Historia de Cataluña, Enric Prat de la Riba.
Efectivamente. Esto nos retrotrae a otro balance que deberemos hacer. Aun
nos faltan una serie de elementos para entender todo esto. Nos falta mucha
información y deberemos ver cómo avanzaran los casos judiciales, algo en lo que
conviene ser escépticos, dadas las dificultades de la justicia en este país,
sus pocos medios y la lentitud de sus tiempos. Por otra parte ya veremos si la
comisión parlamentaria tiene el coraje y las posibilidades de avanzar, algo que
también me genera mucho escepticismo.
Comisiones parlamentarias que no suelen funcionar.
Nunca funcionan, ojala esta lo logre. Para la salud de este país sería muy
bueno llegar lo más lejos posible en el esclarecimiento de la relación de la
familia Pujol con los negocios.
Quizá para lograrlo deberemos esperar a que surja un arco parlamentario
completamente renovado sin ninguna rémora con el pasado.
Puede ser, es probable.
Al fin y al cabo los que aún siguen en Convergència como es comprensible
proviene del pujolismo, tanto en caras como en cargos.
En su intervención en el Parlamento catalán Pujol propinó una buena bronca
a los parlamentarios, lo que demuestra la dificultad que existe para que este
hombre se sienta desposeído de la autoridad con la que aun actúa, como demostró
la bronca y toda esa historia siniestra de los nidos.
Y la cuestión de la imposibilidad de formular un nuevo catalanismo, algo
que apuntas en el libro, mientras exista esta rémora.
Hay gente que dice que no, pero es algo que me parece obvio. Hay algo muy
ingenuo y buenista en el soberanismo actual, donde pase lo que pase todo es
bueno. Todo es para bien. Creo difícil que todo esto pueda aprovecharse, creo
que hasta cierto punto esto fragiliza una buena parte del nacionalismo.
Dentro del relato nacionalista del proceso varias son las referencias
fundamentales que han quedado excluidos, y no pienso tanto en Cambó como en
Valentí Almirall y Pasqual Maragall, ejemplos de Catalanismo que deberíamos
tener muy presentes.
Evidente. En el libro explico que en el balance que deberemos hacer del
pujolismo sería muy lamentable que, además de sus negocios, no mencionáramos el
posibilismo, el pactismo, el pragmatismo y el realismo político que son las
mejores virtudes del pujolismo, que tiene cosas extraordinarias que sería muy
negativo que se perdieran justo ahora que se le quiere condenar en bloque por
los negocios de sus hijos, la capacidad, que no es sólo suya sino una virtud
histórica del Catalanismo, para entenderse, la capacidad por preocuparse y
responsabilizarse de la gobernabilidad de España, la capacidad para hacer
políticas realistas y pragmáticas y la capacidad para transformar la realidad
diaria y no estar pendientes de quimeras y utopías que nunca sabremos si
llegarán a buen puerto.
En este sentido el hijo político ha traicionado al padre.
El hijo político se ha alejado del padre. Ya no estamos en el Catalanismo
posibilista, hispanista y crítico, con una visión autocrítica muy fuerte que
como bien dices proviene de Valentí Almirall y llega hasta Jordi Pujol. Ahora
estamos en el Catalanismo quimérico de Estat Català que piensa en grandes
proyectos transformadores que suelen terminar en el mejor de los casos en nada
o muy mal.
La grandeza del Pujol político era su realismo.
Y su capacidad de transformar la realidad, por eso creo que debe
reivindicarse en su legado la obra de gobierno, la obra política seria que se
hizo durante ese período, la normalización lingüística, los medios públicos
pese a la manipulación que comentamos, el orden públicos y otras realizaciones
extraordinarias que han demostrado que Catalunya sabe autogobernarse con gran
eficacia dentro de España, podría hacerlo fuera, pero pienso que será más
práctico y positivo seguir dentro con pactos y acuerdos dentro del conjunto de
España. Todo esto es legado positivo del pujolismo. Sería una lástima, dentro
de esta idea de los independentistas, pasar página y meter a Pujol en el
españolismo nefasto y tirar a la basura su autonomismo.
¿No sería lo mejor aunar las dos almas del Catalanismo para crear uno
mejor? La vertiente de Almirall y la pujolista.
Esto es el
Catalanismo. No tiene una rama federal y otra de distinto pelaje. Al final las
dos almas siempre, de un modo u otro, están vinculadas y mezcladas.
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