Iván Redondo. Probablemente su nombre no les suene de nada. Su trabajo
consiste precisamente en eso. En estar en la sombra mientras crea candidatos
ganadores en un tiempo récord. Su lema ya lo dice todo: la política es el arte
de lo que no se ve. Y tanto es así que es difícil encontrarle una fotografía
junto a alguna de sus criaturas más reconocibles. Por ejemplo, con el ex
político pop Antonio Basagoiti, el barón rojo José Antonio Monago o un hombre
de 2,01 metros que ha copado todas las portadas de esta semana: Xavier García
Albiol, el "xenófobo" (como le han calificado algunos medios) que
tendrá como misión resucitar al alicaído PP catalán en las elecciones más
difíciles de su historia. Con la independencia como leitmotiv de la campaña. El
primer cliente de Redondo fue Albiol, quien confió en él en 2007 cuando era un
rookie en el backstage de la política. Principiante, pero con la misma ambición
que exhibía el consultor interpretado por Ryan Gosling en Los Idus de Marzo. Le
dio una oportunidad y pasó de ser concejal raso en Badalona a gobernar el
bastión socialista. Se convirtió en uno de los populares más mediáticos...
gracias a un polémico vídeo de siete minutos ideado por un gurú que se
empollaba los discursos de Felipe González cuando era un renacuajo.
"No quiero hablar. Mi trabajo consiste en guardar silencio" es lo
que contesta este joven maestro de la comunicación política cuando recibe la
llamada de Crónica. Se encuentra recogiendo bártulos a 42 grados de
temperatura. Le toca mudarse de Mérida a Madrid tras cuatro años siendo la mano
derecha del presidente extremeño José Antonio Monago. "Supo sacar lo mejor
de mí", reconoce Monago. A él le convirtió en el candidato idóneo para
conquistar una tierra abonada al socialismo y le hizo posicionarse como un
maverick dentro de la anquilosada estructura del PP. Porque la especialidad de
Redondo (34 años) es crear versos sueltos que vendan su marca y su mensaje por
encima del logo del partido. Así lo hizo con Albiol, la primera persona que
apostó por él.
Su primer encuentro con el mirlo blanco del PP catalán se remonta a
principios del año 2007. Era una tarde lluviosa. Albiol custodiado por su
persona de máxima confianza, Maritxu Hervás, se encuentra con Redondo en un
conocido restaurante del centro de Madrid. El catalán era un simple concejal de
la oposición en Badalona. Tenía cinco ediles y quería crecer como paso previo a
conquistar la alcaldía. Sabía que no sólo le valía con ser un político de
calle. Veía que necesitaba un salto de calidad para dar el sorpasso en la
tercera ciudad de Cataluña. Y desde el verano de 2005 venía barruntando que su
éxito tenía que venir de la mano de un consultor político. Un experto en
comunicación y sin carné. No uno de esos asesores aduladores que pululan en los
grandes partidos.

Iván
Redondo durante el curso de comunicación política que impartió en la Universidad
Carlos III.EL MUNDO
"Participé en un curso de dirección de campañas electorales en 2005.
Allí entendí lo importante que era contar con un consultor profesional, una
persona ajena al partido que te enseñase a vender el mensaje. Y ese tipo de
figuras no proliferaban en España como en Estados Unidos. Por eso antes de la
campaña me reuní con varios de ellos", reconoce a este suplemento Albiol,
completamente agotado por el asedio mediático al que se ha visto sometido desde
el dedazo de Rajoy.
Albiol, antes de sentarse con Redondo, se reunió con algunas de las viejas
glorias del sector, los tres que se repartían el negocio del marketing político
hasta la fecha. Eran pocos. Áun no había llegado a España la fiebre de los
consultores. Eso pasaría con el boom de Barack Obama. A Albiol no le gustó la
música de los expertos de siempre. Fue entonces cuando, aconsejado por un amigo
común, decidió sentarse con un donostiarra de apenas 26 años, que acababa de
montar su empresa tras despuntar en la consultora Llorente y Cuenca y llevar la
comunicación de la OPA de Gas Natural sobre Endesa. Se había formado en la
George Washington y eso era una buena referencia para Albiol.
Redondo llegó enchaquetado y parecía recién salido de leer su trabajo fin
de carrera. Directo y sin rodeos le preguntó al político. "¿Tú crees que
puedes ganar?". Albiol le respondió tajante: "Sí. Por eso estoy
aquí". El asesor le entregó un dossier de presentación y le dijo que le
convertiría en un candidato ganador por una cifra: 30.000 euros por cinco meses
de asesoría más un bonus de 9.000 por lograr el objetivo (subir dos concejales
en las elecciones de mayo de 2007). Le fijó una tarifa tres veces inferior a lo
que solían cobrar los gurús de aquella época y, algo más importante, un precio
cerrado. "Hasta la fecha, eso era impensable. Todos cobrábamos por horas y
eso le generó muchos enemigos a Iván en el sector. Rompió el mercado",
cuentan.
Redondo pisó terreno y comprendió que la clave para ganar era robarle votos
al PSC más que a CIU como se creía en el PP catalán. El candidato le explicó
que la principal preocupación de la ciudad era la inseguridad provocada por los
inmigrantes irregulares y el consultor decidió centrar la campaña en un único
mensaje y convertir a Albiol en el popular que "limpiaría" las calles
de Badalona de sin papeles. Un discurso tan políticamente incorrecto como
efectivo para captar la atención de la ciudadanía. Redondo le preparó discursos
muy contundentes, actos a pie de calle y le diseñó el vídeo Siete minutos que
supondría un antes y un después en la carrera de Albiol. Una pieza low cost (lo
realizó una productora de Hospitalet de Llobregat por 2.000 euros) que le
pondría en el mapa y que estuvo a punto de costarle su carrera política. Porque
Redondo, cuyo padre era jefe de máquinas de barcos, sabía que ese vídeo que
decidieron buzonear por Badalona (100.000 copias) tendría un eco que superaría
las fronteras catalanas. No es para menos. Con cámara en mano al estilo
Callejeros vinculaban la delincuencia de Badalona con la presencia de sin
papeles. Aquel spot copó los telediarios nacionales y su ruido llegó hasta
Génova, donde algunos de sus dirigentes pidieron la cabeza de Albiol. Las
asociaciones contra el racismo lanzaron una campaña contra el PP y en el
partido se temían lo peor. Fue entonces cuando salió en defensa de Albiol el
por aquel entonces líder del PP catalán, Josep Piqué, que pidió confianza en su
hombre de Badalona. Le tuvieron que dar la razón pues Albiol creció en número
de ediles y se convirtió en una promesa del PP catalán.
Aquella campaña fue tan sonora que otros populares emergentes no tardaron
en ponerse en contacto con Redondo. Uno de ellos fue Antonio Basagoiti,
candidato del PP vasco a la Lehendakaritza. Contrató sus servicios y ambos
pusieron en marcha la política pop (aligerar los mítines con conciertos) que
ayudaría al popular a obtener 13 escaños en 2009, superando los malos augurios
electorales. Se convirtió en la llave del cambio en el País Vasco y la campaña
recibió un premio en los Pollie Awards, los Oscars de la comunicación política.
El caché de Redondo se triplicó, aunque él quiso mantenerse con los pies en la
tierra. A pesar de tener mejores ofertas, se centró en 2011 en ayudar a ganar
las elecciones a Albiol, la primera persona que había confiado en él. Y lo
consiguió. Su cliente obtendría el bastón de mando y gobernó la ciudad con un
estilo propio hasta el punto de que llegó a restransmitir una redada de
inmigrantes por Twitter.
No hay comentarios:
Publicar un comentario