miércoles, 11 de julio de 2018

Los Girona IGNASI GIRONA LLUISA PLA HISTORIADORA

Además de la fachada de la Catedral de Barcelona, los Girona también están detrás de dos de los edificios más emblemáticos de la ciudad: la Universidad de Barcelona y el Gran Teatre del Liceu, cuyas empresas financiaron y ejecutaron las obras junto a otros socios. De ahí que obtuvieran a cambio tres palcos y 72 butacas del templo operístico.
Pero es sin duda la fachada de la Catedral la obra magna de su política de mecenazgo. Manuel, que también fue alcalde de Barcelona, senador, diputado... y comisario de la Exposición Universal, “buscó un edificio emblemático para dejar constancia de lo que su familia representó para Catalunya”. Ese fue, en realidad, su gran “testimonio vital”, culmina Pla.

Y es así que se puede afirmar con rotundidad, con los números en la mano, que los Girona no solo atesoraron una de las grandes fortunas del país, sino que formaron el primer gran grupo inversor de la época, seguido de lejos por los Güell, la familia burguesa más reconocida del periodo debido al mecenazgo que dedicaron al arquitecto Antoni Gaudí.

Los Girona fueron los más decisivos del proceso de industrialización
LLUÏSA PLA
Historiadora
En cambio, los Girona, que impulsaron y participaron en la creación de más de 70 empresas, “fue la familia más activa del espacio comercial, financiero e industrial”, afirma Pla, “los más decisivos del proceso de industrialización”, además de convertirse también en “los principales protagonistas de la Lonja de Barcelona”.
Poco o casi nada ha quedado en la memoria colectiva de los Girona, más allá del nombre de un paseo entre Les Corts y Sarrià que homenajea al más conocido de ellos, Manuel. De hecho, se trata de la persona que financió la construcción de la fachada neogótica de la Catedral de Barcelona, la obra que todavía muchos recuerdan que salió de su bolsillo.
Precisamente, la historiadora destaca la figura de Ignasi Girona, “prácticamente desconocida” y que resulta crucial en todo el entremado del éxito familiar. “Vino de Tàrrega sin nada y empezó de cero el imperio”, explica Pla. Él se ganó “el prestigio de banquero sin banco” y “sin él, su hijo Manuel no habría podido hacer nada”, valora. Casualidades de la vida, el padre e impulsor de la gran fortuna de la familia murió el mismo año que se liquidaba ‘la Casa Girona’.
Muy diferente fue el destino del último miembro de la línea principal del árbol genealógico que falleció abatido en la carretera de la Rabassada a principios de la Guerra Civil, a pesar de que los últimos Girona ya poco tenían que ver con la imponente burguesía que lideraron y se dedicaban sobre todo a la gestión de su patrimonio.
Procedían de Tarragona, de la población de la Selva del Camp, y se establecieron en Lleida, en la comercial Tàrrega, antes de eclosionar apoteósicamente en Barcelona. Eran los Girona, una familia que dejó huella en toda Catalunya contribuyendo a transformar el Principado y su economía en los prolegómenos y durante la primera revolución industrial, es decir un siglo y medio determinante en la modernización del país.

La historiadora Lluïsa Pla reivindica la gran aportación del linaje, clave en el desarrollo catalán, en el libro de investigación Los Girona, la gran burguesía catalana del siglo XIX (Editorial Milenio), un minucioso trabajo que ha podido acceder por primera vez a los archivos privados de la familia, además de consultar multitud de documentos notariales, entre otros.

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