miércoles, 5 de noviembre de 2014

El Modernisme

EL MODERNISME

El Modernisme és un moviment cultural, literari i artístic que neix pels volts dels anys
90 del segle XIX amb uns objectius clars: modernitzar i europeïtzar la cultura i la
literatura catalanes. Els modernistes critiquen la societat i la cultura catalanes, que
consideren anacròniques, és a dir, antiquades, i localistes. Es proposaran promoure
una cultura i un art moderns i europeus, superant els models vuitcentistes.

LÍMITS CRONOLÒGICS DEL MODERNISME

 Podem dir que el Modernisme apareix com a moviment global l'any 1892 quan
la revista L'Avenç es convertirà en la plataforma d’aquest moviment, ja que
recollirà totes les novetats artístiques i literàries que s'estan produint a Europa.

 Es dóna com a data de tancament del moviment modernista l'any 1911, en què
moren dos modernistes significats: el poeta Joan Maragall i el pintor Isidre
Nonell. Amb tot, es considera que l'última obra literària modernista és la
novel·la La vida i la mort d'en Jordi Fraginals, de Josep Pous i Pagès, publicada
l'any 1912.

Fases del Modernismo.-

Siguiendo a Ricardo Gullón11 podemos determinar dos fases en el movimiento modernista:
A) El Modernismo Canónico.-
ß Esteticismo.
ß Escapismo que escapa de la realidad
ß Literatura de los sentidos.
ß Influencia parnasiana

OBJECTIUS DEL MOVIMENT MODERNISTA

Com s'ha dit abans, el Modernisme pretén renovar, modernitzar i posar a nivell
europeu la cultura, la literatura i l'art catalans. Per tant, representa bàsicament una
oposició entre present i passat, entre tradició i progrés. Per als artistes modernistes,
l'art, la literatura, la cultura en general han de respondre als temps que corren i
canviar al mateix temps que ho fa la història. Acusen la societat catalana d'estar
endarrerida en tots els aspectes: científic, literari, cultural, artístic, polític, etc.

Quin era el panorama literari amb què es troben els modernistes?

En el terreny literari, el panorama que es troben els modernistes és el d'una l
"Bohèmia daurada" i "Bohèmia negra"

Les actituds i els comportaments del grup modernista esteticista estan molt lligats al
que s'anomena "bohèmia", una forma de vida, de comportar-se, de vestir-se, etc, 

LLUIS BASSET La Gran Verguenza

En un capítulo de La gran vergüenza, editado en castellano por Península y en catalán por Columna, Lluís Bassets menciona que la confesión de Jordi Pujol ha supuesto, entre muchas otras cosas, que la actualidad catalana abandone el monotema del proceso y se vuelva dual. Sus palabras retumban en mi mente mientras voy a su encuentro para entrevistarle porque quedamos el día en que se ha registrado la casa de Oleguer Pujol.
Al llegar al restaurante donde acordamos vernos nos sentamos en una mesa que elimine el ruido del tráfico, pedimos una botella de agua y empezamos la charla casi al instante.
¿Sí todo el mundo lo sabía por qué nadie dijo nada antes del 25 de julio de 2014?
Pujol consiguió con la querella de Banca Catalana una especie de inmunización, como la que ha logrado Teresa Romero con el caso del Ébola. Casi lo procesaron, pero como al final no lo fue consiguió una especie de cinturón profiláctico donde todos los temas y escándalos generados a su alrededor no le afectaran porque el presidente estaba identificado con Cataluña y a partir de eso inmunizado de cualquier ataque, pues se entendía que quien arremetía contra él atacaba a Cataluña.
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Algo sorprendente si se tiene en cuenta que durante su presidencia proliferaron los escándalos.
Sí, la lista es larga. El caso Javier De la Rosa, los de Josep Maria Cullell y Jaume Roma, los líos alrededor de Prenafeta y muchos otros más.
Y su impunidad llega cuando desde el balcón de la Generalitat suelta un discurso donde afirma que a partir de ese momento desde Madrid no pueden dar lecciones morales.
La primera imagen que a todos nos vino a la cabeza tras la confesión es el discurso del 30 de mayo de 1984 cuando dijo que el gobierno hizo una jugada indigna. Hizo algo impresionante si leemos esa situación tras su confesión. Ese proceso estaba dirigido por el poder judicial. La mitad de los bancos que cerraron y quebraron durante esa crisis bancaria pasaron por situaciones parecidas. Cuarenta y cinco consejeros terminaron entre rejas. Nadie dijo que esos otros casos fueran dirigidos por el gobierno, pero en su caso concreto Pujol acusó al gobierno e incluso al PSC. Ese mismo día casi agredieron a Raimon Obiols en la entrada del Parlamento de Cataluña. El PSC se convirtió en el chivo expiatorio del caso Banco Catalana.
Contrasta lo de esta agresión a Obiols con el cerco el Parlamento de junio de 2011, son situaciones parecidas que se trataron políticamente desde ópticas bien distintas.
Exacto. Aquí hay algo muy interesante desde el punto de vista de la ciencia política. Pujol se ve atacado con el tema de Banca Catalana desde tesis fundamentadas. Pocos políticos propietarios de un banco, por mucho que pasara las acciones a la familia, terminan siendo presidentes de un gobierno. Hoy sería imposible. En el momento en que eso pasa en medio de una crisis bancaria, dentro de otra crisis económica e industrial muy fuerte, el banco de Pujol tenía participaciones industriales muy importantes, por lo cual estaba afectado por cierres de empresa, gente en la calle y manifestaciones. Él era el presidente y el encargado del orden público, quien debía proporcionar tranquilidad. La situación era muy difícil de controlar y la convierte en un instrumento para atacar a sus adversarios, tanto al gobierno de Madrid como a la oposición, y esto en definitiva es la esencia del tema de Banca Catalana.
A partir de mayo de 1984 se produce una consolidación en lo de identificar Pujol con Cataluña.
Se producen muchos movimientos, y uno de ellos pasó más bien desapercibido: Pujol consolida su poder interno dentro del partido. El caso Banco Catalana sirve para poner a prueba la fidelidad de la gente, sirve para definir la posición de cada persona dentro y fuera del partido, dentro y fuera de la coalición. Y en este sentido los que no apoyaron a Pujol quedaron marcados. El caso más claro es el de Macià Alavedra, quien se prestó como posible recambio y es castigado al instante.
Y termina siendo víctima de un cierto ostracismo.
Así es. Pujol sigue a rajatabla los consejos que da Maquiavelo en El príncipe. Convierte una debilidad en fortaleza, su punto de caída le sirve como pedestal para arrasar y fundamentar un poder que durará veintitrés años. Esto es básico para entender la importancia de la confesión. Si su poder no se fundamentara en una situación tan tensa la confesión no hubiera tenido tanta importancia. Al ser él mismo quien confesa esto lo sitúa en el abismo, al pie de los caballos.
La confesión también genera un profundo shock por su identificación con Cataluña y por la fascinación que, independientemente de si nos gustara o todo lo contrario, creó el personaje durante su larga trayectoria política.
No sólo fascinación. Las personas nacidas a partir de 1975 lo vieron siempre, era una presencia constante, una imagen y una voz familiar, intensa y moralizadora, la voz de una persona que daba lecciones de comportamiento hasta en lo familiar. Su presencia era muy fuerte y eso también provoca que la confesión haya tenido un efecto demoledor en la sociedad catalana.
Su punto paternalista puede recordar, salvando las distancias históricas, a la actitud del emperador Francisco José con los austríacos. Generó una sociedad reprimida por la figura paterna del mandatario. Aquí quizá no tuvimos esta sensación de represión de ese período hasta que llegó la confesión.
En el ámbito de Convergencia esta figura paternal es muy fuerte. Para la gente de su partido, incluido Artur Mas, la presencia de Pujol era dominadora y muy difícil de gestionar. En cierto sentido la confesión rompe el cordón umbilical que unía a los actuales dirigentes con el pasado de CiU.
Por un lado tenemos esta presencia externa que es la imagen que la sociedad tiene de su figura, pero por otra está el dominio dentro del partido, donde Pujol preparó una sucesión de corte dinástico.
Es evidente que estamos ante un partido presidencial que se construye alrededor del liderazgo de Pujol. Cuando él piensa en la sucesión lo hace en términos dinásticos. Se elige a Mas como una especie de Juan XXIII, de líder provisional a la espera de la llegada del líder auténtico, Oriol Pujol.
¿Veía a Mas como un hombre de paja?
Quizá esa era la intención, pero evidentemente Artur Mas no lo es porque ha luchado mucho por configurar su propia figura pese a que le pesa muchísimo el lastre de ser nombrado por Pujol. Él mismo se considera su hijo político y desde la confesión no le ha lanzado ningún reproche. Incluso como hombre de empresa, su vida en la economía privada, ha estado vinculada a Jordi Pujol Ferrusola. Toda la biografía de Mas se construye a la sombra de Jordi Pujol.
Para Artur Mas cortar este cordón umbilical es una fractura brutal tanto en su concepción política como en la del partido.
No sabemos qué ocurrirá con Convergencia. La confesión marca un antes y un después. CiU ha renovado su cúpula sin haber convocado ningún congreso, a toda prisa justo en el momento en que su número dos, Oriol Pujol, y el presidente fundador desaparecen del mapa. Eso conduce a que el partido se sienta huérfano y perdido en medio del Proceso y de la erosión demoscópica que sufre a manos de ERC, que cada vez gana más puntos en las encuestas.
Este avance de ERC y esta indecisión de CiU era impensable cuando Pujol dejó la presidencia en 2003.
Totalmente. Cuando se produce en CiU el relevo generacional, y Artur Mas accede al liderato, se vende la operación como un gran éxito en contraste con otros partidos que no supieron hacer este relevo. Ahora vemos que los fundamentos del relevo eran más bien frágiles. La crisis política general y el caso Pujol crearán un nuevo partido que no tendrá nada que ver con lo que conocemos.
Creo que en el libro menciona que a Marta Ferrrusola le gustaba la candidatura de Mas desde un punto de vista mercadotécnico.
Eso lo explican mejor, y los cito, los periodistas y comentaristas del ámbito convergente. Parece evidente que Mas es un heredero construido por el Pinyol y sale de la cocina de los Pujol, donde están Marta Ferrusola, los hijos y los amigos de los mismos.
Por su vocación de identificarse con Cataluña Pujol termina por descuidar a su verdadera familia.
Sí, esta es la interpretación canónica dentro de Convergencia. Él mismo ha declarado en varias ocasiones que una de las pocas cosas que se reprocha es no haberse cuidado mucho de sus hijos, no desde la educación, sino desde la vigilancia de lo que hacían.
Y con este reproche, y más tras la confesión, se exculpa.
Se lava las manos, como si por su exceso de trabajo no hubiera podido controlar lo que hacían sus hijos.
Algo curioso si se tiene en cuenta que en la mesa de Navidad de los Pujol se juntan muchos multimillonarios, algo impensable en 1980, cuando accedió a la presidencia de la Generalitat.
Unos de los aspectos más inquietantes del caso es que su ideario personalista, inspirado en el catolicismo francés más avanzado, Emmanuel Mounier, y su modo de encarar la ética política deberían haber creado una familia casi ejemplar, pero no un anti ejemplo. Pujol propugnaba familias numerosas y resulta que su mesa de Navidad sí, era una mesa de multimillonarios donde nadie se dedicaba a la cooperación ni a la filosofía.
Ninguno de ellos tiene un perfil intelectual.
Todos ellos pertenecen a ese mundo, tan criticado por el nacionalismo, de los negocios alrededor del poder que se tipifica en Madrid pero que también se ha producido aquí.
Y Pujol se siente orgulloso de sus hijos por ser nacionalistas y católicos, pero aquí desde lo que dices casi podríamos esperar una ética luterana en la familia, donde lo correcto sería actuar a partir de las obras.
Efectivamente podrían haber sido un poco más jansenistas.
Una vez te encontraste a Junior, Jordi Pujol Ferrusola, le preguntaste qué hacía y te dijo que su trabajo era hacer pasta.
Sí, y no dijo que estaba en una empresa de turismo o digital, directamente me dijo que hacía pasta, me sorprendió muchísimo.
La afirmación demuestra el cinismo del personaje.
Exactamente.
Los hijos son independentistas, pero tú en el libro remarcas que su verdadero objetivo, su ambición, era ganar mucho dinero. ¿Tiene todo esto alguna relación con la súbita conversión independentista de Jordi Pujol?
No lo sé. Creo que es difícil conectar su conversión al independentismo desde esa perspectiva. Creo que Pujol optó por el independentismo porque siempre ha querido estar en la centralidad del nacionalismo y por personalidad y trayectoria no podía tolerar alejarse de su foco central. Es una explicación seria y plausible. Hay más interpretaciones. Ha existido una gran intimidad entre Convergencia y el Partido Popular, una intimidad que luego derivó en ruptura.
Que cifra en 2002.
Aunque luego continuó. No olvidemos que durante la primera legislatura de Artur Mas CiU y el PP fueron socios. Los jóvenes lobos del PP y CiU hicieron negocios juntos a partir del pacto del Majestic. Esto es más que evidente.
Y en el libro habla de pactos completos, no sólo políticos.
Participaciones, consejeros, sillas en empresas, empresas privatizadas, muchos movimientos de estas características que localizamos en 1996, momento donde se genera una gran imbricación.
¿Qué pasó en 2002?
No lo sé, creo que durante la legislatura de la mayoría absoluta de Aznar se produce una gran tensión que termina mal.
Se produce a mitad de legislatura.
Hubo una oferta de incorporar a CiU al gobierno español y Pujol se lo tomó muy mal. Creo que en ese momento se produce la ruptura, otro misterio más dentro de un mundo muy enigmático donde la confesión ilumina todo de modo muy diferente y nos plantea aún más preguntas.
Compara a Pujol con Berlusconi, pero después de la confesión me recuerda más a Giulio Andreotti.
También es Andreotti, pero su símil con Berlusconi es que ambos son hombres de negocios y están en política desde una especie de doble vía del poder. Pujol quiere un banco para obtener el poder y Berlusconi lo quiere para salvar a sus empresas de comunicación, al menos la primera vez que ganó las elecciones. La otra cosa que los aproxima es el control de los medios, en ambos casos su poder necesita un cierto control de los medios.
Yo soy uno de esos que nació después de 1975 y durante casi toda mi vida he pensado que TV3 era, salvo en los últimos años, una televisión ejemplar con muy buenos contenidos que sabía disimular muy bien su gran carga política.
TV3 es una televisión de gran calidad que ha realizado producciones del más altísimo nivel y que está en primera división a nivel internacional. Creo que ha sistematizado muy bien el control de la agenda política y de la imagen del gobierno a través de los informativos y sus directores. TV3 empieza con el humor corrosivo durante el Tripartito, con Pujol no sucedió.
Porque era intocable.
Era intocable. TV3 era una televisión controlada directamente, con inteligencia y sentido común, por el ejecutivo. Levantaban la persiana de Cataluña y ponían la agenda en su sitio. Por desgracia TV3 nunca ha sido la BBC que nos hubiera gustado ver. Ahora es evidente que el rastro del pujolismo, proyectado sobre el actual escenario frenético, da pie a ciertas situaciones patéticas.
Pasados estos meses da la sensación que la confesión no afectará al Proceso pero sí a Convergencia.
No afecta al Proceso, afecta a Convergencia, afecta a Mas pese a su cara de Buster Keaton y afecta, algo de lo que no se habla mucho, en gran medida al Catalanismo. Pujol ha sintetizado al Catalanismo durante el último medio siglo, quien ha encontrado la fórmula central, lo ha situado en el centro de la política catalana y española. ¿Cómo no le afectará que se haya descubierto la fragilidad de su posición?
Antes de la confesión Pujol había trascendido al que tú consideras como mejor presidente de la Historia de Cataluña, Enric Prat de la Riba.
Efectivamente. Esto nos retrotrae a otro balance que deberemos hacer. Aun nos faltan una serie de elementos para entender todo esto. Nos falta mucha información y deberemos ver cómo avanzaran los casos judiciales, algo en lo que conviene ser escépticos, dadas las dificultades de la justicia en este país, sus pocos medios y la lentitud de sus tiempos. Por otra parte ya veremos si la comisión parlamentaria tiene el coraje y las posibilidades de avanzar, algo que también me genera mucho escepticismo.
Comisiones parlamentarias que no suelen funcionar.
Nunca funcionan, ojala esta lo logre. Para la salud de este país sería muy bueno llegar lo más lejos posible en el esclarecimiento de la relación de la familia Pujol con los negocios.
Quizá para lograrlo deberemos esperar a que surja un arco parlamentario completamente renovado sin ninguna rémora con el pasado.
Puede ser, es probable.
Al fin y al cabo los que aún siguen en Convergència como es comprensible proviene del pujolismo, tanto en caras como en cargos.
En su intervención en el Parlamento catalán Pujol propinó una buena bronca a los parlamentarios, lo que demuestra la dificultad que existe para que este hombre se sienta desposeído de la autoridad con la que aun actúa, como demostró la bronca y toda esa historia siniestra de los nidos.
Y la cuestión de la imposibilidad de formular un nuevo catalanismo, algo que apuntas en el libro, mientras exista esta rémora.
Hay gente que dice que no, pero es algo que me parece obvio. Hay algo muy ingenuo y buenista en el soberanismo actual, donde pase lo que pase todo es bueno. Todo es para bien. Creo difícil que todo esto pueda aprovecharse, creo que hasta cierto punto esto fragiliza una buena parte del nacionalismo.
Dentro del relato nacionalista del proceso varias son las referencias fundamentales que han quedado excluidos, y no pienso tanto en Cambó como en Valentí Almirall y Pasqual Maragall, ejemplos de Catalanismo que deberíamos tener muy presentes.
Evidente. En el libro explico que en el balance que deberemos hacer del pujolismo sería muy lamentable que, además de sus negocios, no mencionáramos el posibilismo, el pactismo, el pragmatismo y el realismo político que son las mejores virtudes del pujolismo, que tiene cosas extraordinarias que sería muy negativo que se perdieran justo ahora que se le quiere condenar en bloque por los negocios de sus hijos, la capacidad, que no es sólo suya sino una virtud histórica del Catalanismo, para entenderse, la capacidad por preocuparse y responsabilizarse de la gobernabilidad de España, la capacidad para hacer políticas realistas y pragmáticas y la capacidad para transformar la realidad diaria y no estar pendientes de quimeras y utopías que nunca sabremos si llegarán a buen puerto.
En este sentido el hijo político ha traicionado al padre.
El hijo político se ha alejado del padre. Ya no estamos en el Catalanismo posibilista, hispanista y crítico, con una visión autocrítica muy fuerte que como bien dices proviene de Valentí Almirall y llega hasta Jordi Pujol. Ahora estamos en el Catalanismo quimérico de Estat Català que piensa en grandes proyectos transformadores que suelen terminar en el mejor de los casos en nada o muy mal.
La grandeza del Pujol político era su realismo.
Y su capacidad de transformar la realidad, por eso creo que debe reivindicarse en su legado la obra de gobierno, la obra política seria que se hizo durante ese período, la normalización lingüística, los medios públicos pese a la manipulación que comentamos, el orden públicos y otras realizaciones extraordinarias que han demostrado que Catalunya sabe autogobernarse con gran eficacia dentro de España, podría hacerlo fuera, pero pienso que será más práctico y positivo seguir dentro con pactos y acuerdos dentro del conjunto de España. Todo esto es legado positivo del pujolismo. Sería una lástima, dentro de esta idea de los independentistas, pasar página y meter a Pujol en el españolismo nefasto y tirar a la basura su autonomismo.
¿No sería lo mejor aunar las dos almas del Catalanismo para crear uno mejor? La vertiente de Almirall y la pujolista.
Esto es el Catalanismo. No tiene una rama federal y otra de distinto pelaje. Al final las dos almas siempre, de un modo u otro, están vinculadas y mezcladas.


Jordi Pujol maltrató a JOSEP PLA

Con todo, su actitud desdeñosa hacia la izquierda política y hacia algunas figuras políticas y culturales catalanistas hizo que, al igual que sucedió con Dalí, la cultura progresista le negase el pan y la sal en forma de premios (fue controvertida la negativa a concederle el Premio de Honor de las Letras Catalanas, la máxima distinción política concedida a los escritores en Cataluña), le alejasen de su revista de toda la vida (Vergés vendió Destino a la Banca Catalana de Jordi Pujol, que le censuró un artículo crítico con el Portugal revolucionario, y Pla abandonó la revista en 1976, tras 36 años de colaboración semanal ininterrumpida) y no se le reconociese completamente su valía hasta varios años después.

jueves, 21 de agosto de 2014

Un constructor declara al fiscal que pagó comisiones en 18 obras de la Generalitat

Un constructor declara al fiscal que pagó comisiones en 18 obras de la Generalitat

El testigo explicó los detalles durante casi cinco horas y entregó diversos documentos

 Barcelona 8 MAR 2005
Juan Antonio Salguero, un pequeño constructor catalán, declaró ayer ante la fiscalía de Barcelona que abonó comisiones de hasta el 20% en 18 obras realizadas para Adigsa, la empresa pública de la Generalitat que gestiona las viviendas de diversos barrios. Las obras se realizaron en 2003 y al inicio de 2004. Hay constancia de pagos en 2003, cuando gobernaba CiU, pero no en 2004, cuando el tripartito ya estaba en el poder. El constructor declaró durante casi cinco horas como testigo y, según explicó él mismo, ofreció detalles sobre la cuantía de las obras y las comisiones abonadas en cada caso.
"Hemos dado todo tipo de detalles y estamos al servicio de lo que haya que hacer". El constructor Juan Antonio Salguero explicó con esta contundencia ayer por la tarde a EL PAÍS su declaración ante la fiscalía de Barcelona, que se inició sobre las 11.15 horas y concluyó pasadas las cuatro de la tarde, así como su disposición a colaborar en las diligencias de investigación que abrió el pasado 25 de febrero el fiscal jefe de Cataluña, José María Mena. La fiscalía tomó esta iniciativa al día siguiente de que el presidente de la Generalitat catalana, Pasqual Maragall, insinuara en el Parlament que en la etapa de Gobierno de CiU se pagaban comisiones del 3% por parte de las empresas del sector de la construcción.
Salguero es el primer empresario que declara ante la fiscalía después de que la semana pasada trascendieran en los medios de comunicación unas declaraciones suyas en las que aseguraba haber abonado comisiones del 20%. El constructor aseguró entonces que esas obras se realizaron "sin la firma de ningún contrato" a través de un intermediario, José María Penín, que se presentaba como pariente del entonces consejero de Política Territorial y Obras Públicas de la Generalitat, Felip Puig.
"Me he ratificado en todo lo que dije en los periódicos y he ampliado esas acusaciones", declaró Salguero, quien en todo momento compareció en la fiscalía como testigo. De ahí que su abogado, Marc Cucala, no estuviese presente en esa declaración de casi cinco horas. Salguero declinó ofrecer más detalles de su extensa declaración, aunque sí precisó que en muchas de las obras que se le adjudicaron las comisiones que pagó fueron del 20%. También relató que su abogado había entregado documentación a la fiscalía que ratificaba la declaración del constructor.
El abogado explicó que las 18 obras a las que se refirió el constructor Salguero ante el fiscal se realizaron durante el año 2003, cuando gobernaba CiU, y a principios de 2004. Todos los trabajos fueron realizados por encargo de la empresa pública Adigsa, dependiente de Política Territorial y Obras Públicas.

Trabajos de rehabilitación

Los detalles de diez de estas obras están documentados por fuentes de la investigación y ascienden a un total de 211.000 euros. En todos los casos los trabajos se realizaron en 2003 y consistieron en obras de rehabilitación de viviendas que en muchos casos tienen ya hasta 40 años. Cinco de estas obras corrieron a cargo de la sociedad Demastir SL, por un importe total de 106.00 euros, y se realizaron en el municipio barcelonés de Ódena, y otras cuatro en Tarragona. Salguero es administrador de Demastir SL, como también lo es de la sociedad Reluxex, otra empresa a la que se encargaron obras por valor de 81.000 euros, también el año 2003. Los trabajos se realizaron en los municipios de Odena e Igualada, ambos en la provincia de Barcelona, así como en Salt (Girona). Existe constancia oficial también de una décima obra realizada en 2003 en un barrio de Lleida por importe de 24.000 euros, en la que Salguero concurrió asociado con otro particular.
El intermediario Penín, pariente de Puig y al que se refirió el constructor en su declaración de ayer ante el fiscal, no tenía contrato laboral con la empresa Adigsa, aunque sí estaba autorizado para realizar tasaciones y valoraciones. Adigsa estuvo dirigida hace años por el ahora portavoz de CiU en el Parlament, Felip Puig, cuando dependía del Departamento de Bienestar Social. Puig negó el pasado viernes que se hubiesen cometido irregularidades en la concesión de esas obras y aseguró que se concedieron "de acuerdo con la normativa vigente". En este sentido, recordó que las cuentas de la empresa habían sido auditadas por el tripartito.
Adigsa es una empresa pública que gestiona los barrios de viviendas construidos en su día por la extinta Obra Sindical del Hogar, que sirvieron para acoger a las avalanchas de inmigrantes que llegaron a Cataluña en los años 60. En la mayoría de los casos son viviendas de escasa calidad que necesitan continuas rehabilitaciones de las fachadas, así como de las zonas comunitarias de los edificios. Son obras menores a las que no suelen concurrir las grandes y medianas constructoras.

miércoles, 20 de agosto de 2014

En los días del gran engaño Santos Julia

En los días del gran engaño

Culto, leído, dotado para la retórica, dueño de voluntades, Pujol ha sido el constructor de un gran relato, fuente de legitimación de un poder absoluto que ha resultado estar operando a la manera de clanes y mafias

De Pujol se podrá pensar que ha sido un mal banquero, que es de la derecha camuflada o que es feo, pero nadie, absolutamente nadie en Cataluña, sea del credo que sea, puede llegar a la más leve sombra de sospecha de que sea un ladrón”. No, esto no lo dijo ningún paniaguado de Pujol ni ningún beneficiario de alguna concesión al 3%; esto lo escribió Manuel Vázquez Montalbán para expresar la mezcla de estupor e indignación que le produjo la querella interpuesta en mayo de 1984 por la Fiscalía del Estado contra Jordi Pujol y otros 24 consejeros de Banca Catalana por apropiación indebida y falsedad en documento mercantil. Recordaba Vázquez Montalbán la “pobreza semántica del lenguaje judicial” y comparaba la querella firmada por los fiscales Jiménez Villarejo y Mena con los procesos por “rebelión militar por equiparación” sufridos durante el franquismo por quienes, como él, habían sido víctimas del lenguaje judicial. Víctima también de la persecución franquista, Pujol sufría de nuevo los efectos de la jerga del Poder Judicial que pretendía engañar a las masas para convencerlas de que aquel señor al que acababan de votar mayoritariamente era un ladrón.
Sostenía Vázquez Montalbán que, con la acusación de apropiación indebida, o sea, llamar ladrón a Pujol en un lenguaje tecnocrático “que puede sonar a descarga de ley de fugas”, una de dos, o se quería provocar un conflicto nacionalista de fondo, o se actuaba “desde una prepotencia de señoritos tecnócratas con más teléfonos que cerebro” (EL PAÍS, 29-5-1984). Algo similar se desprendía de la pregunta que al mismo Pujol formulaba Josep Ramoneda en una entrevista para La Vanguardia (28-5-1984) cuando le sugería que la querella interpuesta por la fiscalía revelaba, “una vez más, la incapacidad de Madrid para pensar y articular un modelo de Estado en el que realmente quepamos todos”. Interponer la querella era, de acuerdo ahora con Miquel Roca en su respuesta a María Mérida para Abc (28-5-1984), “un proceso a la burguesía catalana” planeado por alguien que “quiere desestabilizar Cataluña, pero no lo conseguirá”. La burguesía es elemento fundamental en la contextura social de Cataluña, añadía Roca, y poco le gusta que alguien se dedique a poner “bastones en las ruedas”.
Corría el mes de mayo de 1984 y nadie en Cataluña se acordaba de que Joaquim Molins i Amat, portavoz del grupo Minoría Catalana en el Congreso de diputados, había manifestado en una sesión de la Comisión de Economía, Comercio y Hacienda celebrada en junio del año anterior, su pleno acuerdo, y el de su grupo, con el impecable informe presentado por Miguel Boyer sobre la crisis de Banca Catalana: las causas de la quiebra, las primeras y fallidas propuestas de compra por entidades financieras catalanas de modo que se salvara su “catalanidad”, la negativa del Gobierno a ejercer su derecho de tanteo, y en fin, su compra por un pool de bancos tras su saneamiento por el Banco de España y el Fondo de Garantías de Depósitos.
La querella contra Banca Catalana de 1984 se presentó como un ataque a Cataluña
Pero había pasado un año de todo aquello y ¿quién, sino un Gobierno formado por tecnócratas con más teléfonos que cerebro, incapaz de concebir un modelo de Estado en el que cupiéramos todos, y enemigo de la burguesía catalana, podía acusar de un delito de apropiación indebida a un político que acababa de conquistar la mayoría absoluta en el Parlament de Catalunya? ¿Pujol y los 24 consejeros, culpables de una contabilidad falsa y beneficiarios de la caja B de Banca Catalana cuando ya de su agujero no se veía el fondo? Imposible. Y así, sin leer la querella, se dio por seguro que los fiscales no actuaban más que como instrumentos al servicio de una sucia iniciativa del Gobierno de Madrid contra Cataluña o, como sentenció Ramon Pi desde La Vanguardia (20-5-1984), “una operación política subterránea revestida de legalidad formal y con poco creíbles pretensiones de imparcialidad fiscal”.
El inmediato uso político de las reacciones publicadas ante la querella transformó a Jordi Pujol de político perseguido por la justicia en depositario de un poder sin trabas. En esos días de incredulidad, asombro y denuncia, Pujol vivió la singular experiencia de disponer, no ya de hegemonía, sino de todo el poder, primero, cuando la Audiencia Territorial de Barcelona se declaró incompetente para dar curso a la querella, decisión premonitoria de las que vendrían dos años después, con jueces en fuga, que ni querían ver los papeles de los fiscales; luego, cuando comprobó la desorientación y el encogimiento de espíritu o, más bien, la entrega interior que la querella había provocado en las filas de los socialistas catalanes, insultados y agredidos en las calles; en fin, cuando, identificando su persecución con la secular humillación catalana a manos de España, definió, entre ovaciones de unos y silencios de otros, la querella como un “ataque a Cataluña”, culminación de un designio de asfixiarla económicamente. Fue entonces cuando recordó en el Parlament que “Catalunya té força; en té perquè en té i perquè es forta Catalunya té força, i avui té més força que fa un temps”, para recibir de inmediato la aclamación de la multitud congregada en la plaza de Sant Jaume, gritando: “Obiols, cabrón, som una nació” y “Felipe, Guerra, atacan nuestra tierra”. Un Jordi Pujol, poseído de esa emoción que solo se siente en la llegada a la cima del poder recordaba a la multitud (75.000 según la Guardia Urbana, 300.000, medio millón, qué mas da, según los convocantes) que Cataluña era una nación, era un pueblo y “con un pueblo no se juega. A partir de ahora, cuando alguien hable de ética y de moral, hablaremos nosotros”.
Hasta Pasqual Maragall, su adversario político, hubo de tragarse su célebre tres por ciento
La querella se había presentado contra 25 consejeros o exconsejeros de Banca Catalana, pero eso era solo una apariencia, eso no era la verdad, sino una aplicación subrepticia de la ley de fugas contra una burguesía, una nación, una tierra o, como lo dirá Pujol, “una hábil y poco limpia jugada del Gobierno central contra Cataluña”. Y como la verdad no es un valor que se cotice en la bolsa del poder, Pujol se construyó a sí mismo como protagonista de aquel cuento, que tanto le gustará repetir, del jovencito que cae en manos de una banda de asesinos en el desierto y que recupera su dignidad, su fortaleza interior, cuando se encuentra a sí mismo dentro del hoyo que han cavado para él. Así ha ocurrido con Cataluña, perdida, derrotada, y ahora fuerte, con esa fortaleza que solo procede de la moral y la ética; y así ha ocurrido con él, perseguido, acusado vilmente con el único propósito de destruirlo, y ahora aclamado, fortalecido.
Treinta años después de aquellas emociones, y conocida al fin la verdad del cuento, muchos lloran, otros se indignan y no faltan quienes celebren la caída de un mito. ¿Un mito? No, Pujol no ha sido nunca un mito. Culto, leído, bien dotado para la retórica, dueño de voluntades, Pujol ha sido el fabulador de un gran engaño, el constructor de un gran relato, fuente de legitimación de un poder absoluto que ha resultado ser un poder operando a la manera de clanes y mafias. Hasta su más pertinaz adversario político, Pasqual Maragall, hubo de tragarse su célebre 3% cuando en un arrebato perdió el control de lo indecible en el Parlament de Catalunya. Desde mayo de 1984, todo se confabuló para que el gran relato construido por Jordi Pujol continuara alimentando la política catalana, incluso cuando el emperador emprendió el camino de retirada.
Escribió Gracián en El político don Fernando el Católico que los emperadores romanos “socorrían su cansada vejez con ir introduciendo en césares sus hijos, y, cuando no los hallaban en la naturaleza, los buscaban en la adopción”. Con varios de sus hijos presuntamente dedicados a lubricar el flujo de apropiaciones indebidas y de documentos falsos, Jordi Pujol adoptó como heredero a su leal servidor Artur Mas, que se ha presentado como su hijo político. Pero entre los escombros del gran engaño sobre el que Pujol construyó su imperio y ante la farsa patética de su confesión ¿podrá el heredero mantenerse ni un día más en el poder como un valeroso Trajano tras el sabio Nerva?
Santos Juliá es profesor emérito de la UNED.