Así fue todo aquella noche, de Arturo San Agustín en La Vanguardia
CRÓNICAS PEATONALES
Jordi Pujol Me apuntó, pues, con ese dedo y, en voz alta, me preguntó: “San Agustín, ¿cuándo se jodió lo nuestro?”
No pensaba escribir este artículo. Ni fui periodista súbdito de Jordi Pujol cuando mandaba, ni soy tan cobarde como para dispararle ahora que aparenta estar desarmado. Y, desde luego, tampoco soy tan ofensivamente cínico o idiota como para intentar justificar su conducta regalándole argumentos propagandísticos como la inmolación o la expiación. Eso es insultar a los verdaderos católicos. No, no pensaba escribir sobre Jordi Pujol y menos con estos calores. Pero la publicación de dos artículos en los que se hablaba -en uno de ellos con poca precisión- de lo ocurrido durante una cena en el restaurante La Venta de Barcelona, creo que me obliga a contar lo que sucedió aquella noche. Además, como Jordi Pujol me hizo la pregunta o me provocó públicamente, mi respuesta también es pública.
Fue Lady Marta Ferrusola, inequívoco personaje de Shakespeare, quien, al abandonar la mesa en la que había cenado con su esposo, me descubrió entre los colegas que aquella noche cenábamos en La Venta. “Mira quién está aquí, Jordi”. Y Pujol, que ya había comenzado a actuar para algunos compañeros, se acercó a mí, me miró desafiante y comenzó a manejar el índice de su mano derecha. Me apuntó, pues, con ese dedo y, en voz alta, me preguntó: “San Agustín, ¿cuándo se jodió lo nuestro?” O sea, que utilizó el título de mi libro Cuando se jodió lo nuestro en el que, algunos principales, entre ellos el propio Pujol, hablan de las relaciones entre Cataluña y España.
Jordi Pujol siempre suele utilizar a un periodista súbdito o a un tonto útil para improvisar un monólogo que provoca las risas del público. Porque si algo es Pujol es un monólogo como los que inventó Miguel Gila y copió Joan Capri, pero sin teléfono. Además, Pujol, como Capri, siempre introduce frases en castellano, que aún garantizan más las risas. “San Agustín, ¿cuándo se jodió lo nuestro?”. Es verdad que cuando se dirigió a mí, más de seis veces, preguntando siempre lo mismo, es decir, “San Agustín, ¿cuándo se jodió lo nuestro?”, puse cara de mala leche. Y la puse porque la tengo y porque me negué a hacer el papel de periodista súbdito o de tonto útil, pero también es verdad que le respondí: “Usted sabe cuándo se jodió lo nuestro y así se explica en mi libro”. Pero no lo aceptó: “Yo he leído su libro y en el mismo no se demuestra que lo nuestro se haya jodido”.
Luego, cuando todo el restaurante estaba pendiente de su monólogo, me dijo: “En su libro no quedo demasiado bien. Y ya le dije que la frase ‘avui això no toca’ es la traducción de la inglesa ‘no comment’”. Yo le respondí que no era lo mismo, que su frase era autoritaria. Pujol, siempre actuando, concluyó: “Pero mi frase es más simpática”. Después de aquella cena recibí varias llamadas de la oficina de Jordi Pujol y una carta, pero no pudimos vernos para hablar de “cuando se jodió lo nuestro” -esa era su sugerencia- porque durante las últimas semanas he estado en Roma. Y porque, días después de recibir aquella carta, Pujol hizo confesión pública de algunos de sus actos.
No fui periodista súbdito de Jordi Pujol, que siempre supo que nunca me he fiado de ningún patriota. Y quizá por eso me concedió las entrevistas que le solicité y nunca, porque esa era su costumbre, intentó manipularlas. Ni siquiera me insinuó cómo debía titularlas, porque hasta eso era capaz de hacer y hacía Pujol. Desde luego, yo sabía lo que todos los periodistas sabíamos, pero en periodismo hay que demostrar lo que se dice que se sabe y por eso le concedía el beneficio de la duda sólo en algunos de sus confesados principios; en los cristianos. A mí, pues, no me sorprende el comportamiento de Pujol. Y no me sorprende porque la política es apariencia. Lo que me sorprende e indigna es que algunos colegas, súbditos de Pujol, sigan emperrados en negar la evidencia e incluso se atrevan a insinuar -esa es la última campaña de intoxicación- que su reciente actuación podría tener como objetivo lograr el éxito popular en los próximos 11 de septiembre y 9 de noviembre.
Buena parte de la Catalunya oficial y periodística está gravemente enferma. Porque hasta el cinismo exagerado acaba afectando al cerebro. Y la otra parte o bien está dormida o está muerta. En resumen, aunque usted lo niegue, señor Pujol, estamos jodidos, muy jodidos. Pero usted ha ganado. Alguien, en una televisión, dijo: “Pujol se ha vuelto a sacrificar por Cataluña”. Usted ha ganado, pero, como ya le dije hace años, no pasará a la historia con el traje y la corbata que había imaginado.
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